Hola a tod@s!, ¿que tal llevamos la semana?, espero que muy bien y con muchas energías para terminar con ella...
Bueno, hoy hago esta entrada para poner un poco de orden y exponer ante vosotr@s los asuntos que se están cociendo en el club.
Para empezar (aunque este recordatorio no trata sobre este blog, sino de otro que administro), les informo que ya pueden votar por el mejor relato vampírico que participan en mi concurso/sorteo organizado en "Villa Vampiro".
Aquí os dejo el link de la lista oficial de participantes:
http://villavampiro.blogspot.com/2011/11/cierre-del-concursosorteo-lista-final.html
Al mismo tiempo, también HOY finaliza el plazo de entrega de los relatos navideños para la Antología que tenemos entre manos. Éste plazo se puede llegar a aumentar hasta este Domingo, para aquellas rezagadas que por una razón u otra, no lo han podido terminar a tiempo... pero no se confien, que sólo son 4 días más...
Aprovecho para decirles que ya he recibido 18 relatos de los 42 que seremos, así que... ¡apresúrense!.
Sobre el reto "Tejiendo Un Cuento", he de decir que ahora mismo le toca el turno a Ivonne para continuar con la historia "Hilo Rojo Del Destino". He de pedirle que haga el favor de no demorarse mucho, para que la que le sigue, se pueda poner manos a la obra.
Y ya, por último, les digo a las socias que se apuntaron al reto "Diferentes Versiones De Un Mismo Cuento", que se apresuren también a entregar las partes que le correspondían. Y si, por alguna razón, se echan atrás y no quieren participar, que hagan el favor de avisar para ofrecer sus puestos a otras.
Saludos!!!
miércoles, 30 de noviembre de 2011
RELATO Nº 12 PARA LA ANTOLOGÍA NAVIDEÑA (No Paranormal) by Nadia López
Rojo Carmesí
Inglaterra, 28 de Diciembre del año 1897.
Caminé rápidamente por la húmeda y resbalosa nieve. Salí furtivamente por la puerta trasera, tratando que nadie fuera capaz de verme.
Esto marcaria mi vida...Y la de mi familia.
Me adentré en el bosque: Mestrech. Los árboles cubiertos de hermosa y fría nieve, de invierno. Caminé cuidadosamente, por la nieve resbaladiza, hasta que vislumbré una cabaña.
La luz de la chimenea se encontraba prendida, cuando entré. Pero no lo veía... Me quité mi capa, y la dejé en el sillón marrón, caminé por toda la cabaña....
"¿Dónde está?", pensé.
Entré a la cocina y me preparé té caliente con galletas. Me senté en el sillón enfrente de la calurosa chimenea...Esperando.
Pasaron horas y horas y...Nada.
—Sabía que lo haría. Era demasiado hermoso... —murmuré enojada.
Siempre hacían lo mismo... ¡Hombres!, ¡todos son iguales, mentirosos y sin sentimientos!.
Salí furiosa de la cabaña. Ya no me importaba nada... Con veintitres años, siendo viuda, sin marido y en la bancarrota... Ya la vida no tenía sentido. Para la sociedad era algo sin valor, de ser la más rica de todo Londres pasé a ser, una muchacha viuda y en bancarrota.
Caminé desamparada por el bosque, pateando la nieve y soltando maldiciones, como si la nieve tuviera la culpa de lo sucedido. Así estuve un rato hasta que no me fijé que había una abertura en la nieve y ¡plaf!, me caí.
Me golpé con una piedra y quedé inconsciente.
Sentía dolor... Un dolor intenso.
Con el dolor y todo, me arrastré lo más que pude contra una roca, lo bastante seca como para darme calor. Empecé a titiritar.
—¡Ayuda!, ¡auxilio!... ¡Mujer en apuros! —grité.
Nada... Silencio. Sólo eso, pasaron horas de silencio y frio, hasta que la nieve empezó a caer sin parar encima de mí, no me podía mover, la nieve me cubrió completamente, no podía respirar y mi cabeza daba vueltas, empezaban las nauseas... De pronto, las ramas crujían debajo de la nieve... Alguien venia. Tenía que actuar.
Desesperadamente traté de gritar, pero la nieve cubría mi boca y por más que intenté quitármela no pude... Sólo me salía un débil chillido, para nada me iban a escuchar.
Los galopes de un caballo, castañeaban en el aire, como una melodía dulce para los oídos de cualquiera, se acercaba rápidamente.
El caballo pasó encima de mí y solté un terrible alarido. El caballo se detuvo y su jinete se bajó de él.
—¿Hay alguien ahí? —escuché una voz ronca y poderosa a la vez—. ¿Conteste por favor?.
Grité lo más que pude. El desconocido buscó y escarbó entre la nieve hasta que dio conmigo.
—¿Se encuentra bien? —me preguntó aquel hermoso desconocido mirándome inquietante con unos ojos azules—. ¿Qué hacía allí abajo?.
No soy de aquellas mujeres que se derriten con un rostro lindo... Pero me quedé hipnotizada con aquel hermoso desconocido.
Cabello color negro Azabache, cubierto con fría nieve, unos ojos azules, unos labios carnosos, con un color inexplicable e irresistibles, pómulos altos y firmes, cubierto con ropa fina y calurosa. Era como un príncipe oscuro y perdido en el bosque.
—¿Señorita?, ¿le duele algo? —me preguntó con voz preocupada.
—¿Si me duele?, ¿cómo osa preguntarme eso?. ¡Estoy sangrando! —me salieron las palabras, un poco fuertes.
—Era una pregunta, no se enoje. ¿Qué le sucedió? —preguntó.
—Estaba dando un paseo y mi vestido se atoró contra la nieve, me resbalé y me golpeé con una piedra en la cabeza y quedé inconsciente —le expliqué mientras me quitaba los restos de nieve ya derretida en mi boca.
Él me miró fijamente los labios.
Mis mejillas se cubrieron de un color carmesí y agaché mi cabeza para que no viera mi sonrojo.
—Ejem... Permítame llevarla, a la cabaña del guardabosque... En esta temporada no se encuentra... Para que agarre calor —me propuso.
No tenía nada que perder ¿no?. Solo es un caballero ayudándome y además nadie nos puede ver... Es una urgencia.
—Claro, es lo menos que puede hacer, ya que su caballo pasó por encima de mi, como si fuera un costal —Le contesté poniendo cara enfadada.
—Pues... No es por ofenderla pero pesa como un costal de huesos —me dijo enviándome una sonrisa arrogante cuando me levantó, sin ningún esfuerzo.
¿Estará hecho de acero?. Hummm...Podría ser.
—La verdad si me ofendió, ¿quién se cree usted como para hablarme así?. Y por cierto no le enseñaron que es de mala educación no presentarse a una dama — lo regañé.
—Lo siento bella dama... Me presento a usted: Soy Lord Nikolas Norrintown duque de Stanford —se presentó.
¿Lord?... Y además, ¿Duque?. De ¿Stanford?... ¡Dios mío!, debe ser... Si es él.
Mi alma y mi cara se cayeron de vergüenza.
—Así que usted es el famoso... Duque —murmuré en voz baja.
—Claro soy el mismo, y ¿usted? —me preguntó sonriendo ante mi reacción.
—Je suis Camille Bentancourtun plaisir pouvoir le connaître, Monsieur arrogant —le respondí en un fluido y perfecto francés.
—¿Francesa?. Umm... Adoro a las francesas... ¿Oí decir Arrogante?. Yo nunca me muestro arrogante —me dijo sonriéndome dulcemente.
—Si, por lo que veo, usted nunca es arrogante —murmuré burlándome de él.
—Deja tu sarcasmo, no sirve de nada conmigo... Ya llegamos —afirmó.
¿Llegar?. Lo que ocasiona este hombre... Hace que mis sentidos queden inconscientes, ni me di cuenta que estábamos caminando.
La cabaña... La misma en la que estuve hace unas horas... Seguía tal y como la deje... Sola y caliente.
No pensé que esta fuera la cabaña del guarda-bosques, él me dijo que era de él.
Y al final... No era ni suya ni mía... Otra lección, para mí.
“Nunca confíes en ellos... Su palabra no vale”.
Nikolas me dejó con sumo cuidado en el sofá marrón.
—A ver, muéstrame su pie, es ahí donde el caballo la golpeo... Levántese el vestido —me dijo arrodillándose ante mí.
¿En serio piensa que mostraré mis piernas?, ¿está loco?.
—No... Sería algo indecente, para nada apropiado —le dije con voz inestable.
—Mire, a mi me da igual esas estúpidas reglas sociales, y además no hay nadie quien pueda vernos —me dijo con tono desesperado.
Sí que estaba loco...
—No... Está loco si cree que me dejaré tocar por usted —le dije mirándolo furiosamente.
—Lo siento... Nunca pensé que las manos de un hombre le produjeran tanta repugnancia. ¡Se me olvidada!, usted nunca ha sido tocada por un hombre... —me dijo burlándose de mí.
—¡No se haga el gracioso conmigo!, no estoy lastimada, no hay razón para tanta preocupación. Solo necesito descansar unas horas, y dejar que cese de nevar, para ir a mi casa—le afirmé.
—Por lo que veo... No cesará en un buen rato. Así que le advierto que muestre su herida o lo haré por las malas... Y no le gustara —me advirtió.
—¿Me amenaza?, no le tengo miedo, es incapaz de hacer algo así —le dije, desafiándolo.
Estaba jugando con fuego, lo sabía.
Su cabello increíblemente, negro, revoloteó cuando me miró dignamente.
—No me tiente... Francesilla... Que no tengo tanta paciencia como la que aparento tener —me dijo y se acercó a mí.
Se inclinó hasta que estuvo a mi altura y me miró los labios.
Mi corazón aceleró y todo mi cuerpo empezó a temblar.
—Pero... Aún tenemos mucho tiempo antes que deje de nevar... Propongo que hagamos nuestra propia Navidad... Juntos —me susurró y acercó su rostro al mío.
—Pero si somos unos desconocidos —le susurré.
—Aún mejor... Todo lo que pase esta noche en Navidad y en esta caliente cabaña., se quedará aquí y entre nosotros —me dijo y posó sus labios sobre los míos.
Un terrible escalofrió entró por todo mi cuerpo, pero no era un escalofrió de terror, si no de deseo.
Me agarró la cara, y la acarició profundamente, como si fuera a desaparecer entre sus brazos.
“¡Que locura!. Yo Camille, estoy en Navidad, en una cabaña, con un extraño... ¿Besándome?”.
Y un recuerdo pasó por mi mente, muy lejano, pero aun presente en mí.
“Disfruta de todos los momentos, de las fantasías, de los sueños, de los amores, de los deseos... Porque hay veces que puedes arrepentirte de no a verlo hecho”.
“Disfruta del momento”, pensé una y otra vez.
Lo abracé fuertemente, y lo apreté más contra mí.
—Feliz Navidad, Camille —me susurró al oído.
—Feliz Navidad, Nikolas —le susurré también.
Y con esas simples palabras, nos fundimos de deseo, amor y Navidad.
Inglaterra, 24 de Diciembre del año 1900.
—¿Sabías que en Navidad tus labios se convierten en Rojos Carmesí? —me preguntó mientras caminábamos por la nieve.
—La verdad... No. Eres el único que los ve y los siente —le respondí sonriendo.
—Aún no puedo creer que nos conociéramos de esa forma, tan... ¿Mágica?. Y menos que estemos casados. Nunca creí casarme y menos con alguien tan grosera y terca como tú —me dijo mientras me abrazaba.
—¿Grosera y terca?. Gracias a ello, nos conocimos señor Arrogante —le susurré mientras le daba un pequeño beso.
—Entonces, lo siento bella dama, agradezco que cada uno de tus defectos haya hecho que tú y yo nos conociéramos... Te amo —me susurró.
—Yo te amo más —le dije con voz dulce y me incliné hacía él y nos dimos un apasionante beso. En el bosque Mestrech, con la nieve cayendo sobre nosotros.
Porque aún con nuestros años de casados, aún nos seguimos amando y queriendo de la misma forma como cuando nos conocimos, por que el tiempo nunca desvanece el deseo y menos el amor.
Traducción de: Je suis Camille Bentancourtun plaisir pouvoir le connaître, Monsieur arrogant (Soy Camille Bentancourt un placer poder conocerlo, Señor arrogante).
RELATO Nº11 PARA LA ANTOLOGÍA NAVIDEÑA (Paranormal) By Susan
No ha sido un sueño
Navidad, finalmente era víspera de navidad.
Junto con la nieve lo recuerdos caen sobre mi sin dar tregua; lentos y precisos, delicados y fuertes, despacio… Como si así le quitara la pena que cargan.
Solo puedo mirarla fijamente, apreciando su natural belleza, sin todavía creer que faltan pocas horas para que ella desaparezca. Tampoco puedo creer que ella ha muerto dos días antes y que, ahora, esta frente a mí.
—¿En qué piensas? —me pregunta enlazando su mano con la mía; siento su tacto, su calidez, siento su piel y siento todas esas cosas extrañas que me recorren cuando me toca.
—En ti —respondo automáticamente, entonces sonrío—. ¿Acaso lo dudabas?.
—No. Solo quería estar segura.
Sus mejillas están ligeramente sonrosadas por el frío, su cabello cae corto por sus hombros y sus ojos marrones me recorren, me está estudiando, hace eso cada vez que cree que miento.
—No quiero que desaparezcas, no quiero —confieso mordiendo mi labio inferior—. Aún no puedo hacerme la idea de vivir sin ti. No puedo, ¿acaso no me entiendes?.
Mi voz se ha quebrado y se me ha hecho un nudo en la garganta al asomarse las solitarias lágrimas en mis ojos, no quiero llorar. No voy a llorar, no mientras ella este aquí conmigo, aun no la he perdido del todo.
—No puedo hacer nada más, no más de lo que puedo hacer ahora y sabes que no es mucho —se lamenta regalándome una sonrisa triste. Se recuesta al banco cubierto de nieve en el que estamos sentados frente al gigantesco árbol de navidad en el centro del pueblo, pero nadie puede identificarla a ella… Me ven a mí, un chico abatido que perdió a su novia en un terrible accidente dos días antes de la víspera de navidad que, ya no parece tan dolido por su muerte puesto que ven a una chica sentada conmigo muy cariñosamente. Pero ellos no pueden saber que es mi chica, la que falleció días antes porque la ven completamente diferente físicamente, todos, menos yo, la veo así.
—¿Cuál es tu misión?, ¿qué tienes que hacer aquí en la tierra para haberte convertido en un espíritu inquieto? —pregunto curioso, acercándome más… Necesito sentir el calor que desprende su cuerpo, no voy a poder vivir sin él… No voy a poder vivir sin ella, no me creo capaz de sobrevivir, ella es mi todo y si mi todo ha muerto, mi mundo, mi corazón, mi esperanza, también murieron.
—Hacerte feliz, esa es mi misión.
—No puedes hacerme feliz cuando tú ya no estés aquí —digo indignado. ¿Ser feliz después de que ella se haya ido?, es realmente imposible—. ¿Por qué no lo entiendes, Viviana?.
—Tú eres el que debería empezar a entender, Alec —responde ella cogiéndome de las manos con fuerza en un gesto con el que trata de infundirme valor—. Me han dado una oportunidad… Te he podido ver de nuevo, te he sentido de nuevo y ese ha sido el mejor regalo que allá arriba pudieron darme… Eres mi regalo de navidad.
—¿Regalo de navidad?, ¡pero si dentro de poco desaparecerás!.
—No sin antes hacerte feliz.
—Han pasado muchas cosas, hace tres días estabas junto a mi comprando los presentes para toda la familia, doce horas después te deslizaste por una colina por culpa de la nieve, apareciste esta mañana en mi habitación diciéndome que poseías el alma de un espíritu inquieto y que no podías estar en paz, ahora estas sentada frente a mi diciéndome que tu misión es hacerme feliz, pero aun no comprendes que si tu no estas no seré nada, y yo no quiero ser nada.
—¿No te alegras de volver a verme? —preguntó ella y empezó a poner distancia entre los dos.
—¡SI!, ¡DESDE LUEGO QUE SI! —repondo rápidamente pescándola por el codo para luego envolverla en un abrazo e impedirle apartarse—, solo que unas horas no es suficiente.
—Pero ahora te estoy haciendo feliz, Alec. Eso es lo que cuenta. No quería arruinar tu navidad, no quería herirte, no quería hacerte daño —levanta la vista y me mira, lo hace como la primera vez que me le acerque en el campus y me había preguntado porque yo me había tardado tanto tiempo en hablarle, como si reprochara algo pero no estaba del todo segura de tener derecho a hacerlo—, pero… ¡Vamos! ,¿no has notado lo mágico que ha sido el día de hoy?, ¿no has visto a las familias reunidas?, ¿has pillado las sonrisas de los niños al jugar con la nieve?. Hoy es un día de esperanza, no quiero que la pierdas por mí.
—Entonces mi esperanza serás tú y el que vuelvas para quedarte conmigo siempre.
—Nunca ha sido lo tuyo conformarte…
—¡Ni lo tuyo tampoco! —acuso—. ¿Por qué no buscas una manera de permanecer junto a mí, Viviana?. ¿Habrá algo que yo pueda hacer para evitar que te desvanezcas al acabar la noche, cuando ya sea el otro día?.
La abrazo con más fuerza, no quiero perderla. Hay tantas cosas que no quiero y que parecen inevitables, en especial ella, la quiero a ella para toda la vida.
—Yo ya estoy muy feliz por volver a tocarte y sentirte por unos momentos, es por eso que me conformo, porque cuando desperté en ese enorme vacío me sentí muy sola, mis pulmones te llamaron a gritos pero tú no aparecías… Entonces te vi llorando en el cementerio, te hablé pero no pudiste escucharme. Te toqué pero no me sentiste, yo tampoco lo hice. Fue horrible… Era como tenerte y al mismo tiempo tener un muro invisible gigantesco entre los dos… Pensé que me quedaría todo el tiempo que durara como lo que soy ahora viéndote sufrir, haciendo tu vida un asco… Entonces deseé hacerte feliz, aunque sea por unas horas. Y ellos, los ángeles del purgatorio, me concedieron mi deseo y me dijeron que lo tomara como un regalo por la víspera.
Siento una humedad en mi mejilla, estoy llorando pausadamente, asimilando sus palabras… Regalándome unos segundos para saborear el párrafo dicho y debatir que situación era peor, la de ella o la mía.
No sé qué decir, me quedo en silencio, únicamente recordando todos nuestros momentos juntos… Cómo me había enamorado, cómo le había declarado mi amor, cómo habíamos reído hasta quedarnos sin aliento…
Recordando las cosas buenas empiezo a sentir paz.
—“Resulta que no eres la chica ideal para nadie —empiezo a susurrarle en el oído, recordando cada palabra de las que una vez dije—, porque eres solo mía. Nadie podrá tenerte aparte de mí, me gustas como eres, sé absolutamente todos tus gustos, he aprendido a mantenerte en el mismo lugar más de dos minutos, se cómo lograr que no te amargues y entres en tu faceta de “Que se jodan todos, me da igual” —trago saliva intentando recomponerme y seguir con el hilo de mis recuerdos—, Eres imperfecta e impredecible… Eres imperfecta como todos los demás lo somos, pero eres perfecta para mí.
—¿Cómo puedes acordarte de eso? —pregunta alejándose un poco de mis brazos para verme bien a la cara, está sonriendo… Cuando ella sonríe me llena una tranquilidad plena—, fue hace tanto tiempo.
Su suspiro me hace reír, fue un sonido fluido y que en tan poco tiempo había olvidado que podía emitirlo… Había olvidado cómo relajar el rostro y cómo reír.
—¿Recuerdas el día en que me perseguiste por la playa para que te diera la rosa blanca que llevaba en mis manos? —pregunto sonriendo, ella asintió.
—Claro que sí, me chantajeaste para que pudieras dármela —me acusa entrecerrando los ojos.
—Sólo te dije que por una rosa blanca debías hacer lo que sea, y que yo… —me detengo, la miró fijamente y empiezo a decir las palabras que voy recordando haber dicho aquel día— “Por una rosa blanca… Lo daría todo. Por una rosa blanca, te amaría hoy y siempre. Por una rosa blanca le gritaría al mundo que eres mi vida y mi perdición. Por una rosa blanca, te perseguiría a donde quiera que vayas… Por una rosa blanca, encadenaría mi vida a la tuya. Por una rosa blanca, Viviana, te diría mil y un veces que soy tuyo, únicamente tuyo, para toda la eternidad”.
—Pura y sencilla como una rosa blanca —dice lo que yo le había contado acerca de por qué creía que una rosa blanca era su representación perfecta.
—“Recuerda, por una rosa blanca, condenaría mi existencia a velar por tus pasos… Por tu tacto… Por tus brazos, por tus labios. Recuérdalo, solo por una rosa blanca” —concluyo. Empiezo a inhalar y exhalar por lo bajo, la temperatura ha aumentado, ya no podemos permanecer un minuto más aquí afuera.
—Vamos adentro —me levanto de golpe, Viviana me imita pero sus movimientos son más lentos y ahora frunce el ceño.
—¿Qué pasa? —pregunto al notar que algo empieza a preocuparla.
—Recuerda que ellos me ven como otra chica… Van a tomarte por idiota…
—No me juzgaran. Estoy seguro de eso –digo para tranquilizarla.
Empezamos a caminar cogidos de las manos, mi casa está a menos de una cuadra entera de donde estábamos. El frío viento azota sus cabellos y los hace revolotear alrededor de su cara, me entretengo mirándola y por eso tropiezo, y ella se ríe de mí.
Dos minutos más y ya hemos llegado, abro la puerta de un tirón y encuentro a toda mi familia reunida en el comedor.
—¿Por qué tardaste tanto? —pregunta mi mamá, luego se fija en la chica junto a mi… Me pregunto qué aspecto tendrá ella para ellos.
—Estaba ocupado.
Todas las miradas caen sobre nosotros dos pero no es por mucho tiempo, se apresuran a saludar y presentarse a mi compañera… La acogen inmediatamente, eso me deja indignado.
¿Cómo podían olvidar lo que había ocurrido no hace mucho?, ¿lo olvidaron?. ¡Mi novia había muerto hace dos días y ellos ya aceptaban a otra!.
Estoy consciente de que es Viviana la que está junto a mí, pero no puedo evitar pensar de que si no fuera ella —aunque ellos no saben que es ella—, la hubieran aceptado así nada más… Sin pensar en todo lo sucedido.
Toda mi familia vuelve a juntarse para empezar a servir la cena, pero yo subo a mi cuarto con Viviana pisándome los talones
—No puedo creer cuán descarada podría llegar a ser mi familia —digo una vez ya dentro de la habitación de paredes verdes.
—No los culpes —me advierte. Se sienta en mi cama y dobla las rodillas, palmea el lugar junto a ella para que tome asiento.
—¿No te dolió eso a ti? —pregunto confuso, de seguro fue más difícil para ella.
—No. Tú familia me quiere… Pero ellos no han perdido la esperanza, Alec. Ellos te quieren a ti y no quieren que te eches a morir, ellos te aceptaran en las buenas y en las malas… Eso es esperanza, creen que serás feliz y que serás capaz de superar esto. Yo también lo creo.
Busca el cobijo de mis brazos y yo la ciño a mi cuerpo, no pretendo dejarla ir. Si la dejo ir, estoy dejando mi alma ir… Y un ser humano no puede vivir sin alma, o quizás solo termine siendo un espíritu inquieto con alguna cosa que cumplir, vagando por la tierra en su busca… Y ahí, no seré feliz, mi cuerpo albergará desdicha y a ella no la vería más.
Duramos mucho rato abrazados, no sé cuánto tiempo exactamente hasta que se separó de mi titubeante.
—Tengo que irme —dice mirando hacia arriba, las lágrimas empiezan a descender por su mejilla. Las mías también empiezan a caer.
—No te vayas —suplico, la sostengo fuertemente en mis brazos. No voy a soltarla.
—No puedes hacer nada, Alec… Déjame ir.
—¡YO NO VOY A DEJAR IR A MI VIDA! —grito desesperadamente.
—No lo hagas más difícil… Alec, te amé, te amo y te amaré por siempre. Eso será así todo el tiempo, este o no este aquí contigo…
Sus ojos se cerraron suavemente, aprovecho ese instante y junto mis labios con los suyos, en un roce inocente y puro, sin malicia, sin tiempo, sin ningún límite entre los dos.
En ese momento, por unos segundos; he sido feliz.
Y ella ha desaparecido, se ha esfumado de entre mis brazos… Dejándome marcado con el olor de su piel.
Mi respiración esta acelerada, me despierto de golpe y me siento en la cama… Siento un escalofrío que me recorre todo el cuerpo. Ahora estoy jadeando… No puedo creerlo, sí que no puedo hacerlo. Todo fue un sueño, un sueño de muy mal gusto…
—Buenos días, dormilón —me giro inmediatamente hasta dar con la voz tan dulcemente familiar —. Tu mamá me ha dejado subir a despertarte, pero ya lo has hecho por ti solo. Vine a avisarte que iría a recoger los presentes que dejamos en la tienda ayer, ¿recuerdas? La carretera está un poco resbalosa… Pero no será problema, ya he ido a…
—¡NO! —grito instantáneamente, me levanto de un salto y corro hasta ella.
Estoy acelerado, todo ha sido un sueño muy real, una muy mala pasada, no la dejaría ir. Ni ahora, ni nunca.
—¿Te pasa algo? —pregunta confundida, se acerca más y me abraza por la cintura.
—Quédate conmigo, Viviana. Quédate conmigo hoy y siempre… No te vayas —no puedo evitar lagrimear lentamente en su hombro aspirando su olor.
—No ha pasado nada, tranquilo Alec, me quedaré hoy contigo si te hace sentir mejor –responde mirándome dulcemente.
Alzo la vista y en el vidrio empañado de la ventana, encuentro un texto escrito;
“Es tu amor por esta chica lo que nos hizo obsequiarte esto. Tienes el privilegio de saber que tienes algo realmente grande como para perderlo… Cuídala, no damos muchas oportunidades… Recuerda lo que tengas que recordar y lo demás déjalo ir. Nunca pierdas la esperanza y, mucho menos en navidad.
—Claro que sí, me chantajeaste para que pudieras dármela —me acusa entrecerrando los ojos.
—Sólo te dije que por una rosa blanca debías hacer lo que sea, y que yo… —me detengo, la miró fijamente y empiezo a decir las palabras que voy recordando haber dicho aquel día— “Por una rosa blanca… Lo daría todo. Por una rosa blanca, te amaría hoy y siempre. Por una rosa blanca le gritaría al mundo que eres mi vida y mi perdición. Por una rosa blanca, te perseguiría a donde quiera que vayas… Por una rosa blanca, encadenaría mi vida a la tuya. Por una rosa blanca, Viviana, te diría mil y un veces que soy tuyo, únicamente tuyo, para toda la eternidad”.
—Pura y sencilla como una rosa blanca —dice lo que yo le había contado acerca de por qué creía que una rosa blanca era su representación perfecta.
—“Recuerda, por una rosa blanca, condenaría mi existencia a velar por tus pasos… Por tu tacto… Por tus brazos, por tus labios. Recuérdalo, solo por una rosa blanca” —concluyo. Empiezo a inhalar y exhalar por lo bajo, la temperatura ha aumentado, ya no podemos permanecer un minuto más aquí afuera.
—Vamos adentro —me levanto de golpe, Viviana me imita pero sus movimientos son más lentos y ahora frunce el ceño.
—¿Qué pasa? —pregunto al notar que algo empieza a preocuparla.
—Recuerda que ellos me ven como otra chica… Van a tomarte por idiota…
—No me juzgaran. Estoy seguro de eso –digo para tranquilizarla.
Empezamos a caminar cogidos de las manos, mi casa está a menos de una cuadra entera de donde estábamos. El frío viento azota sus cabellos y los hace revolotear alrededor de su cara, me entretengo mirándola y por eso tropiezo, y ella se ríe de mí.
Dos minutos más y ya hemos llegado, abro la puerta de un tirón y encuentro a toda mi familia reunida en el comedor.
—¿Por qué tardaste tanto? —pregunta mi mamá, luego se fija en la chica junto a mi… Me pregunto qué aspecto tendrá ella para ellos.
—Estaba ocupado.
Todas las miradas caen sobre nosotros dos pero no es por mucho tiempo, se apresuran a saludar y presentarse a mi compañera… La acogen inmediatamente, eso me deja indignado.
¿Cómo podían olvidar lo que había ocurrido no hace mucho?, ¿lo olvidaron?. ¡Mi novia había muerto hace dos días y ellos ya aceptaban a otra!.
Estoy consciente de que es Viviana la que está junto a mí, pero no puedo evitar pensar de que si no fuera ella —aunque ellos no saben que es ella—, la hubieran aceptado así nada más… Sin pensar en todo lo sucedido.
Toda mi familia vuelve a juntarse para empezar a servir la cena, pero yo subo a mi cuarto con Viviana pisándome los talones
—No puedo creer cuán descarada podría llegar a ser mi familia —digo una vez ya dentro de la habitación de paredes verdes.
—No los culpes —me advierte. Se sienta en mi cama y dobla las rodillas, palmea el lugar junto a ella para que tome asiento.
—¿No te dolió eso a ti? —pregunto confuso, de seguro fue más difícil para ella.
—No. Tú familia me quiere… Pero ellos no han perdido la esperanza, Alec. Ellos te quieren a ti y no quieren que te eches a morir, ellos te aceptaran en las buenas y en las malas… Eso es esperanza, creen que serás feliz y que serás capaz de superar esto. Yo también lo creo.
Busca el cobijo de mis brazos y yo la ciño a mi cuerpo, no pretendo dejarla ir. Si la dejo ir, estoy dejando mi alma ir… Y un ser humano no puede vivir sin alma, o quizás solo termine siendo un espíritu inquieto con alguna cosa que cumplir, vagando por la tierra en su busca… Y ahí, no seré feliz, mi cuerpo albergará desdicha y a ella no la vería más.
Duramos mucho rato abrazados, no sé cuánto tiempo exactamente hasta que se separó de mi titubeante.
—Tengo que irme —dice mirando hacia arriba, las lágrimas empiezan a descender por su mejilla. Las mías también empiezan a caer.
—No te vayas —suplico, la sostengo fuertemente en mis brazos. No voy a soltarla.
—No puedes hacer nada, Alec… Déjame ir.
—¡YO NO VOY A DEJAR IR A MI VIDA! —grito desesperadamente.
—No lo hagas más difícil… Alec, te amé, te amo y te amaré por siempre. Eso será así todo el tiempo, este o no este aquí contigo…
Sus ojos se cerraron suavemente, aprovecho ese instante y junto mis labios con los suyos, en un roce inocente y puro, sin malicia, sin tiempo, sin ningún límite entre los dos.
En ese momento, por unos segundos; he sido feliz.
Y ella ha desaparecido, se ha esfumado de entre mis brazos… Dejándome marcado con el olor de su piel.
Mi respiración esta acelerada, me despierto de golpe y me siento en la cama… Siento un escalofrío que me recorre todo el cuerpo. Ahora estoy jadeando… No puedo creerlo, sí que no puedo hacerlo. Todo fue un sueño, un sueño de muy mal gusto…
—Buenos días, dormilón —me giro inmediatamente hasta dar con la voz tan dulcemente familiar —. Tu mamá me ha dejado subir a despertarte, pero ya lo has hecho por ti solo. Vine a avisarte que iría a recoger los presentes que dejamos en la tienda ayer, ¿recuerdas? La carretera está un poco resbalosa… Pero no será problema, ya he ido a…
—¡NO! —grito instantáneamente, me levanto de un salto y corro hasta ella.
Estoy acelerado, todo ha sido un sueño muy real, una muy mala pasada, no la dejaría ir. Ni ahora, ni nunca.
—¿Te pasa algo? —pregunta confundida, se acerca más y me abraza por la cintura.
—Quédate conmigo, Viviana. Quédate conmigo hoy y siempre… No te vayas —no puedo evitar lagrimear lentamente en su hombro aspirando su olor.
—No ha pasado nada, tranquilo Alec, me quedaré hoy contigo si te hace sentir mejor –responde mirándome dulcemente.
Alzo la vista y en el vidrio empañado de la ventana, encuentro un texto escrito;
“Es tu amor por esta chica lo que nos hizo obsequiarte esto. Tienes el privilegio de saber que tienes algo realmente grande como para perderlo… Cuídala, no damos muchas oportunidades… Recuerda lo que tengas que recordar y lo demás déjalo ir. Nunca pierdas la esperanza y, mucho menos en navidad.
¡FELIZ NAVIDAD!
El purgatorio.”
Tres parpadeos después y en el vidrio no hay nada. Me ataca un flashback y recuerdo las compras navideñas, la muerte de Viviana, mi sufrimiento, recuerdo cuando estuvimos frente al árbol…
Luego recuerdo cómo se retrocedieron tres días.
No ha sido un sueño.
Luego recuerdo cómo se retrocedieron tres días.
No ha sido un sueño.
martes, 29 de noviembre de 2011
A MIS NIÑAS "VAMPIRESA", "INMASONRISADECARAMELO" Y VALERY LES DESEO...
¡¡¡... Y que cumplan muchos más!!!
Un besito para las tres y mis mejores deseos para este gran día, MUAK!!!
APOYO PARA NUEV@S ESCRITORES/AS
Hola a tod@s!, esta interesante noticia la conocí gracias a Mari Del Carmen, del blog "Libros Sin Tinta". Ella recibió este correo hace algunos días por parte de una compañera bloggera suya que muchos de ustedes ya conocerán por su excelente trabajo en la red. Esta vez lo hizo para compartir con ella una gran noticia, un nuevo proyecto que acaba de iniciar con la colaboración de otras tantas personas dedicadas al arte de escribir. Les dejo el email tal como lo recibió y que ella misma publicó en su blog:
"Mi nombre es Tassi y formo parte de Ediciones Frutilla, un proyecto bastante reciente pero con buena difusión.
Ediciones Frutilla se creó hace dos meses y medio en el foro Dark Guardians, y ya tiene dos proyectos finalizados y más de 50 descargas.
Nuestra editorial, se ocupa principalmente de buscar entre los fics de diferentes foros, las historias de mejor trama, o a los chicos que escriben mejor pero les hace falta un empujoncito con la trama. Estas serian las principales, aunque también deberíamos agregar a las que sabemos que van a surtir buen efecto en los lectores y nos dan la oportunidad de producirle las historias. También tenemos un porcentaje muy alto de escritores que se contactan con nosotros a ediciones.frutilla@gmail.com y nos envían sus escritos. De ahí nosotras vamos viendo cómo podemos ayudarlos, pero básicamente nuestro trabajo es ayudar y empujar a los escritores jóvenes a que sigan escribiendo y mejoren su nivel ortográfico, sintáctico y de escritura en general.
Tomamos un máximo de 6 proyectos a la vez, asesorando a la escritora o al escritor y brindándoles nuestros conocimientos para ayudarlos a crear historias interesantes y originales. También los aconsejamos y ayudamos en todo lo que abarcan las reglas de la escritura, las ortográficas, semántica, coherencia y cohesión.
El resultado general de nuestro trabajo es un PDF final, con gráficos y portada hechas por nuestra diseñadora y la distribución de este PDF en todos los blogs posibles, como libro finalizado y de distribución gratuita protegido contra copia.
Que digo cuando digo Nosotras?
Lia Belikov, creadora del primer fic con el que trabajamos y asesora principal en lo que a tramas e ideas se refiere. Su trabajo es muy importante, ya que muchas veces los escritores jóvenes pierden el hilo de la trama y necesitan una ayudita.
Caliope Cullen, correctora general. Al igual que Lia Belikov, también Caliope asesora a las escritoras y las ayuda a no perderse en la historia.
ASD, correctora de ortografía, asesora principal de corrección.
Clyo, es nuestra diseñadora estrella. Ella se encarga de crear la portada y el diseño del PDF. Normalmente Clyo habla muchísimo con cada escritor porque es importante que la portada refleje exactamente lo que el escritor quiso exponer en el libro.
Anvi15 es nuestra correctora S.O.S., principalmente nos ayuda cuando estamos en serios problemas de tiempo!
Y por ultimo yo, Fangtasiia, también conocida como la chica frutillera xD! Mi trabajo es más general, corrijo junto con la asesora de corrección y trabajo mucho con Lia, intentando que el creador de la historia sea lo más fiel posible a sus deseos sin dejar de ser original y espontanea/o. También opino mucho sobre los avances de la portada y soy la que más tiene contacto con los escritores, intentando entender y ayudar todo lo que pueda.
Como somos un proyecto nuevo, necesitamos toda la ayuda que podamos recibir de los blogs y foros, ya que nosotras creamos el PDF pero la difusión y publicidad es más un boca a boca de los blogs que otra cosa.
Por eso, si tienes un blog o eres parte activa de un foro y te gustaría publicar nuestras ediciones comunícate con nosotros a ediciones.frutilla@gmail.com o búscanos en la sección de Fics del Foro Dark Guardians! Dentro de poco tendremos tema en el Foro Purple Rose también, así que estén atentos!
Sigan leyendo, que no hay cosa mejor que disfrutar de un buen libro y sigan escribiendo, que no hay sensación más placentera que la de mostrarle al mundo lo que uno hace!
Besos Frutilleros!
Tassi.
Directora y Editora de Ediciones Frutilla."
Espero que les hayan parecido interesante al igual que a mi. Saludos!!!
RELATO Nº 10 PARA LA ANTOLOGÍA NAVIDEÑA (Paranormal) by Kelly Dreams
Angel´s Christmas
Eve llegaba tarde a la cena de Noche buena, los limpia parabrisas movían los diminutos copos de nieve que caían sobre el coche, había empezado como una tenue llovizna al salir de la autopista terminando por convertirse en la tempestad de nieve que caía ahora mismo dificultando la visibilidad.
No era como si nunca antes hubiese hecho aquel recorrido, desde la muerte de sus padres en un accidente de tren varios años atrás, Mikaela era lo único que le quedaba. Ella la había acompañado durante aquellos duros momentos, habiendo estudiado en el mismo instituto y después en la universidad se habían convertido en algo más que amigas, casi hermanas, vivieron durante casi cuatro años compartiendo piso hasta que Mikaela se casó con Trevor, un adorable y simpático abogado que la trataba como una reina. Se había convertido casi en tradición que pasasen las navidades los tres juntos, como una familia.
La radio hacía ya un kilómetro que se había convertido en estática intermitente, no era algo nuevo en aquel tramo del norteño pueblo. La señal iba y venía, incluso la telefonía móvil carecía de cobertura hasta superar la siguiente colina.
Un par de quilómetros más y encontraría la gasolinera desde la cual podría acceder al ramal de la izquierda que la conduciría directamente a la casa de campo que Mikaela y su marido habían adquirido hacía algo más de un año. Había sido una ganga según su amiga, aunque en opinión de Eve estaba demasiado lejos de la civilización.
—Maldita sea —murmuró Eve aguzando la vista, sus manos aferradas al volante mientras intentaba ver el camino más allá del haz de luz que emitían las luces del coche y que a duras penas atravesaban la nieve—. Tendría que haberle hecho caso y salir por la mañana, al menos vería por donde voy.
La mañana había amanecido clara y despejada, un día perfecto para coger el coche y salir a la carretera, o al menos había sido así hasta el medio día.
—El Land Rover que había alquilado en el aeropuerto lo había conducido anteriormente, la mujer de la agencia incluso la había reconocido, había sido ella la que le había mencionado que el tiempo empeoraría.
—Vamos, la gasolinera tendría que estar ya a la vista —masculló intentando ver algo a través de la capa de nieve—, dónde demonios… Oh… mierda… ¡Joder!.
Eve pisó el freno con fuerza cuando las luces del coche se cruzaron con una sombra, la dirección empezó a girar sola mientras luchaba por sostener el volante, girándolo en sentido contrario, las ruedas derrapaban sobre el resbaladizo suelo, y ahí estaba de nuevo, una nueva sombra, la silueta de alguien o algo cruzándose en su camino un instante antes de que se sintiera lanzada hacia delante, retenida en el último momento por el cinturón de seguridad. El sonido del golpe resonó en sus oídos mientras la cabeza le explotaba de dolor dejándola desorientada y dolorida durante un breve instante.
—Mierda, joder… —masculló llevándose la mano a la dolorida cabeza, sus dedos tocaron algo húmedo a la altura de la sien, un vistazo a la mancha rojiza en sus yemas la obligó a hacer una nueva mueca—. Oh, fantástico, simplemente fantástico.
El ronroneo del motor llamó su atención obligándola a girar la llave para apagarlo, moviéndose despacio, desprendió el cinto de seguridad y gimió al sentir un ligero mareo. Maldiciendo en voz baja, se estiró hacia la puerta, sus dedos acariciaron la manilla de la puerta pero antes de que pudiese abrirla, una potente luz atravesó el cristal de la ventanilla cegándola momentáneamente mientras la puerta se abría desde fuera.
—¿Estás bien?.
El sonido de aquella extraña voz masculina penetró a través de la cegadora luz, Eve alzó la mano para escudarse el rostro.
—Podría estar mejor si apartases esa luz de mi cara.
Tan pronto pronunció aquellas palabras, la intensidad de la luz disminuyó hasta que pudo verle. Unos profundos y brillantes ojos azules se destacaban en un rostro anguloso y masculino, las barbudas mejillas acariciadas por los rebeldes mechones de pelo negro que apartó de su camino con un golpe de sus dedos.
—¿Te encuentras bien?.
Eve descendió la mirada por la enorme figura masculina, una mano grande y callosa se extendió hacia ella acariciándole la herida en la frente, estremeciéndola.
—Estaría mejor si no me doliese tanto la cabeza —murmuró apartándose de la suave caricia masculina, sus ojos marrones volaron más allá del hombre, donde la nieve parecía haber dejado de caer—. Me ha parecido ver a alguien, entonces el coche se me fue… ¿hay alguien herido?.
El hombre frente a ella negó lentamente con la cabeza y dio un paso atrás.
—No —respondió con esa misteriosa y profunda voz—. Temo que la única que ha salido herida has sido tú, he visto tu coche saliéndose de la carretera antes de chocar contra el árbol.
—¿He chocado contra un árbol?. Oh, estupendo, a los del seguro les va a encantar —musitó con un profundo suspiro agarrándose del borde de la puerta para salir del coche. Su equilibrio sufrió un ligero revés cuando se incorporó y de no ser por los rápidos reflejos del hombre, habría terminado en el suelo.
—Cuidado.
Wow. Eso si eran reflejos, pensó ella posando la mano sobre el brazo masculino, estremeciéndose al sentir lo frío que estaba. Eve reparó entonces en que el hombre no llevaba más ropa de abrigo que una delgada cazadora de cuero, un jersey y pantalones vaqueros.
—Gracias —murmuró en voz baja, incapaz de apartar la mirada del hombre—. Yo… gracias.
Él se limitó a sonreír y la ayudó a alejarse un par de pasos del coche, la nieve parecía haber elegido aquel momento para dejar de caer, el cielo estaba oscurecido pero ya no nevaba.
—Deberías abrigarte, ha dejado de nevar pero la temperatura es baja.
Ella parpadeó un par de veces y se volvió hacia el coche, su bolso y chaqueta estaban en el asiento trasero.
—Sí, creo que una neumonía es lo último que necesito ahora mismo —aseguró volviéndose al coche para recuperar su chaqueta y el bolso. Tal como había esperado, el móvil no tenía cobertura—. Demonios, no hay cobertura.
—Tienes una gasolinera a unos dos kilómetros.
Eve se giró y siguió la dirección en la que él estaba mirando, a lo lejos ya podía verse ahora unas opacas luces.
—Sabía que estaba cerca —suspiró echándole un vistazo al coche, viéndolo de cerca, empotrado contra el árbol, se le encogía el estómago—. Oh, sí, los del seguro van a flipar.
Suspirando, deslizó la mirada alrededor, frunciendo el ceño cuando no encontró ningún otro vehículo.
—Vivo aquí cerca.
Eve se giró de nuevo hacia el hombre, quien había respondido a la pregunta que todavía estaba fraguándose en su interior.
—Me gustan las noches nevadas, especialmente en navidad —continuó con amabilidad.
—Sí, vaya una noche para tener un accidente, ¿verdad? —respondió intentando quitarle hierro al asunto—. Soy Eve, por cierto.
Ella le tendió la mano.
—Cael —respondió tomando su mano en un rápido saludo—. Estas carreteras son traicioneras, no eres la primera que acaba empotrándose contra un árbol… ni tampoco serás la última.
Ella se sonrojó un poco.
—No sé si alegrarme por ello o no.
Cael se limitó a señalar el camino.
—Te acompañaré hasta la gasolinera para que puedas dar parte del accidente y ponerte en contacto con los tuyos.
Ella se lo quedó mirando durante un largo instante, entonces suspiró y sacudió la cabeza.
—Esto es sin duda la cosa más rara que me ha pasado en toda la vida —se rió ella para luego llevarse la mano a la frente con un gesto de dolor—. Nota personal, no reírse. Duele.
Ahora fue el turno de Cael de reírse lo cual atrajo la atención femenina.
—Estarás bien, Eve —le dijo, pronunciando su nombre por primera vez—. Te sentirás mucho mejor cuando te reúnas con tu amiga y celebréis la navidad en familia.
Ella no dijo nada, no estaba segura de qué podía decir al respecto, en cambio cerró las puertas del coche y señaló la carretera.
—¿Nos vamos?.
Cael asintió y la instó a empezar la caminata.
Treinta minutos después y congelada hasta los huesos, Eve suspiró de alivio al ver las luces de la pequeña tienda de la gasolinera.
—¡Por fin! —gimió apresurando el paso hacia la iluminada tienda—. Lo primero que voy a hacer será tomarme un café con leche calentito, después llamaré a Mikaela y si tengo suerte, intentaré que el servicio de asistencia en carretera recoja el coche… Sí, muy optimista de mi parte, ¿huh?.
Eve se giró sólo para ver que su silencioso acompañante se había quedado al borde de la carretera.
—¿Cael?.
Él se limitó a sonreírle.
—Ten una feliz navidad, Eve.
Frunciendo el ceño, Eve abrió la boca para preguntarle qué ocurría sólo para terminar boqueando como un pez cuando el hombre dio media vuelta y desapareció mientras se alejaba por la carretera.
Aquella noche, con una tirita en la frente, el coche remolcado por la grúa y los regalos de navidad colocados bajo el árbol, Eve relató lo ocurrido a su amiga Mikaela quien escuchó en silencio cada palabra hasta el final.
—Empiezo a preguntarme si no tendré una conmoción cerebral, es la única forma en la que puedo… explicarme… eso.
Su amiga, sonriente la abrazó.
—Ay, Eve, no tienes ninguna conmoción cerebral, el médico aseguró que tienes la cabeza más dura que una roca.
Ella hizo un mohín.
—Déjalo, Mikaela, es más sencillo pensar que tengo una conmoción cerebral a que he caminado durante casi dos quilómetros con un fantasma.
Su amiga sonrió.
—Eres una persona afortunada, mi querida Eve, no fue un fantasma el que te guió hasta la gasolinera, el que te protegió después del accidente, ha sido tu regalo de navidad —le aseguró con cariño—. Si no un ángel…
—¿Un ángel? —repitió con absoluta ironía.
Ella asintió con una sonrisa.
—Cuando caen las primeras nieves, los ángeles bajan a la tierra y tiñen estas colinas de calidez y bondad —explicó, relatando de memoria aquello que le habían narrado—, los más ancianos del lugar hablan de un hombre solitario que recorre la carretera en las noches de navidad, ayudando a aquellos que están en problemas. Algunos lo han llamado fantasma, pero las plumas que han aparecido a la mañana siguiente en el lugar dónde ese ser ha aparecido, ha hecho que la gente empiece a llamarle ángel… el ángel de la Navidad.
Eve frunció el ceño.
—Fantasma, ángel… —ella negó con la cabeza—, prefiero mi conmoción cerebral, Mikaela.
Riendo, su amiga le revolvió el pelo y la empujó hacia la habitación en la que aquella noche dormiría Eve.
—Ya veremos si mañana piensas lo mismo.
Correspondiendo a su sonrisa, Eve abrazó a su amiga y le deseó las buenas noches, estaba demasiado cansada para escuchar historias de fantasmas o supuestos ángeles, después del accidente de aquella noche lo único que deseaba era irse a la cama y descansar. Suspirando se quitó la chaqueta, la dejó sobre la cama y se acercó a la ventana la cual reflejaba las luces de colores que adornaban la casa, sus ojos acariciaron el oscuro paisaje antes de sobresaltarse cuando creyó ver una figura moviéndose entre las sombras.
Eve entrecerró los ojos intentando ver más allá del cristal pero sólo encontró las luces de colores creando dibujos sobre el suelo.
—Vete a dormir, Eve, vete a dormir antes de que empieces a ver dragones.
Suspirando dejó la ventana y caminó hacia la cama sólo para quedarse inmóvil al ver la brillante pluma plateada que había sobre su propia chaqueta. Eve tragó saliva y se giró hacia la ventana con el corazón en un puño, rápidamente corrió hacia el cristal y lo vio.
Sonreía, sus ojos azules brillaban de felicidad, el pelo negro le acariciaba el rostro, pero fueron las enormes alas que se abrían a su espalda lo que la dejó sin aliento.
—Cael —murmuró su nombre.
Él le sonrió e inclinó la cabeza en un silencioso saludo antes de dar media vuelta y alejarse entre la nieve.
Eve no respondió, no podía, sus ojos se llenaron de lágrimas mientras lo veía marchar.
—Gracias, Cael y Feliz Navidad.
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