martes, 14 de febrero de 2012

... Y SEGUIMOS CELEBRANDO EL DÍA DE LOS ENAMORADOS

Así es, ¿y que mejor manera de hacerlo que con un nuevo relato romántico?. Pues como ya os dije esta mañana, hoy les traigo el segundo relato romántico basado en el día de hoy, San Valentín.

Esta vez, viene a manos de nuestra querida compañera Iris Martinaya, ambas esperamos que lo disfruten. ¡Saludos! 


¿Crees en el amor? 


14 de febrero, 11: 45 PM

David cerró el ordenador portátil, masajeándose el puente de la nariz. Estaba agotado y lo único que quería era irse a casa, darse una ducha y acostarse, solo. Pero la luz del contestador llevaba horas parpadeando, avisándole de que tenía un mensaje que no había querido escuchar en todo el día. ¡Su hermana pensaba que él tenía tiempo para aquellas tonterías! Con desgana, apretó el botón y esperó a que la voz cantarina de Janet llenara su solitario despacho.

-Hola hermanito –musitó el aparato tras el típico aviso de, “tiene un mensaje, recibido el…”-, apuesto a que cuando escuches esto estarás aún en tu despacho, rodeado de una montaña de papeles y con el ordenador encendido y enviando una docena de correos electrónicos que,  por supuesto no podían esperar –continuó con tono de reproche-. ¿Cuándo me harás caso y saldrás a divertirte? Conocer gente… Todas las mujeres no son como ella –susurró después de una pausa-. Y me pongo como ejemplo –río-. Te envío una sorpresita, espero que no te enfades mucho. No olvides que te queremos, los dos.

David apagó el contestador y frunció el ceño. ¿Qué le habría mandado la loca de su hermana?, se preguntó evitando a propósito no pensar en lo que de verdad era importante en aquel mensaje.

Quizá tuviese razón, se dijo mirando a su alrededor y viendo como había acertado en todo. Su mesa estaba llena de papeles, acababa de cerrar el ordenador y el edificio estaba en silencio, vacio. Estaba solo. Desde hacía demasiado tiempo.

Un ruido en la recepción lo sacó de la nostalgia en la que por un instante se había permitido navegar.

Meredith  maldijo por cuarta vez esa noche. ¿Hasta qué punto había que estar al lado de una amiga?, se preguntó. Ella era capaz de cualquier cosa por ayudar a Kate, pero aquello…

Su amiga tenía una cita. La primera después de su divorcio, y ahí estaba ella, sustituyéndola en su trabajo como limpiadora en el turno de noche de un edificio de oficinas. Y estaba bien, ella se merecía esa cita, y a ese super hombre con el que había salido.

-Joder, Meredith –se maldijo una vez más. No podrías al menos haber usado tu propia ropa. Allí estaba ella, con una bata que no era de su talla, con los botones a punto de estallar y por los que se podía ver el bodi rojo y negro de seda y encaje que había sido tan estúpida de ponerse ese día. ¿Por qué no se puso algo simple, de algodón y de un color menos llamativo?, se reprochó tratando una vez más de agacharse sin que los botones estallaran al fin y la dejaran más desnuda de lo que ya se sentía.

Levantó el cesto de frutas que reposaba en la brillante mesa color caoba que presidia  el recibidor y trató, no sin esfuerzo, de usar una mano para sujetarlo y la otra para pasar el paño por la amplia superficie. No lo consiguió. Dos frutas de la pasión rodaron por la mesa y finalmente cayeron al suelo formando un estruendo que, en pleno día no sería nada, pero en aquel edificio vacío y casi a oscuras, fue algo así como lanzar una piedra al cristal de una ventana.

Contuvo la respiración, esperando que realmente la rendija de luz que salía de uno de los despachos fuese un olvido de alguien y que no hubiese nadie allí. Su amiga la había advertido que nadie debía saber que la estaba sustituyendo esa noche.

Tampoco tuvo éxito en eso, pensó al ver como la puerta se abría y la imponente figura de un hombre avanzaba hasta ella.

David no lo podía creer. Aquella vez su hermana se había pasado. Recordó que un año le envió bombones y una tarjeta con forma de corazón;  sus empleados estuvieron murmurando durante días. Otro año le envió flores, un ostentoso ramo de rosas rojas que hizo las delicias de todos los cotillas de la planta. Pero aquello era demasiado.

¡¡Una striper!!

La mujer se cubría a medias con una cesta de frutas. Eso sí que era la primera vez que lo veía. ¿Querrían decir las piñas y papayas que llevaba, “cómeme”?, se preguntó viendo como tras unos momentos de duda, finalmente al saberse descubierta, antes de tiempo quizá, soltaba la cesta en la mesa.

Sus ojos, sin quererlo, se dirigieron al escote por el que asomaban unos pechos turgentes. Y siguió bajando, hacía unas piernas torneadas que parecían no acabar nunca, levantó la mirada hacía su rostro, hacía unos labios rosados que eran mordisqueados por unos blanquísimos dientes y hacía unos ojos verdes, brillantes.

Inconscientemente había caminado hacía ella, acercándose  tanto que sus cuerpos casi se rozaban.

Ella fue a decir algo, pero…

Algo pasó.

David sintió como una corriente lo recorría, lo envolvía y estaba seguro que ella sintió lo mismo.

Los segundos pasaron y ninguno dijo nada; solo se miraron, grabando los rasgos del otro en sus retinas, en sus recuerdos, en sus memorias, hasta que, lo que fuese que los había atravesado cuan flecha del amor, aflojó su agarre y David pudo hablar.

-¿Crees en el amor… a primera vista?, preguntó sorprendido por como su corazón palpitaba.

Ella no respondió, solo alzó la mano y le acarició la mejilla.

-Mi hermana se ha pasado, pero me alegro –le dijo sujetando los dedos temblorosos contra él, y pasándole su brazo libre por la cintura, atrayéndola hacía sí.

-No conozco a tu hermana –susurró ella contra sus labios-, ni tampoco a ti.

David no la creyó, pero no le importó. En silencio le agradeció a Janet por el regalo de ese año.

Pero David ignoraba que su hermana ya había desistido en su empeño de hacerle creer de nuevo en el amor. Y el regalo de ese año era la invitación a su boda, con el mejor amigo de su hermano, con el que llevaba más de un año de secreta relación.



FIN


Si quieres saber más sobre esta fantástica escritora, os recomiendo que visitéis su ficha de socia que es la siguiente:


Decirles que, de todas sus maravillosas obras, la más destacada es esta:


No estaría nada mal ganar un ejemplar en papel de esta preciosa historia, ¿verdad?. Pues, si realmente quieres tener una oportunidad para que eso sea posible, no te pierdas lo que muy pronto está por llegar... Y es que algo GRANDIOSO se aproxima... Y hasta aquí puedo decir >.<

174. SUARA BAAL

Hola a tod@s de nuevo!, aquí les traigo, como últimamente viene siendo una costumbre, a la nueva socia que acaba de ingresar en el club. Ella es nada más ni menos que:


SAURA BAAL

Y de sus tres blogs, el que acontinuación os presente es el que utiliza para publicar sus escritos y es el siguiente:


Ahora paso a indicaros cuáles son sus obras literarias:

Número de escritos: Relatos publicados en total: 6 y 2 poemas.

1. Las rosas de Venus (en proceso de autopublicación en bubok):

Las rosas de Venus

En Londres, en la actualidad, una mujer llamada Elin Carter hace todo lo posible por sobrevivir el día a día resolviendo un caso tras otro. Sin embargo, al iniciar un nuevo y escalofriante caso, en la cual un asesino en serie parece ponerla a prueba, deberá enfrentarse al oscuro secreto de su tortuoso pasado. Un viejo amor inolvidable, un posible nuevo amor, un caso en el que el culpable es intocable, unos crímenes perpetrados de forma perfecta que dejan un cuadro, una nota y una rosa de un color diferente. Nada en este rompecabezas parece tener sentido. O quizá es que las piezas están ocultas...¿Que resolución tomará la joven investigadora si es posible que ella sea la siguiente?

2. La dama nocturna:

Ángela recorre el camino a oscuras hacia el buzón de la escuela en la que cursa sus estudios superiores. Sin embargo, su encuentro con una chica pelirroja le traerá a ella y sus compañeros muchos problemas. Con la desaparición de un joven, se da la voz de alarma, un detective llamado Victor Burney se presentará de inmediato y vigilara a Ángela.

Entre los dos, a pesar de la diferencia de edad, crecerá el amor. Lo que ella no sabe es que El instituto esta en los dominios de un misterioso vampiro y que este esta plagado de vastagos. Las rencillas entre ellos y el olor de la sangre humana condicionarán la vida de los residentes. Quien sabe cuantos misterios les aguardan y si su amor, un joven vampiro y ella podrán estar en paz.


3. Alambre de hielo:

Alison, una joven estudiante, da con sus cansados huesos en el hospital tras una extraña caída. Allí, no solo se percata de lo sola que se siente, si no de que toda su vida es baldía y sin sentido. Además, todo eso a dado como resultado que la anorexia empiece a hacer estragos en su frágil cuerpo. Mack, es su compañero de habitación, el cual acaba de intentar matarse con la moto y llora por su amor no correspondido.

Ellos dos, se sienten solos, ellos se dan cuenta de que en la suite hospitalaria se tienen el uno al otro. Hay todo empezará a cambiar ya surgir algo nuevo.


4. La moraleja de la moralidad:

Nunca digas de este agua no beberé. Nunca afirmes ser de lo buenos o ser de los malos. No divulgues jamás tus creencias como si fueras la única persona en tener razón. A veces cuando crees tener la convicción de algo te das cuenta de que no es así. Eso es lo que he aprendido en estos últimos años. Eso, y que el instinto primario de supervivencia prioriza en todos los seres humanos. Los insta a sobrevivir, utilizando su moralidad, su religión o sus convicciones para tener la conciencia tranquila y pisar a los demás sin ningún tipo de temor ni remordimiento.

Esta es mi historia. La moraleja os la dejo a vuestro libre interpretación. Como todas las realidades que componen la vida humana.

Vuestra culpa, es mi salvación, vuestro sufrimiento es mi alegría, vuestra derrota es mi triunfo.


5. Eirene y Howen (en proceso):

Eirene es una joven pueblerina que se ve envuelta en una difícil situación tras otras. Finalmente acaba en las garras de un tirano ejercito donde conocerá la desgraciada suerte que sufren las mujeres. Por suerte, una escapada y una catarata la llevaran lejos, llegando inexplicablemente a los dominios del amo Howen. Un extraño joven enfermo que de noche requiere muchas atenciones. Ella es requerida para limpiar el enorme caserón. En esos momentos de paz, su amigo de infancia, el cual consideraba su amigo imaginario, regresa con la intención de salvarla de la maldición que castiga al amo y que amenaza con destruirla a ella. 


6. Entre tinieblas y sombras (en proceso): 

Entre tinieblas y sombras

He crecido toda mi vida pensando que era humana, no lo soy, me han criado mis tíos, pero no lo son. No se que sucedió con mis padres. No entiendo por que no puedo ser una adolescente normal como lo era hace dos minutos. Todo por escaparme una noche a un concierto del hombre de mis sueños. Ahora esta mujer llamada Megara me secuestra y me lleva por medio mundo diciendo que pasaremos el resto de la eternidad huyendo de los bebedores de vitae. Lo irónico es que ella parece ser uno de ellos, de la misma forma que yo...estoy cambiando. Mi nombre es Alison tengo 17 años, quizá sea un vampiro y amo a Megara y William Matheu. 



¡AL FIN LLEGÓ SAN VALENTÍN!

¡¡¡Feliz San Valentín a tod@s!, ¿como llevamos este día?, ¿habéis recibido muchos regalos?. Yo poquita cosa, pues la economía en casa no pasa por su mejor momento, pero aún así, vamos a celebrar este gran día a nuestro modo >.<.

Mientras tanto, aquí en el club vamos a celebrarlo publicando un par de relatos basados en esta fecha tan especial. 

El primero de ellos es un relato escrito por nuestra compi Nadia Salamanca, y el segundo (que será publicado esta tarde), lo ha escrito otra socia del club, nuestra queridísima Iris M.

Aquí os dejo el primero de ellos, ¡Que lo disfruten! 





Un San Valentín de Muerte


 Cuida tus pasos, mira tu camino; no sea que te cruces de frente conmigo.





San Valentín, bonita fecha para los humanos. Amor, flores, chocolates y ositos de peluche, son el complemento perfecto de las citas entre las parejas que disfrutan de este día. Quizás una cena romántica a la luz de las velas, un mirador en el cerro con un poco de vino. Pero para mí todas esas cosas son un montón de estupideces.


 Cuando caminas por la tierra recolectando almas, y buscas entre los humanos a cuál de ellos debes matar para seguir viviendo, San Valentín se transforma en una fecha sin sentido. Soy lo que podrían algunos llamar demonio, otros me dicen dios, algunos me denominan santa, pero todos están de acuerdo: cuando mis pasos me llevan a un lugar es que el fin de alguna vida ha llegado. Soy un shinigami.


¿Mi nombre? Sería muy largo para que pudieras pronunciarlo sin antes morir en el intento, pero puedes llamarme Lía.


Contrario a lo que quizás estés pensando, mi aspecto no es como muchos me describen. Para empezar no tengo cuernos, eso déjenselo a Lucifer; mucho menos estoy hecha de puros huesos como algunos humanos han llegado creer. Dime ¡¿Quién podría vivir siendo sólo de huesos?! Bueno, eso nuevamente déjaselo a Lucifer y su magia negra. Yo, pues soy una chica. Sí, tengo el aspecto de una chica de diecisiete años, quizás menos; mi cuerpo es menudito, tanto que quizás podrías pensar que soy sólo huesos; mi piel es clara, al punto de alvina, al igual que mis ojos con leves tonos azules que en realidad se ven blanquecinos; mi rubio cabello es largo y tan liso que me da aspecto de muerto, irónicamente. ¿Y cómo me distingues? No tienes cómo, soy sólo una chica.


 Mis pasos son erráticos, siempre camino sin pensar adónde voy. No sólo soy yo en este mundo, hay muchos otros shinigamis por la tierra, así que si se necesita de uno en alguna parte del mundo, pues siempre habrá uno ahí.


Esta vez mi camino me ha llevado hasta una gran ciudad, una de esas donde las luces encandilas a los turistas y no hay esquina libre de algún tipo de local de comestibles o bebestibles. El bullicio es sorprendente aquí, quizás viéndose acrecentado por el ajetreo normal de una catorce de febrero; la gente camina rápidamente, ya sea porque vuelve de su trabajo a casa o porque su cita lo espera a pocas cuadras, aun así esa premura me trastorna, me cansa.


He llegado aquí con un objetivo fijo: un chico. Él debería haber muerto hace tres años, pero la shinigami que tenía como misión llevarlo al infierno fue castigada por Lucifer. Aquello salvó al chico esa vez, pero ahora conmigo debería pagar en el infierno por sus propias culpas.


Sí. ¿Acaso pensabas que al infierno se va solamente porque has sido malo? Pues no, al infierno van los asesinos, los violadores, ladrones y estafadores, además de obviamente la mayor parte de los abogados. Pero también pasan una estadía en el infierno quienes mueren con culpas en el alma, esto no es a modo de castigo por parte de Lucifer, sino más bien el propio humano se lo busca, es él quien “lo decide”. Pasan unas temporadas en la oscuridad del gélido infierno —Sí amigo, el infierno no está en llamas, más bien es algo así como el polo sur, pero peor, y no sólo porque no hay pingüinos—, y una vez se sienten libres de culpas son enviados al cielo con el corazón limpio y listo para recibir la “paz”.


Si te preguntas qué es de mí, pues he de decirte que yo nunca moriré. Fui humana, es por ello que parezco una chica, pero el castigo de aliarme con Lucifer me trajo sólo una vida de recolectora de almas. Y si no cazo almas simplemente desapareceré, y no de una manera agradable, claro está.


Doy vuelta en una esquina, viendo hacia el interior de un café, las parejas están tomadas de las  manos o conversando alegremente. Ellas tienen un ramo de flores, la mayor parte de las cueles son rosas rojas, una invitación a la cama si me lo preguntas.


Cuando finalmente llego a la plaza donde sé que está él, no me es difícil encontrarlo, cuando busco un alma puedo “olerla” a la distancia.


Él está sentado en una banca,  parece nervioso y mira su móvil cada tanto, seguramente viendo la hora.  No puedo evitar fijarme en su aspecto, es alto, muchísimo más que yo, quizás un metro ochenta; tiene la tez morena, una piel tersa y un cuerpo ancho y varonil; sus ojos son claros, color miel para ser exactos, los más bellos que he visto alguna vez, acentuando el tinte sexy que le dan los labios toscos.


Me acerco hasta él, soy invisible, como lo he sido la mayor parte de mi viaje. No quiero asustarlo, no me gusta hacerlo cuando sé que pronto morirán. No soy un shinigami violento, de aquellos que les fascina la sangre y los accidentes trágicos, no, aquello no es mi estilo. Pero… ¿Cómo matarlo en medio de la calle de otra forma?


Lo rodeó caminando por detrás del banco en el que está sentado. Miró su móvil, él no está viendo la hora, sino más bien un mensaje de texto.


“Sé que debes estar esperando, pero no llegaré, cuando leas esto ya estaré en el infierno” dice con aquel leguaje extraño que tienen los humanos para escribir los mensajes de texto.


Ahora entiendo su nerviosismo y el tiritar de su cuerpo. Él nunca estuvo viendo la hora, él está llorando. Las lágrimas se deslizan por su rostro acarreando todo el dolor que está sintiendo.


No puedo evitarlo, sé que estoy por alimentarme de su alma, pero ¿cómo dejarlo solo en ese momento?


Me materializo sin darme cuenta, apareciendo a su lado. Miro a todos lados para asegurarme que nadie me ha visto, pero no hay gente a nuestro alrededor, estamos solos.


—¿Sabes? —le digo sin pensar. Él se voltea con los ojos bien abiertos y evidentemente asustado— Hoy mi novio me ha dejado plantada ¿te gustaría acompañarme al café de aquella esquina?


Sabía que frente al dolor que estaba sintiendo aquella propuesta no era más que una broma, pero yo no sabía qué más hacer, las cosas del amor no están hechas para un ser como yo.


Sorprendentemente él me sonríe. Es una sonrisa hermosa, por no decir la más bella que he visto, es sincera. Entonces no entiendo por qué este chico tiene que ir al infierno.


—Fue su decisión —le digo—. Y te prometo que luego de unos años pagando culpas irá a un lugar hermoso.


Su expresión se vuelve extraña, como si mis palabras estuvieran fuera de lugar, y quizás lo están, llevo más de doscientos años sin hablar con un humano.


—¿Cómo sabes que irá a un lugar hermoso?


—Porque yo he estado ahí.


Aquello no era una mentira, quizás soy una castigada por Lucifer, pero aquello no significa que no conozca el cielo. Es tan hermoso que sería imposible describirlo para un humano, algo incomprensible para tu mente aun encerrada en el mundo terrenal.


—¿Entonces eres un fantasma? —pregunta él, medio alejándose. Yo niego con la cabeza rápidamente, no quiero espantarlo, sólo quiero darle una muerte placentera— Eso es bueno— agrega él entonces—, uno más en mi vida no sería bueno.


—¿Uno más?


Ahora él niega con la cabeza, levantándose de la banca y estirado su mano hacia mí. Me  quedo mirandolo, confundida por su gesto y dudosa de qué hacer.


—Me invitaste al café. Quiero pasar un buen momento antes de que la policía la encuentre.


Estoy consternada, sabía que mi invitación había sido una locura tomando en cuenta que su novia se había suicidado quizás hacía sólo un par de horas; pero su aceptación era aún más extraña, parecía como si él ya estuviese acostumbrado a que la gente muriese a su alrededor.


Le sonrió, yo también quiero que pase un buen momento antes de morir.


Tomo su mano, es mucho más cálida de lo que pensaba. El vuelve a sonreírme, y yo simplemente comienzo a caminar a su lado sin soltarle la mano.


—¿Cómo te llamas? —le pregunto.


—Cristian —responde él mirándome a los ojos— ¿Y tú?


—Llámame Lía.


Él me mira extrañado, sé que no está nada feliz de que no le dijera mi verdadero nombre, pero no quiero que muera antes de tiempo.


—No me gusta mi nombre —Miento—. Todos me llaman Lía.


Llegamos al fin al café, veo nuevamente a las parejas tomadas de las manos, a las mujeres con sus ramos de rosas que las invitan a la cama y una mesa vacía que parece perfecta para nosotros.


No sentamos, él me sonríe con melancolía, llamando a la camarera con la mano. Una chica caucásica aparece vestida con un traje marrón oscuro y un pequeño delantal crema que le cubre la falda. Ella nos sonríe con aburrimiento, sé que está pensando en su novio que la ha engañado días atrás, puedo leer la mente de los humanos sin esfuerzos.


Es entonces cuando me percato que la mente de Cristian no la puedo leer. Lo miró, él es un chico completamente normal, pero… ¿por qué no puedo leer su mente?


Cristian me mira, su expresión se ve más triste que antes. En ese momento él vuelve levantar su mano, llamando a un hombre que está en el exterior vendiendo rosas blancas por unidad.


—Deme dos—dice Cristian al hombre, quien se apresura a extenderle su ramillete para que él elija. Cristian toma las dos flores, mirándome con una sonrisa en el rostro. Él definitivamente es enigmático—. Esto es por animarme.


Extiende una de las rosas hacia mí, aun con la sonrisa en sus labios. Yo la tomo desconcertada, jamás había recibido un regalo, nunca, ni siendo una humana.


—Tome señorita —le dice entonces a la camarera, quien parece más sorprendida que yo—. No llore más por in imbécil que no se la merece.


“Él lo sabe” pienso. Él también puede leer la mente de la chica.


La camarera sonríe secándose una escueta lágrima, pidiéndonos luego nuestra orden con más alegría que su saludo inicial.


Cuando al fin tengo mi pastel de chocolate al frente no puedo evitar sonreír, hace tanto tiempo que no como algo dulce que creo haber olvidado el sabor; pero a juzgar por la forma de salivar de mi boca no, no lo he olvidado.


—¡Mmmh! —no puedo evitar hacer al sentir el sabor en mi boca.


Él sonido armonioso de la risa de Cristian me saca de mi éxtasis por el chocolate. Él me está mirando con una enorme sonrisa en los labios.


—Parece que llevaras siglos sin comer.


—Sí, hace siglos que no como un bocado.


Cristian se lo toma como una broma y vuelve a reír, pero antes de que yo pueda seguirlo en sus carcajadas una explosión desata el caos en el café.


Los gritos de las parejas vienen de todos lados. Aquello no ha sido una bomba, de eso estoy segura, esto es una explosión oscura. Alguien más viene por Cristian.


Miro frentica hacia todos lados. Cristian es mi presa y no dejaré que nadie la toque antes que yo…


Cristian toma mi mano con fuerza, hemos caído de nuestros asientos. Él me mira preocupado, aquellos ojos miel están asustados… ¿por mí?


—¡Estás bien! —grita por sobre la confusión, ayudándome a levantarme y tirando de mí hacia él para protegerme.


Mi corazón se agita ante el contacto de sus manos, volviéndose aún más violento al momento que mi rostro queda hundido en su pecho. Esta sensación la he sentido antes…


—¿Viktor?— digo confusa. No puede ser, aquello es irrisorio, pero su nombre sale de mis labios sin poder evitarlo.


Sus ojos me miran asustados, es como si hubiese descubierto su secreto…


Las explosiones siguen a nuestro alrededor, la gente está escapando fuera del café, todos corren y gritan menos nosotros, que aún seguimos abrazados como si nada de lo que está pasando a nuestro alrededor fuera real.


La fuerza de la explosión aumenta, aquel poder lo conozco, no podría ser otra que Analía.


 Y como si mis pensamientos fuesen premonitorios el rostro de Analía apareció frente a nosotros sin más.


—¡¿Qué haces aquí Lía?! —Chilló ella con su voz de pito— ¡Este hombre es mi presa, lo he seguido por muchos años como para que tú me lo quites cuando al fin estoy por terminar con él!


Mis ojos pasan de Lía a Cristian, es entonces cuando entiendo a qué se refería él con los fantasmas. Analía lo ha estado siguiendo porque se ha enterado de su muerte mucho antes que yo, y si mi intuición no me falla ella es quien se ha llevado a la chica, la novia de Cristian.


Sé que tengo que dejarla llevárselo, ella lo vio primero, es su presa como lo ha dicho, pero no puedo, simplemente no puedo, no luego de ese abrazo, no cuando parece que al llamarlo Viktor he descubierto algo que me ha estado prohibido.


Me suelto del abrazo de Cristian ansiando volver a estrecharlo, pero si no hago algo ahora, ambos terminaremos muertos.


Analía no es la única que puede hacer explosiones tipo fuegos artificiales, yo también puedo y la ataco sin más. Me apresuro a mirar hacia Cristian, él está asombrado ante mis poderes, pero aun así parece comprender mi señal de escóndete, apresurándose a escapar del lugar.


Grito ante el golpe de un escombro en mi hombro, soy demonio pero no insensible, duele como condenado si te golpean con una piedra. Entonces corro sin pensarlo hasta Analía, no dejaré que ella se me escape, no dejaré que Cristian sea de ella, él es mío y esta vez no me refiero a su alma, es mío, completamente mío.


Salto sin dudarlo al cuello de Analía, es un shinigami, inmortal e inmune a muchas enfermedades, pero jamás a que le retuerza el pescuezo, y así lo hago, haciendo tronar sus huesos en un ruido sordo y desgarrador. Un leve suspiro escapa de ella luego de que el terror se borrar de sus ojos, estaba muerta en menos de un par de segundo, estaba muerta cuando creía que lograría matarme.


La euforia aun esta en mi cuerpo, Analía tiene el poder de miles de alma de las que se ha alimentado sin dejar en el infierno o el cielo, ella estaba contradiciendo las ordenes de Lucifer, ella estaba asegurándose el poder de las almas para sí misma.


El polvo que ha causado la explosión de la shinigami comienza a disiparse, el café no es más lo que era, ya no hay parejas tomadas de las manos, ya no hay mujeres con rosas rojas que invitan a la cama, ya no están mis pasteles de chocolate sobre la mesa que compartíamos con Cristian, pero él aún está ahí, parado cerca de la polvareda, mirando hacia mí con temor en los ojos.


—¡Lía! —lo escucho gritar al tiempo que corre hasta mí aun con esa mirada temerosa.


Me siento pesada, todas estas almas que están ilegalmente aun atadas a este mundo pesan, tengo que dejarlas en el cielo y el infierno antes de que…


Siento mi cuerpo caer, el peso de las almas es demasiado para mí. Mis ojos se cierran sin que yo pueda evitarlo y lo último que logro ver es el rostro preocupado de Cristian, sus ojos color miel mirando directo a los míos y luego la oscuridad…


* * *


Cuando abro mis blanquecinos ojos nuevamente sé que él está cerca, puedo sentirlo: Viktor.


Busco su presencia en todos lados, sé que es él aunque suene imposible. Aquel ángel había sido desterrado hacía un siglo ya del cielo, por mi culpa, por mí… por amarme.


—Estás despierta pequeña —Es su voz, lo sé, jamás la olvidaría.


Él está aquí, pero no es él. Los ojos de Cristian me miran desde el costado de la cama en la que estoy recostada, pero hay un brillo en él, algo mágico, algo perfecto.


—¿Viktor? —digo finalmente.


Él asiente con la cabeza con una enrome sonrisa en sus labios. Es él, aunque todo me decía que aquello no podía ser real, lo era.


—¿Pero cómo? —pregunto con lágrimas surgiendo de mis ojos, los mismos que se habían sellado al dolor cuando lo perdí.


Nosotros, Shinigami y Ángel, estuvimos enamorados hace ya un siglo, pero yo aún tenía deudas con Lucifer y él, Viktor, no tenía permitido amar y desear a alguien, fuese humana, shinigami u otro ángel.


Tratamos de esconderlo de nosotros mismos, frenar lo que sentíamos cada vez que nos veíamos al yo ir a entregar las almas del día, pero nos fue imposible, y Lucifer nos descubrió. Él quería matarme, acabar conmigo por mi traición, pero Viktor ofreció afrontar todas las culpas y fue así como terminó desterrado del cielo. Por mi culpa.


—Fui desterrado Lía, no asesinado —respondió él usando la misma ironía que me caracteriza a mí en mi contra—. He vivido como humano desde entonces, renaciendo una y otra vez, siempre distinto, pero siempre recordándote en algún momento.


—¿Pero entonces porque estabas con la otra chica? —Sí, lo sé, soy celosa, pero cuando amas a un ángel como Viktor es imposible no serlo.


—Ella, sólo era una compañera de trabajo, una más de las personas que Lucifer se llevó de mi lado como castigo por desearte.


—¿Y por qué no me reconociste?


—Porque aún no te recordaba, lo hice cuando me llamaste por mi nombre.


Me lancé abrazarlo, llevábamos un siglo sin poder vernos, sin poder tocarnos, no perdería mi tiempo más.


—¿Por qué Lucifer no ha venido por mí? —le pregunté sin soltarlo de mi agarré.


—Porque las almas de Lía pagaron tu deuda, eran almas que llevaban siglos buscando.


—Entonces yo soy…


—Libre, sí, de las ordene de Lucifer sí, pero no de ser un shinigami.


Aquello no importaba, yo era un shinigami y él un desterrado, yo vagaría eternamente por este mundo y él renacería eternamente. Nos encontraríamos una y otra vez en este mundo, de eso estoy segura, y sé que siempre seré capaz de reconocerlo, dónde sea y quien sea.


Sentí sus labios besar mi cuello, mi piel se erizó ante el contacto. Quería sentirlo más cerca, besarlo en los labios, y así lo hice.


El roce de nuestros labios era perfecto, mejor que lo que había perdido años atrás, había añoranza, deseo y pasión. Todo hasta que él se alejó de mí…


—¿No te importa verme morir una y otra vez?


Lo pensé un momento, aquella sería nuestra realidad ahora…


—No —respondí sin dudarlo—. Será doloroso, pero podré soportarlo sabiendo que volveremos a encontrarnos en algún momento. Y quién sabe, quizás algún día logre pagar mis deudas y ser libre de la vida de shinigami. Además, siendo así, tendremos muchos San Valentín que celebrar.


Una sonrisa se dibujó en sus labios, la que siempre consideré perfecta. Sí, hab´rian muchos San Valentín por celebrar.



FIN


¿Que os ha parecido?, ¿precioso verdad?. Pues si quieren saber más sobre esta autora y sobres sus obras, os recomiendo que visiten su ficha de socia:

24. NADIA

Decirles que, de todas sus novelas, la más destacada es su historia "Patrulleros de la Noche":


Nota: Si quieres hacerte con un ejemplar de este libro en formato digital, no te pierdas el evento que pronto se organizará en el club para celebrar un día muy especial... Y hasta aquí puedo contar >.<

CUARTO RELATO NACIDO DEL RETO: LAS DOS CARAS DE UN MISMO CUENTO, BY MEMETIN

VAMPIRESA CENICIENTA


"Oh dulce Cenicienta que cumpliste tu sueño
pero a las doce al príncipe dejaste.
Él estuvo buscándote completamente obsesionado
hasta que al final apareciste."


Dejé el lápiz y suspiré profundamente. Yo no debería hacer esto, el preparar un tipo de poema para Sabrina. Ella es mi hermanastra y siempre intenta mostrar un talento que no tiene: el de crear historias y demás. Hoy viene y me pide que le haga una pequeña rima, ¿se cree que yo nací para hacer sus dichosos poemas? Oí a lo lejos los pasos vacilantes de mi hermanastra Débora que no paraba de mirarse al espejo y peinarse su larga cabellera rubia. Sentí que la causa por la que había venido a mi habitación era para pedirme algo, típico. Antes de dirigirme la palabra, empezó a poner poses raras en el espejo y a decirse lo guapa que es... lo que pasa es que ella no se refleja en él.

-¿Quién es la vampiresa más hermosa de todas? -se pregunta así misma.

-No lo sé, pero la más orgullosa es Débora Orgoglio -contesto de mala forma, Débora pone mala cara.

-¿Decías algo, sucia híbrida? -baja el espejo-. ¿Sabes una cosa? La Corte ha enviado un mensaje a mamá, se trata de un banquete para que el príncipe de los vampiros encuentre esposa y pronto dé el paso definitivo para ser rey... Va a ser hoy -sonríe con malicia-. A los híbridos como tú no se les permite asistir, sólo a los purasangre aristócratas... como yo.

-Muy bien, ¿a caso esperas que me tire de los pelos por celos?

Oigo como corre Sabrina hacia mí y me zarandea mientras grita cosas que no logro comprender. Mientras que Débora es la belleza, Sabrina es la inteligencia aunque todo tiene truco. Nadie se atreve a preguntar quién es la persona que hace los tratamientos de belleza de Débora (aunque la belleza de los vampiros sea increíble, cuesta mucho que perdure siéndolo) o los discursos de Sabrina. Ambas son purasangre de una de las familias más nobles de la Corte, como lo era mi padre que antes de fallecer se había casado con mi madrastra. Mi verdadera madre había sido una humana que amaba mi padre hasta que ella murió. En eso consiste mi actual situación: en hacer todos los favores de mis inútiles hermanastras y de mi seria madrastra a cambio de que a veces tenga momentos de libertad. Se podría decir que soy como la Cenicienta.

-Oh, Emily -me dice Sabrina-. ¿Podrías comprarme un bonito vestido en el centro comercial? Bien sabes que la luz me mataría completamente -hace un gesto dramático-. Y a nadie de la Corte le gustaría despedirse de una poetisa de alto calibre.

-¡Hey! -se queja Débora-. Yo también quiero que me compres un vestido bastante despampanante para dejar K.O. al príncipe -ríe de forma psicópata-. El príncipe se inclinará ante mí y me pedirá mil veces que me tenga como su pareja.

-¡¡No!! -grita Sabrina-. El príncipe se inclinará ante mí por mi intelecto y por el poema maravilloso que estoy preparando -me guiña el ojo-. Además, las rubias son tontas.

Se disponían a discutir cuando la voz chirriante de Lady Orgoglio, mi madrastra, resuena en torno a la habitación y nos pone los pelos como escarpias a las tres. Una palabra de Lady Orgoglio te mandaba al infierno o al purgatorio, debido a que toda cosa que diga es mala aunque puede ser un poco más suave. Da igual a que persona desprecie... pueden ser sus hijas, su gato, su criado hasta ella misma, lo malo es que con sus 500 años no haya cambiado ni un poquito. Se pasea por su habitación mientras fuma su pipa con elegancia. Y mira de reojo a sus hijas hasta que pone sus manos en mis hombros, siento como sus manos me inyectan un frío desolador que produce que empiece a temblar. Cuando empieza así, significa que he hecho algo malo.

-Estimada Emily, es una horrible curiosidad que el príncipe vaya a elegir esposa y que mis hijas no tengan la posibilidad de llegar a serlo... -hinca sus uñas y yo suelto un grito de dolor-. Sabes que ellas no pueden ir a la luz del día... en cambio tú has recibido el maravilloso don de poder hacerlo.

-¡No he dicho que no fuese a hacerlo! -grito mientras se me escapan algunas lágrimas.

-Y entonces, ¿a qué esperas para irte? -me pregunta de manera malévola.

-Ahora voy -aparto sus manos de mi hombro y salgo del cuarto. No puedo evitar acariciar mi hombro que aún siente ese glaciar frío que me inundó al suave roce de Lady Orgoglio. También percibo de que estoy sangrando, pero desvío la mirada para preocuparme en encontrar esos dichosos vestidos para mis hermanastras malcriadas.

 ***

Que pueda caminar a pleno sol del día sin desintegrarme, no significa que cuando me ponga bajo la sombra no note quemaduras en la cara. Por eso, siempre que termino de hacer las comprar me pongo bajo la sombra de uno de los árboles del parque. Así no sólo me tranquilizo sino que también regenero mis quemaduras. Por ello, las heridas ocasionadas por Lady Orgoglio habían casi desaparecido. Lo bueno de los vampiros es que pueden regenerarse, lo malo es que están condenados por sí mismos. Son tan fríos, tan maquiavélicos... no conozco a ninguno que no sea así.

Oigo de pronto como el viento zarandea unos arbustos más atrás; pero, al ver un leve mechón negro, sonrió y doy dándome cuenta de que en realidad es Dante. Él ha sido siempre mi amigo, desde pequeña antes de que mi padre se volviese a casar, y tiene mi misma edad (ambos tenemos 18). Lo llamo y saca la cabeza de los arbustos rápidamente. Se acerca corriendo a mí, por lo visto él es una persona también con piel sensible pero no es un híbrido o vampiro. Lo sé porque él no tiene los ojos rojos como los vampiros, ni la piel tan pálida. Sus ojos verdes incluso confirman que no hay maldad en él.

-¡Hey! -me saluda amigablemente-. ¿Has tenido que ir a comprar algo?

-Nada importante -aparto la bolsa y arrugo la nariz-. ¿Por qué te ocultabas en los arbustos?

-¡¡Quería sorprenderte!! -exclama de repente.

Sonrío al percatarme de que Dante tiene un montón de hojas enredadas en su precioso pelo negro. Así que me acerco a él y empiezo a quitárselas con cuidado.

-¿Qué tal va todo? -le pregunto.

-Oh... Bien, nada del otro mundo. He oído que tu casa se ha levantado un tanto alborotada hoy -cambia de tema.

-Bueno, por lo visto la Corte va a dar un baile por un motivo que a mí no me concierne -le quito unas ojas del flequillo.

Dante piensa que mi familia es aristócrata, lo es pero no de los humanos. Por lo que nunca le he dicho que soy una híbrida y mis hermanastras vampiresas. A saber qué haría si supiese eso, seguramente huiría de mí por el hecho de que podría beber su sangre y cosas así. Los vampiros purasangre y aristócratas se alimentan de la sangre de mayor calidad, lo que no son aristócratas beben sangre de menor calidad...
En cambio, los híbridos se alimentan de la sangre de las ratas, como es mi caso. Aunque puedo alimentarme de la comida humana y siempre me escaqueo de tomar sangre. Aún así siempre me da miedo decirle a un humano que soy mitad vampiro.

-¿¡Qué dices!? -exclama Dante y niega con la cabeza-. Siento que te verías muy linda con un vestido del tipo siglo 17.

-Pero Dante, yo nunca voy a querer involucrarme en una atmósfera tan fría y horrenda como esa. Si ya de por sí mi madrastra es fría... me pregunto cómo serán los demás que son peores que ella.

-Entiendo -frunce el ceño-. Me gustaría estar en un baile y que fuese contigo.

Enrojezco violentamente y cojo la bolsa con rapidez para irme corriendo a casa. Dante siempre bromea conmigo y, al mirar atrás, me di cuenta de que sonreía. Así que nunca me hará mucho caso, no debo hacerme muchas ilusiones. Sólo porque él sea amable, divertido, mi mejor amigo...
no significa que me guste completamente.

Al llegar a casa: terminé la rima (la edité también para que sonase mejor), peiné a mis hermanastras, las maquillé y le ayudé a vestirse sus pomposos vestidos. Me da igual cuán entusiasmadas estuviese, porque lo que espero es quedarme completamente en casa sin que nadie me mire o me mande hacer algo que no quiero. Cuando Débora, Sabrina y Lady Orgoglio estuvieron preparadas, suspiré de cansancio. Sus vestidos pueden presumir de tener colores elegantes y cortes sumamente juveniles (en el caso de Sabrina y Débora). Además llevan las mejores joyas, joyas de parte de la familia de mi padre que fueron pasadas de generación en generación. Al ser una híbrida, no tengo derecho a ese tipo de cosas aunque no es algo que atesorase mucho. Si lo hiciese, ellas no llevarían esas joyas. Llamaron al timbre y Lady Orgoglio mandó a Débora y Sabrina que entrasen en el coche ya. Así que me quedo con Lady Orgoglio bajo la luz de las velas que se encuentrasn en la telaraña de cristal que hay en la enorme entrada. Por un momento creo ver un leve brillo de temor en los ojos escarlata de Lady Orgoglio.

-¿Cuándo volverán?- pregunto.

-Seguramente un poco tarde -comenta-. Espero que estés despierta...

-¿Y eso por qué? -frunzo el ceño sospechosamente.

-Emily, si mal no recuerdo, tú tienes 18 años.

Asiento con la cabeza. Lady Orgoglio se acerca a mí y levanta mi barbilla con sus manos completamente heladas. El mismo escalofrío de antes, me vuelve a recorrer. Se dibujan en su rostro algunas pequeñas arrugas y forma una sonrisa maquiavélica.

-Emily, hay algo que debo comentarte -coge un mechón de mi pelo castaño-. Tu madre no era una simple humana.

-¿¡Qué!? -me quedo acongojada-. No bromee conmigo, madame.

Lady Orgoglio acaricia mis mejillas mientras me sigue sonriendo de la misma manera.

-Eres tan repugnante como ella -susurra-. Ella se enamoró de tu padre cuando ella realizaba su asesinato.

Me quedo de piedra. Sé perfectamente que significa eso... La gente que realiza asesinatos a los vampiros son las personas que desean su extinción sea como sea. Una cazavampiros se enamoró de mi padre, supuestamente yo también debería ser cazavampiros... lo cual es una completa ironía. Lady Orgoglio gruñe y araña mi mejilla con sus afiladas uñas. Emito un gemido de dolor y me aparto de un empujón de ella. Me paso la mano por la mejilla y me la encuentro llena de sangre.

-Tu padre no sabía la circunstancia de tu madre, cuando él murió todos nos dimos cuenta de eso. Decidimos ocultártelo hasta que cumplieses los 18 años y así matarte -se acerca a mí y lame la sangre de mi mano. Arruga la nariz y después escupe-. Asquerosa...como tú.

-¿Por qué a los 18 años? -pregunto en un momento de valentía.

-Porque un cazavampiros empieza a actuar con sólo 18 años... y porque no quería correr el riesgo de que pudieses matar al príncipe -me abofetea-. Cuenta las horas, minutos y segundos que te quedan en esta vida... porque te juro que nunca volverás a tener otra.

Me lanza al suelo y me vuelve a mirar de esa forma tan odiosa. Sale de casa, cerrando las puertas con llave. Corro hacia ellas intentando abrirlas pero me es imposible... Da igual cuántas veces tire de ellas; al final, acabo deslizándome por la puerta hasta caer al suelo. Ahora debería llorar el hecho de que voy a morir, no obstante no lo hago. En vez de desesperación, me inunda la venganza y el orgullo destrozado. Toda mi vida he estado siendo la porquería que inundaba este lugar, nunca tuve consideración alguna y sin duda prolongaron mi vida para que hiciese el rol de la estúpida chica que sirve los horribles deseos de sus amos. No, no era momento de ponerme a llorar como quién no quiere la cosa... Me levanto y doy pequeños pasos que resuenan por la vacía casa. Me acerco a la habitación de Débora y empiezo a buscar entre todos sus vestidos elegantes. Ella no notará que son suyos, porque no se acuerda de ellos... Sin duda alguna, haré que todo lo que me han hecho sufrir se cumpla... No habrá perdón, aunque tenga que acabar con todos los miembros de la Corte.

 ***

Una vez llego al baile, todos los vampiros se quedan anodados al verme. La gente se pregunta quién soy o a qué familia pertenezco. Nadie puede notar que soy como una rosa: bellas pero llena de espinas. Débora bufa al notar que no prestan atención a su maquillada belleza y Sabrina se ocultó entre las sombras cuando me burlé de la rima... es irónico que me critique a mí misma. Ya tenía todo calculado para el final de la Corte al estilo Hamlet, da igual qué era lo que sucedía al final, todos compartirían el mismo destino...
incluido ese insignificante príncipe.

Unas trompetas resuenan en el salón y un híbrido anuncia la llegada del príncipe. Estoy ansiosa por saber quién es el desdichado a quién mataré junto con sus vasallos, la venganza no solo concierne a mi familia sino también a su especie. Desde hace tiempo, una idiota con mi mismo nombre pensaba en ser libre alguna vez... pero me doy cuenta de que si no acabo con ellos nunca lo seré. Las cortinas rojas se abren y todo el mundo espera a un vampiro orgulloso de sí mismo y fuerte. Pero, la cruda realidad es que ninguno de los presentes nos imaginábamos quién era. Un chico alto, de pelo negro y extraños ojos verdes. Un híbrido, bromas de la vida, llegaría a ser el rey de los vampiros. Todos toman eso como algo horrible, pero a quién más impactó fue a mí. Dante... es él, no tengo ninguna duda... Nunca pensé que eso fuese posible. Sonrío mientras que Dante baja las escaleras pasando completamente de algunos murmullos ofensivos hacia él. Ya nada me importa: ni la venganza, ni una masacre... Por un momento, sólo pienso en él. Mientras que los vampiros se burlan de su aspecto casi humano, yo no pude evitar que él sí es un verdadero príncipe encantador. Voltea la cabeza y me ve, pienso que no sabe quién soy pero soy la única que no ha dicho nada malo. Me acerco a él con cautela, mientras que él me mira con extrañeza.

-Me gustaría ir a un baile y que fuese contigo -le susurró al oído-. Sólo me tienes hasta las 12 de la noche, Dante...Y entonces, desapareceré de todos ellos. Pero, como en el cuento de la Cenicienta, el príncipe encuentra a Cenicienta.

Dante sonríe y me aparta un mechón del pelo. Me coge de la muñeca izquiera y rodea mi cintura con el otro brazo. Entonces, suena la música... Todo está olvidado.

-Entonces -sonríe-. No te olvides del zapato.

-Por una extraña razón siempre supe que estaba enamorada, pero pensé que sólo bromeabas -digo insegura, ahora soy una completa idiota que ha olvidado algo que debía hacer por encima de todo. ¿La Cenicienta se sintió así alguna vez?

Todos se pusieron a bailar al ritmo de la música. Por un momento pasamos desapercibidos, Dante se inclina y me besa con ternura.

-¿Ahora lo crees? -me pregunta.

-No, por eso, te confío esto -le doy una postal antigua que guardaba mi madre hace tiempo y que encontré antes de ir al baile. En ella está la foto de su antigua parcela, imposible de que vampiros lleguen hasta ella por los soleados días que siempre hay-. Éste es mi zapatito de cristal.

-Entonces, no tardaré en encontrarte -me vuelve a besar-. Mi Cenicienta...

Colorín, Colorado... Aunque no lo creaís, este cuento se ha acabado.


FIN


Ahora le toca a Melii escribir este mismo cuento pero desde el punto de vista de Dante. Lógicamente, no será muy extenso ya que estos dos personajes (Emely y Dante), apenas coinciden en toda la historia... Y ¡claro!, Melii tendrá que escribir justamente sobre esas escenas que ambos comparten, jejeje >.<

Saludos!