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martes, 13 de diciembre de 2011

RELATO Nº 35 PARA LA ANTOLOGÍA NAVIDEÑA (Paranoraml) By Nina Neko

 Un Ángel para Navidad


—Padre Celestial… Padre misericordioso. Que estás en lo alto del cielo, perdona nuestras ofensas… aléjanos de todo mal…
No pudo terminar la oración. Una ráfaga mortal de cuchillas atravesó la fina sustancia etérea de su cuerpo, y un rayo inmenso alumbró a ambos seres. El hombre dejó escapar un temible alarido de dolor, aferrándose al cuerpo de su cruel perpetrador cuyo semblante lucía frio, impío. Sus ojos fieros miraban con extrañeza a Mick, que gritaba ante el dolor insoportable y atroz que descargaba el simple pensamiento de aquel terrible ser sobre su cuerpo abotagado por las llagas lacerantes que le cubrían.
—Ahora lo has sentido. Mi inmenso poder… Ahora podrás traspasar las puertas a tu mundo y darle mis saludos a tu creador
Axel sonrió por lo bajo. Una sonrisa mordaz y austera que le congelaría el alma a cualquier ser humano.
Hubo un nuevo grito desgarrador antes de que el silencio terminara por consumir cualquier vestigio de aquella pelea entre sobrenaturales.
El final había sido decidido y una vez más la balanza volvía a inclinarse a su favor.
No obstante, su talante lucía aparentemente incorruptible, más un buen observador seria capaz de vislumbrar que su rostro poseía una leve pizca de aburrimiento, y desgana.
Tal vez las reminiscencias de tiempos ya muy remotos que no lograba olvidar por mas intentos que el hiciera por borrarlos, volvían para transfigurar su flemático estado de animo, amplificando cada vez mas su decadencia.
Y por momentos, la desesperanza, el vacío y el terrible y mortal arrepentimiento por las decisiones tomadas, lo volcaban lentamente en un vano, lúgubre y mortal hoyo negro, un espacio desconocido y pequeño que de alguna manera había logrado instalarse en su oscuro y temible interior.
Cogió la cazadora guinda de cuero y se puso en marcha.
La penumbra se disipó junto a sus pisadas y la calle volvió a tomar su verdadera forma; vacía, silenciosa y tenuemente oscura.
Axel volvía a su vida rutinaria y recoleta, a vigilar desde las sombras los prodigios del Dios Creador, intentando sabotear todos sus absurdos intentos por encontrar un poco de equilibrio.
Esa había sido su tarea desde el comienzo. Sucedía que era algo relativamente simple, no le suponía ningún problema, no a él, no al gran y poderoso demonio que había venido hace muchos años desde las profundidades del mismo infierno. El asesinar “especiales” era una de sus mayores cualidades, siempre lograba encontrar formas cada vez más creativas y brutales de dar muerte a aquellos inocentes y puros enviados divinos.
No obstante, dentro de Axel se revolvía una problemática. Su razón lógica no lograba dar consuelo a sus torpes y estúpidos sentimientos humanos que de alguna manera, habían conseguido atravesar su sucio interior, cabalgando a lo más profundo de su organismo de forma tal, que aquel demonio se convertía lentamente en un títere de sus propias emociones.
Emociones que no existen en seres como él, pero que estaban ahí. Como si un Dios o un Diablo cruel las hubiera colocado, mostrándole todo un mundo tan conmovedor como terrible, un mundo que parecía estar hecho solo para los condenados.
Y ahora esto… su nueva misión, su nuevo objetivo.
Cuando Hazel le había informado lo que sería su tarea próxima, Axel quiso volverse loco, se había deshecho en carcajadas en aquel momento, desesperadamente, tomando la resolución de que la vida no era más que un mal chiste.
Y así, una vez más, sus pisadas lo condujeron a ese lugar, ese temible y conocido lugar.
Frente a un ventanal, un majestuoso árbol blanco de navidad se asomaba, con aquellas espléndidas lucecillas de colores y sus maravillosos adornos violetas, intentaba ofrecer a su alma un poco del calor que él necesitaba y que nunca había sentido.
Axel se quedó estático, habían transcurrido sólo dos horas después de su encuentro con aquel especial divino y se sentía sólo y cansado.
Al mirarse una vez más frente a aquella casa, una rabia mordaz se apoderó de su ser por completo, obligándolo a gruñir de furia, de desespero. Cerró los puños con una expresión de dureza en la mirada, por que no podía hacer nada más que eso, no estaba en condiciones de pedir algo más, no era lo suficientemente bueno como para ser perdonado, o como para pertenecer a cualquier lado.
El bien y el mal habían dejado de ser dos polos separados, ahora era incapaz de discernir entre uno y otro.
No podía creer que hubiese vuelto a suceder, no de esa manera tan humillante, una vez más se veía a sí mismo caminando aquel pequeño sendero empedrado que conducía a la puerta de entrada, una vez más intentaba olvidar su propia naturaleza desalmada, una vez más estaría dispuesto a aniquilar una parte de su interior para rogar lo que no merecía recibir.  Sólo necesitaba eso. Solo unas palabras, una mirada, una sonrisa. Solo un breve momento de mortalidad, de ignorancia y entonces podría morir tranquilo.
—¡Axel! —su voz era increíblemente dulce.
La chica de cabellos castaños y largos le dirigió una enorme sonrisa al tiempo que se echaba en sus brazos con una vehemente fuerza.
El demonio sonrió, y la aprisionó contra su pecho mientras acariciaba sus cabellos.
—Mi amor, creí que no vendrías. ¿Por qué has tardado tanto? — le reprochó Angy.
—Buscaba algo especial para ti— susurró, metiendo una mano al bolsillo de la cazadora, antes de que terminara de hablar, dentro del bolsillo apareció una cajita musical que entregó a la chica.
Angy sonrió y saltó de gusto tomando entre sus dedos aquel regalo y, antes de que Axel pudiera darse cuenta, sus labios se vieron aprisionados por los tiernos labios de la chica que, entusiasmada, agradecía su obsequio.
El demonio sintió en su interior que algo se removía, como cada vez que sentía la hermosa presencia de Angy. Su delicioso aroma se metía en sus entrañas y lo convertía en un loco, un tonto, un esclavo de su sola imagen.
Pero no le importaba, por el momento, el sólo necesitaba sentirse cerca de ella, ahogarse en su dulzura, lamer el néctar de sus labios, sentir el calor de su compañía y la seguridad que sentía al estrecharla, sentir esa entrega, ese amor.
Si fuera el de ayer, si tan sólo pudiera ser como era antes, aquellos sentimientos no lograrían apoderarse de él de ninguna manera.
—¡Vamos, vamos, he preparado cosas deliciosas especialmente para ti!. ¡Y mira el árbol!, ¿a que es precioso?.
Angy lucía realmente entusiasmada. Y el demonio sintió en lo profundo de su ser que algo se rompía en mil pedazos.
Contemplando el hermoso árbol navideño, Axel se vio invadido por unas inmensas ganas de llorar, y pese a que por fuera su rostro expresara una alegría sin igual, y sus ojillos parecieran brillar de amor. Por dentro, la duda, la rabia y la impotencia comenzaban a invadirlo muy sagazmente.
Con suavidad, pasó un brazo por la cintura de la joven y la atrajo hacia sí, intentando disfrutar de su calor y no pensar más.
—Esta noche no la pasaremos solos mi amor, esta noche buena será nuestra noche.
—Nuestra noche… — repitió él. Al menos en algo Angy tenía razón, esa noche sería especial y ciertamente le pertenecería por completo, esa noche la chica dejaría de existir.

***

Meses atrás… 

—¿Qué es esto que siento?... ¿Es odio?... Odio… ¡¡ODIO!!.
“Relájate Axel, esto es algo intrascendente ¿no es así?. Tú mismo lo has dicho, has repetido esas mismas palabras una y otra vez intentando convencerte de una realidad que ya no existe, no para ti”.
El demonio nunca había encontrado la procedencia de aquella voz que parecía hablarle en su cabeza. Creía estar volviéndose loco. Aunque, no era muy probable ¿verdad?. Los demonios no pueden volverse locos, así que debía de haber una razón para que aquella extraña voz lo torturara noche y día, vociferando en su interior verdades que ya sabía, pero que era incapaz de aceptar sin enfrascarse en una pavorosa lucha interna.
—¡No puedo más! —gritó, y el rugido de su voz perpetró el silencio. La voz no dijo nada, esperó… —Siento que me desvanezco, que caigo lentamente en una encrucijada interminable. Estoy jodido, ¿no es cierto?.
“Todo depende del punto de vista con que quieras mirarlo. ¿Realmente crees que la maldad es inalterable?. Lo mismo que la bondad, no importa a cuantas pruebas sea sometida al final siempre resulta ser completamente maleable, dúctil”.
—Si, pero yo no… Yo estaba muy por encima de todo eso. ¡Yo era un demonio completo!.
“Tu mismo lo has dicho… eras”.
—¡¿Quién demonios eres tú?!, ¡cómo te atreves a atormentarme de esta manera tan cobarde! —espetó Axel, furioso. La habitación del hotelucho en la que el demonio había decidido albergarse comenzó a temblar sutilmente al principio hasta que las paredes comenzaron a cuartearse al tiempo que la rabia y la consternación de Axel incrementaban, metamorfoseando su rostro en el verdadero demonio que se ocultaba detrás de su piel.
Unas gruesas ojeras se hicieron visibles y la comisura de sus labios pareció seccionarse brutalmente mostrando la musculatura encarnada, como carbón al rojo vivo. La piel cambió a una tonalidad rojiza, y en donde antes el vivaz y maravilloso azul intenso de sus pupilas brillaba con total furor, un negro opaco se hizo visible, mostrando cientos de grotescas líneas rojas que se exaltaban dentro de los huecos oculares.
El demonio oteó el aire a su alrededor, olfateando el asqueroso aroma que ahora venía cargado por un desagradable olor a azufre.
Buscando… cazando a la voz que le acompañaba desde aquella noche, desde su gran y  maravilloso descubrimiento, desde su revelación.
¡Oh, si tan solo hubiera terminado con todo desde el mismo instante en que comenzó a sentir emociones humanas, desde el momento en que su vida dio un vuelco!.
Si tan solo se hubiese alejado de ella antes de que su superior le ordenara asesinarla.
Después de aquella orden, Axel se sintió derrumbado hasta sus cimientos.  Quería pensar que esa misma noche, que sí… que sí había tenido el poder para matarla, quería pensar que ella, que Angy, en verdad estaba muerta.
A veces lo asaltaban aquellos pensamientos, quizá era mejor creer, engañarse a sí mismo, y pensar que ella ya no existía. Esa técnica había funcionado durante un tiempo, pero ahora, lograba comprender que lo que lo unía a ella tan sagazmente no lo soltaría jamás, a menos que ella en verdad falleciera, y ese pensamiento, llevado a la realidad lo volvería loco.
Salió de la inmunda habitación a trompicones, por que la veracidad de las palabras de aquel ser que le hablaba desde su interior lo volvían loco. Necesitaba depurar sus emociones para que, de alguna manera, pudiera sentirse bien, sentirse a salvo.
Caminando por las asquerosas calles del barrio, Axel trastabillaba sobre la nieve que cubría el asfalto, el aroma de la navidad podía percibirse con cada exhalación, y el demonio sentía que la esencia navideña se incrustaba en cada poro de su cuerpo, absorbiendo y limpiando todo vestigio de maldad que había aún en él.
No podía recordar los días a lado de Angy puesto que nunca era capaz de olvidarlos, ella rondaba en cada parte de su mente, obligándolo a distraerse de todas aquellas actividades que antes lo satisfacían.
De pronto las masacres no le parecían tan divertidas, torturar a los especiales de Dios no era para nada entretenido y a veces hasta le provocaba nauseas. Una especie de vómito lleno de bondad y arrepentimiento intentaba salir a borbotones de su organismo, para así ahogarlo por completo y terminar con su contradictoria existencia.
¿Qué sucedería si se animaba a renunciar al mundo maligno al que pertenecía para unificarse con su amada?.
¿Qué pasaría si decidiera al fin darle muerte?. Quizás terminaría por destruirse a sí mismo. Pero, en un mundo de inmortales... ¿Cómo deshacerse de la vida, y de los recuerdos que componen esa vida?.
¿Quizás si acudía al rival de su amo?, ¿Quizás si se humillaba ante Dios?.
“Dudo mucho que a Dios le complazca observar a un simple demonio humillándose ante él” de nuevo esa voz, Axel continuó caminando sin rumbo.
—Puede que tengas razón pero; ¿No vale la pena intentarlo?.
“¿Eso quiere decir que te arrepientes de todo el mal que has causado?”.
—Eso nunca. Yo solo quiero estar a su lado, me importa muy poco o nada el mundo entero.
“¿Entonces no tienes la suficiente osadía para luchar por ella?”.
—¡Lo único que deseo es luchar contra ella y contra todo esto que me hace sentir!.
“¿El sufrimiento podría ser una especie de sacrificio?. Tal vez ofrendar tu dolor te permita acabar con él”.
El demonio se detuvo en seco.
—¿De que manera puedo ofrendarlo sin traicionar a mi estirpe? —Axel pateó un cúmulo de nieve que fue a parar sobre una mata aún limpia de hierva—. No, lo que tengo que hacer es acabar con ella de una vez por todas y olvidarme de que alguna vez existió alguien capaz de corromper mi espíritu y darle vida a mi cuerpo vacío, tengo que matarla…
Aquellas conversaciones se fueron haciendo cada vez más constantes al tiempo que el demonio continuaba manteniendo contacto con la joven chica.
Algo dentro de él lo instaba a olvidarla, a alejarse de ella por su propio bienestar futuro, y pese a que intentaba no ponerla en riesgo con aquellas visitas, pues su corazón se retorcía y gritaba de angustia con la sola idea de perderla, no era capaz de ignorar su dulce presencia en la tierra, no podía dejar de verla, no podía dejar de amarla tan intensa y vorazmente. Su alma no estaba apta para sacarla de su interior, ni siquiera un demonio tan poderoso y cruel como él era capaz de desterrar aquel sentimiento tan fuerte que en un sin número de ocasiones había costado la propia vida al ser humano.
Además, Angy era maravillosa. Sus palabras, su delicadeza, su dulce y atractiva inocencia, ponían el alma de Axel al límite, lo volvían loco. El demonio la necesitaba tanto como ella lo necesitaba a él. Estaban enamorados, lo estuvieron desde el primer instante en que sus miradas se cruzaron, y un velo largo y nebuloso se rasgó ante la tierna noche. Sus corazones fluyeron sangre hirviente, viva al fin, condensando todas sus desdichas para al final destruirlas casi del todo.
Era una artimaña del destino que Axel fuera un demonio encargado de destruir a seres especiales enviados por el propio Dios, dueño de ese mundo, y que Angy se tratara de una especial enviada a ayudar a la raza humana en su ascensión hacia el Padre, y que precisamente él fuera enviado a acabar con su vida.
No estaba seguro del verdadero designio oculto tras aquella trastornada y terrible situación.
¿Hasta que punto Dios o el diablo eran capaces de manejar los hilos invisibles de sus propias creaciones?. se preguntaba constantemente y sobre todo: ¿Cómo era posible que, siendo lo que era; un monstruo cruel creado para destruir, sin un solo propósito que el caos, fuera hecho de tal manera que ahora era capaz de sentir?.
¿Se trataba de una broma, una falla en su creación, un descuido?.
¿Qué le deparaba el futuro ahora que se confesaba ciega y locamente enamorado de Angy?.
Y ahora se encontraba ahí, frente  a la chica mortal que lo poseía por completo. Todo lo bueno en él, todo lo malo. Le pertenecían a ella como se pertenecía a sí mismo, estaba dispuesto a enfrentar la más dura de las batallas por ella.
Solo suplicaba que la chica fuese lo suficientemente bondadosa como para comprender y aceptarlo tal y como era.
Pues no podía seguir engañándola por mucho más tiempo, el momento de la verdad había llegado, la fecha límite había llegado a su fin y ella debía morir.
Si tan solo pudiera comprenderlo, sin tan sólo las cosas pudieran ser diferentes.
Axel era un ser despreciable, un ser maligno, un asesino cruel y desalmado que pese al intenso amor que sentía por Angy no era capaz del arrepentimiento, sus sentimientos no daban para tanto. Y la joven debía comprender que de aceptarlo las cosas no cambiarían demasiado, él seguiría siendo lo que siempre ha sido.
Continuaría devorando las almas bondadosas de aquellos humanos con dotes divinas, continuaría entorpeciendo la voluntad de Dios. Haría lo que fuera para que la oscuridad terminara por reinar en la Tierra por que para eso había sido creado.
***

…Angy se sentó livianamente sobre el sofá frente al árbol de navidad, extendiéndole el brazo derecho, invitándolo a acompañarla.
Axel sonrió y tomó su mano, deleitándose una vez más con su atuendo tan níveo, la chica llevaba puesto un vestido blanco, cubierto por una chaqueta del mismo color, ajustada a su cuerpo esbelto.
Su sonrisa contrastaba con el blanco cristalino del arbolito navideño, que iluminaba la estancia y sus dichosos rostros con aquellas lucecillas intermitentes.
Todo estaba en completo silencio, pero Axel sentía que un caos mortal bullía a su alrededor presagiando un doloroso y trágico final.
En su interior se llevaba a cabo una lucha interna, desde que conociera a Angy y ésta le robara el corazón y que, consecuentemente a ello él comenzara a escuchar una voz sin rostro ni nombre, Axel sentía que vivía repeliendo su propio ser continuamente sin ningún tipo de descanso o alivio. Se daba cuenta de que muy por encima de su propia voluntad, había entablado sin quererlo, una batalla consigo mismo.
Angy deslizó suavemente un par de dedos sobre las mejillas del demonio, sonriendo.
Él la sostuvo y resbaló sus manos sobre el perfumado brazo de la chica, aprisionando entre sus dedos el tierno y bello rostro de la chica obligándola, dulcemente, a mirarlo a los ojos. Angy sonrió espontáneamente.
¡Que pura eh inocente!, ¡que confiada lucía ahí, entre sus brazos, sin saber que se trataba de una bestia perversa y desalmada, desconociendo que estrechaba a su asesino!.
“No lo hagas Axel, aún puedes romper con esto, aún puedes rechazar a tu estirpe”.
De nuevo aquella voz intentaba confundirlo, atestándolo con sus injuriosas propuestas, hiriéndolo con sus titubeos.
“Tengo que hacerlo…” pensó. “Hazel fue enviado a matarla este mismo día, si no está muerta para la medianoche, él lo hará y no será nada compasivo con ella. Debo matarla yo mismo”.
“¡Te engañas, puedes elegir!”.
“¡Me matarán de todas formas y después la matarán a ella!”.
Angy lo besó en la mejilla, provocándole una descarga eléctrica en todo el cuerpo. Luego resbaló sus labios suavemente hasta los suyos, dándole de beber el amor que compartían, calmando un poco sus terribles preocupaciones. Axel disfrutó de aquel beso como un sediento, pensando que sería el último, degustando de su sabor tan dulce, acariciaba sus cabellos, besaba sus mejillas y volvía a atacar su boca. Esa boca sagrada, fresca, que acunaba su ser y le tranquilizaba, aquel molde perfecto, suave y carmesí.
Apartó su rostro para contemplar aquellos ojos azules, esa expresión compasiva, maravillosamente blanda y apaciblemente transparente, sincera, Axel pensaba que nunca había visto a un humano tan limpio, tan abierto y espontáneo como ella.
Y se quedó largo rato, observando la belleza de su amada, descubriendo  nuevos rincones henchidos  de belleza y de una luz tan certera que lograba atravesar su interior, iluminando la maldad que había en él, suturando las heridas que la culpabilidad por sus actos siniestros le provocaban.
Sus largas pestañas de seda, sus finos cabellos, su hermosa sonrisa.
¿Cómo iba a matarla?, ¿cómo acabar con esa luz tan clara?.
“Hazel se aproxima” escuchó decir, la voz sonaba consternada por vez primera.
—Te amo… —susurró Angy.
Axel cerró los ojos y la sostuvo en brazos, lentamente comenzó a reunir una considerable suma de energía en su mano derecha, la suficiente como para acabar con la chica sin provocarle demasiado sufrimiento. Moriría en sus brazos, moriría besándola, susurrándole al oído palabras bellas, confesándole su amor incondicional y eterno.
Moriría en un segundo y entonces todo terminaría…
“¡No, Axel, no lo hagas, aún tienes una oportunidad!. Piensa en ella, su amor por la vida, sus ansias de ver el mundo. ¡Ella quiere vivir!”.
Pero el demonio no respondía, se había quedado estático, pétreo ante la proximidad de sus actos, de ese último acto proscrito y desgarrador.
“No permitas que toda su obra se venga abajo. Todo lo que ella logró en tu interior, el amor que te permitió sentir, la dicha tan inmensa que te ha obsequiado. No estropees al maravilloso ser en que te ha convertido”.
“¿Maravilloso ser?, ¿¡no ves a caso que soy un demonio?!. ¡Mi único objetivo en la vida es destruir, aniquilar todo aquello que resulte ser bueno, hasta la más mínima esquirla de bondad en este mundo!. ¡Soy un desdichado, un maldito!... ¡Yo no tengo derecho a sentir, no tengo derecho a la gracia divina!”.
Con un grito de ira, un pavoroso ser prorrumpió en la casa, traspasando las paredes del recinto, ocasionando que las lámparas blancas del recibidor tronaran estruendosamente dejando la casa a oscuras, con la única excepción de las lucecillas del árbol navideño que incorporaba sobre los rostros de Angy y el demonio, finos destellos intermitentes.
La chica había exclamado un grito cargado de miedo que se desvaneció en el silencio, aferrándose al demonio, Axel miró a Hazel.
—Es hora, ella debe morir —dijo la bestia de mirada encolerizada con una voz gutural y estentórea, al tiempo que señalaba a la joven. Sus garras negras parecían mortales navajas que salían de aquellos dedos arrugados y de un color rojizo. Más no era capaz de hacer nada, aún su hora para anegarse en el mundo terrenal aún no llegaba y no le estaba permitido ejecutar ninguna acción en él.
Angy miró vertiginosamente a Axel.
—Aún no es medianoche, tú no debes estar aquí.
—¡Vienes a matarme! —La chica se apartó del demonio, mirándolo con un miedo atroz—. Tú…
“Axel, aún puedes salvar su vida, has sido recibido por Él”.
Axel no escuchaba a la voz de su cabeza, mirando a Angy, sentía que se le destrozaba el corazón al saber que dentro de su mente pensaría de él que era un monstruo. Al fin lo miraría como era en realidad.
Pero Angy no se alejó más.
—¿Desde cuando? —quiso saber ella. Axel no supo como responder, necesitaba matarla, necesitaba alejarla y no observar más aquella mirada de hiel, esos ojos cristalinos, temblorosos y aterrorizados.
Quiso tomarla de la mano, acercarla a su cuerpo y abrazarla para siempre olvidándose de todo y de todos. Pero el tiempo apremiaba y Hazel no iba a esperarlo mucho más.
“Debes reafirmarte en la luz… tu eres parte de la luz” repetía una y otra vez esa melodiosa voz, retumbando en cada pared de su cerebro.
—¡¿Cómo es posible que no te hayas dado cuenta!?, ¡eres una niña estúpida, ni siquiera tienes el poder suficiente como para discernir entre un humano y un demonio! —exclamó Hazel, y su terrible y desagradable rostro se convulsionó tras un ataque de risa.
—¡No, eso no puede ser verdad! —exclamó la joven y un grito apagado salió de su garganta sin poder articular una sola palabra más.
“Tienes que hacer algo, Axel, tú eres un ser de luz”.
“Como puedes seguir diciendo una locura como esa. Por favor, déjame tranquilo, al menos en estos momentos, déjame terminar con todo esto”.
—Si, Angy, soy un demonio… —murmuró. El viento arrastró hasta ellos una oleada fría de sensaciones tan infinitas como sus pensamientos que en esos momentos revoloteaban como colmena.
Angy negó con la cabeza y continuaba susurrando que no podía ser verdad.
—Tengo que matarte, me ha sido conferida esa sola misión y no puedo ignorarla… Mi condición de condenado no me lo permite, el amor y la luz me han sido negadas desde el comienzo…
—No digas nada más…—le interrumpió la joven, acariciando su  mejilla. El demonio calló, mirándola con los ojillos repletos de lágrimas—. Has confirmado que eres merecedor de esto. Tu condición como hijo de la luz ha sido ratificada.
—¡No escuches sus estupideces Axel y asesínala de una buena vez! —gritó desgarradoramente el demonio que hervía por ver consumados todos sus enfermos deseos de sangre.
Axel ignoró a su compañero, y acariciando el brazo de Angy, la miró un segundo con aquellos ojos cargados de una dulzura y calor infinitos, tiernamente derramó una lágrima más antes de preguntar.
—¿Cómo sabes eso?, ¿por qué estás tan segura?.
—La luz mi amor, eres tú por excelencia…
“Lo que pueda eclipsar tu mundo no te define” escuchó aquella voz, y sintió por vez primera que le era conocida.
—Tu cuerpo físico no te define…
“Tu condición mortal no te define”.
¿Qué era aquello?, ¿por qué aquella voz parecía continuar las palabras de su amada?.
De pronto Axel pensó que Angy tenía mucha más luz en la mirada, y descubrió que la amaba más que nunca.
—Es uno solo el Creador de Todo…  el que te define.
—¡MÁTALA! —prorrumpió el demonio, desesperado por ver muerta a aquella especial.
—¿Quién eres? —atinó a preguntar Axel. El reloj de pared amenazaba con marcar con desespero las doce de la noche, y el demonio sentía que un pedazo de vida se le escapaba con cada segundo que transcurría y que anunciaba la liberación de Hazel, una vez que el reloj sonara, todo iba a ser decidido.
No obstante, dentro de su ser, Axel sintió una brisa cálida acompañada por una sensación dulce de tranquilidad, su ser se serenó por completo y sintió como si un peso se le cayera de encima— ¿Quién eres?... —volvió a preguntar.
Pero la pregunta se quedó en el aire. La joven sonrió ampliamente, Axel conocía la respuesta, la sentía en lo profundo de su alma, como una especie de líquido caliente que absorbía toda su maldad purificando y limpiando…
Sólo un ser sería capaz de hacer lo que ella hacía, sólo un ser podría ser tan compasivo y generoso, sólo un ser puede hablarte al oído sin que puedas percatarte por completo de su presencia.
Después de todo, siempre se les había conocido como los mensajeros divinos, los emisarios de Dios. Y él al fin era un hijo de Dios, un demonio, el único demonio en el universo entero que poseía un Ángel Guardián…


3 comentarios:

  1. Me ha encantado este relato y de hecho lo he devorado con ansiedad. Me encantan las historias que mezclan lo mortal con lo sacro, lo real con lo mágico, lo escéptico con lo devoto... y toda historia donde existan ángeles, demonios y demás seres de ultratumba me llama la atención poderosamente.

    Felicidades a la autora.

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  2. Akasha mil gracias por tu comentario. Me alegra mucho que te haya gustado ^^

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  3. A mi también me ha gustado mucho querida Nina, ha sido muy emocionante... La guerra esa interior k padecía el demonio... Cómo se enfadaba al verse envuelto en emociones k nunca antes había sentido ni conocía... Cómo apesar de ser un ser oscuro, consiguió amar y pasar del lado sombrío a la luz... Y todo por su amada Ángel Guardian... K bonito!, jejeje.

    Gracias guapa por hacerme disfrutar con tu precioso y bien narrado relato!, y gracias por ser parte de este proyecto!, muak!!!

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