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jueves, 15 de septiembre de 2011

CONTINUACIÓN DE LA HISTORIA "HILO ROJO DEL DESTINO" BY HADA FITIPALDI

-Él... él me engañó -continuó, con hipidos, soltando al fin el secreto que había guardado durante tanto tiempo-. Él me sedujo a espaldas de Roberto y yo le creí. Creí que me quería y caí en sus redes. Cuando supo que estaba en cinta y que el bebé era suyo y no de su hijo, me abandonó. Yo nunca le confesé a mi hermano que el niño no era de Roberto ya que temía que me regañara o algo peor... Pero él si lo supo y se enfadó mucho conmigo y con su padre. En venganza, dejó de hablarle y respecto a mi, fue hablando mal de mi persona y me creó una muy mala reputación de la que aún no me he librado. Por mi culpa y malas decisiones perdí a un buen chico que me quería... -no pudo acabar, rompiendo en un sonoro llanto. El niño también lloraba a todo pulmón. 

Yo estaba demasiado desconcertada y no sabía qué decir. Simplemente me acerqué más a ella y la abracé para consolarla.

-¿Caroline? -el profesor Vincent entraba en ese momento, mirándonos alarmado- ¿Qué haces aquí?, ¿qué ha pasado?.
By Angy. W


-Hola profesor -dije insegura, separándome un poco de Carla, que intentaba ocultar el rostro volviéndolo a un lado-. Tenía un par de dudas, pero creo que ya las he solucionado.

-¿Dudas respecto a qué? -Vincent se acercó con grandes zancadas a donde nos encontrábamos. Pude observar como reprimía el impulso de agarrarme, su voz estaba cargada de angustia- ¿Y por qué Carla está llorando?. 

Vacilé angustiada buscando con la mirada los ojos de Carla, que seguía con la cabeza gacha mirando a su bebé. Ésteya había dejado de llorar, al igual que su madre, y yo solo podía oír un ligero arrullo que Carla entonaba para tranquilizarlo. Suponía que si Vincent había estado un año sin enterarse de la verdadera identidad del padre de su sobrino, no debía ser yo quién se lo soltara de buenas a primeras. Intenté buscar alguna excusa ante la inquieta mirada del profesor, que saltaba de su hermana a mí, pero Carla habló antes de que yo pudiera intervenir. 

-Vincent no agobies a Caroline, ella solo intentaba ser amable conmigo -su voz sonaba sosegada, admiré la capacidad que había tenido para serenarse en solo un momento-. Además tú siempre te jactas de tener las puertas abiertas para tus alumnos, deberías ser más cortés. 

-No cambies de tema Carla, sabes tan bien como yo que no soporto que me hagan eso -Vincent me rodeó poniéndose delante de su hermana con el rostro enfurecido-. Todavía no sé por qué estabas llorando. 

-No es de tu incumbencia hermano -En el rostro de la chica se apreciaba determinación, y quizás también cierta ternura que intentaba reprimir-. Ahora necesito que bañes a Víctor mientras le paso a Caroline unos apuntes míos. 

Vincent nos miró alternativamente con una expresión que iba de la frustración a la irritación. Finalmente clavó sus ojos en mí.

-Espero que al menos esto te sirva para ir con la gente adecuada -en sus oscuros ojos grises parecía esconder un gran pesar; aquella mirada chocaba con la juventud de su rostro-. Si andas con escoria, tú también acabarás siéndolo. 

El profesor cogió al pequeño Víctor entre sus brazos, desapareciendo en el pasillo que quedaba a la izquierda. Carla se dispuso a seguirlo, pero antes me cogió el brazo con la mano, posando su cálida mirada sobre mí. 

-No quiero que le digas nada de esto a Rob -su voz seguía siendo suave, pero un ligero temblor alteraba la aparente calma-. Tiene todo el derecho del mundo a odiarme por lo que hice, y tendrá sus motivos para no haberse puesto en contacto conmigo… 

-Pero no está bien dejar tirada a una amiga, a pesar de que cometieras un error -la interrumpí molesta por su aceptación. 

-Caroline, Roberto es un buen tío, odio haber acabado así con él porque era un gran amigo, pero de verdad creo que no le debes decir nada sobre nosotros.

 -No sé si podré callarme, Carla.

 -No me voy a enfadar hagas lo que hagas, pero ya te he dicho lo que pienso -se inclinó besándome la mejilla-. Vuelve cuando quieras. 

Me dirigí a la puerta notando una presión creciente en mi pecho, que se fue abriendo paso poco a poco hasta llegar a mi garganta, formando un nudo insoportable. Cuando salí de la casa, dejé que la noche se bebiera mis lágrimas y escuchara mis sollozos, mientras caminaba por las calles vacías y solitarias. Me dolía el mismísimo corazón, y podía haber quien pensara que no, pero yo sabía que ese dolor sordo y desgarrador provenía de ese órgano.

No me cabía en la cabeza como podía haber un ser tan ruin como para robarle la novia a su hijo, dejarla embarazada siendo encima menor de edad, y además tener la vileza de dejarla tirada entonces. A partir de ese momento odiaba oficialmente a Lorenzo Di Steffano. Pero tampoco me gustaba la idea de que Roberto hubiese dado de lado a Carla de aquella manera, y encima la hubiese criticado a sus espaldas. Aunque lo que más me irritaba era que mis sentimientos hacia él no habían cambiado ni un ápice. Seguía totalmente colada por él, enamorada sin remedio, aunque muy enfadada.

Cuando llevaba al menos diez minutos caminando, el sonido de un coche me sacó de mis pensamientos. Seguí mi camino, ignorando el vehículo, pero ralentizó el ritmo adaptándose a mi paso.

-¡Ey, princesa!, ¿quieres qué te lleve? -una joven voz de chico hizo que me volviera-. Te apuesto una botella de vodka a que voy en tu dirección.

Lo miré torciendo el gesto, y reconocí al instante el rostro color chocolate de Ian, el compañero de Roberto. 

-No estoy de humor para tratar con gilipollas -seguí caminando sin detenerme. 

-Prometo no abrir la boca de aquí a tu casa -indicó con gesto angelical.

Para ser sinceros, no me apetecía nada montarme con aquel tío que apenas conocía. Pero me quedaban al menos otros diez minutos caminando, así que le dí una patada a mi sentido común y me senté en el asiento del copiloto. 

-Si dices cualquier tontería… -dije abrochándome el cinturón- No, mejor, si dices cualquier cosa, me bajo inmediatamente del coche. 

-¿Y si te meto mano? -preguntó con una sonrisa pícara.

 Hice amago de bajarme, pero Ian hizo el gesto de ponerse una cremallera en la boca y aceleró el coche, mientras “Uprising” de The Muse llenaba el ambiente con sus notas.

Como había prometido, Ian no dijo una palabra hasta llegar a su portal, donde paró el coche. Cuando me disponía a bajar, una figura alta me abrió la puerta del auto.  

-Hola, preciosa -Roberto se inclinó hacia mí en busca de un beso, pero me aparté rápida antes de que sus labios encontraran su objetivo. Confundido miró a Ian-. ¿Qué hacías tú con éste?.

-No te importa -Lo miré en un pobre intento de trasmitirle frialdad. Después trasladé mi mirada hacia Ian, que tenía sus oscuros ojos clavados en nosotros-. Gracias por traerme. 

-Siempre es un placer -dijo haciendo una leve reverencia. 

Empecé a caminar hacia mi portal, pero una firme presa en mi brazo impidió mi avance. Me solté de una fuerte sacudida y sin mirar atrás corrí hasta cerrar la puerta a mi espalda. Cuando llegué a mi habitación me apoyé en la ventana, odié que diera a la casa de mis nuevos vecinos, y lloré hasta que no me quedó ni un ápice salado por derramar.

2 comentarios :

Déborah F. Muñoz dijo...

vale, ahora me toca a mí ¿verdad? Voy a montar una bien gorda XD
A todo esto, dulce, ya tengo mi principio del reto nuevo. He elegido a las que continuan de la lista que pusiste por random porque no sabía a quién elegir. ¡Espero que te guste!
http://escribolee.blogspot.com/2011/09/inicio-del-reto-diferentes-versiones-de.html

flor dijo...

gracias por un capitulo mas !!!