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domingo, 11 de diciembre de 2011

"ESCLAVOS DE LAS SOMBRAS" MITCHELL PARTE 4 By D.C. López (+18)



Jennifer no podía dar crédito a todo lo que veía que estaba pasando a su alrededor. Hacía escasos minutos estaba atrapada entre las garras de aquél bastardo que había violado a su querida y pobre amiga Saraí -la cuál yacía a pocos metros de su posición-, y ahora estaba tirada en el suelo junto con las otras chicas que había conocido en la discoteca.

Saraí parecía estar mal herida, o quizás incluso sin vida, no se movía, no se quejaba ni decía nada. Por lo que pudo ver a través de sus constantes lágrimas y desde donde ella se encontraba , su piel era extremadamente pálida. Y de sus brazos eran visibles las señales de marcas de mordiscos, varios de ellos, que aún estaban sangrando. "¿Que estaban haciendo aquellos dos hombres con ella?, ¿morderla?, ¿chupándole la sangre?".

Pero aquello era imposible... "¿Por qué harían eso?".

Y ahora un perro enorme, de apariencia espeluznante, apareció de la nada y se aproximaba lentamente, mientras mordía y destrozaba a todo aquél que se le acercaba. Y ahora iba directo hacía ellas.

Tembló de miedo y los dientes le castañearon, con sólo la idea de ser devorada por aquella bestia inmunda. Pero el animal no las atacó, es más, parecía que las estaba protegiendo.

Las cosas sin dudas se ponían cada vez más extrañas.

Y cuando vio a los hombres que la habían atacado a ella y a Saraí con largos colmillos asomando por sus bocas, comprendió que se trataban de vampiros. "¡Oh, Dios mío, los vampiros existían y ellas estaban allí atrapadas, con más de una docena de ellos alrededor!, y para colmo, no paraban de aparecer más y más de esas criaturas".

Pero entre todos ellos, un hombre rubio de larga cabellera destacaba entre ellos, iba vestido todo de negro y de cuero y por lo que parecía ser, no era muy amigo de los otros. Blandía un largo látigo y con éste, comenzó a dar diestro y siniestro a todo aquél que se atrevía a desafiarle.

¡Por fin tenían ayuda!, pero Jennifer no creía que una sola persona pudiera con toda esa horda de vampiros.

Entonces un quejido procedente de Lila la hizo salir de su embelesamiento y desvió su atención a la mujer que estaba mal herida y sangrando.

-¡No cierres los ojos! -le susurró.

Ella no entendía mucho de medicina ni nada de eso, pero había oído sobre los inconvenientes de dormirse cuando uno estaba herido y sin dudas,  la morena lo estaba.

Y Eveline no parecía estar mucho mejor, estaba toda desmadejada, abrazándose así misma, en un intento de darse valor y seguridad.

El ladrido de otro perro igual de intimidador o más que el anterior, apareció junto a ellas y al igual que el otro, parecía que no tenía intenciones de dañarlas, sólo de protegerlas.

"¿De donde salían esos extraños animales?, ¿que estaba pasando?", Jennifer no encontraba respuestas a todas sus dudas, sólo sabía que un segundo hombre también con apariencia amenazante, se unió al rubio y entre los dos, daban muerte a sus atacantes.

Y luego algo extraño pasó, por alguna razón Eveline se lanzó sobre ella, cubriendo su cuerpo con el suyo lastimado. 

Jennifer no sabía que era lo que estaba pasando y por que la pelirroja había hecho eso. Pero entonces, cuando la mujer gritó de dolor, comprendió lo que pasaba.

La estaba protegiendo de uno de ellos, que se había lanzado sobre ellas y ahora mordía a la mujer sin consideración alguna.

Y Lila no pasaba por mejor suerte, otro de aquellos seres la sujetó del tobillo e intentó jalar de ella para llevársela consigo, pero el rubio llegó a tiempo para ayudarla.

Apenas podía ver algo, ni siquiera podía respirar ya que Eveline la aplastaba contra el suelo con el cuerpo inerte. 

Parecía que había perdido el conocimiento.

-¿Eveline? -, preguntó con miedo.

Esperaba que sólo hubiera sido eso, que  se hubiera desmayado, no quería pensar que había corrido la misma mala suerte que su amiga Saraí.

Estaba apunto de apartar el cuerpo de la chica a un lado para examinarla y ver en que podía ayudarla, cuando el chico moreno que había luchado mano a mano con el rubio, se acercó a Eveline y se encargó de ella.

Esos desconocidos habían sido muy amables con ellas y por alguna extraña razón, las estaban ayudando. Y no parecían sorprendidos de encontrarse con esas criaturas que se suponían eran un mito. "¿Y por que llevaban todos armas y sabían luchar también?".

Tenía un cacao mental, con tantas preguntas sin respuestas...

El hombre las tuvo que dejar otra vez solas, pero antes le advirtieron que no se movieran de allí. Pero ella no quería seguir en aquél horrible lugar, esperando a que la muerte viniera a por ella.

Miró al coche de su amiga que no estaba muy lejos de donde ellas se encontraban, quizás si era veloz llegaría hasta allí y podría salir de ésta. Sólo tenía que coger las llaves que Saraí tenía en el bolsillo, echar a correr mientras los demás peleaban y montar en el auto. Le daría gas y se acercaría a por las otras chicas, las cuales necesitaban urgentemente atenciones médicas. Y si alguno se tropezaba en su camino, lo atropellaría sin dudarlo dos veces. ¡Aquellos cabrones dañaron a su mejor amiga!.

Luego llamaría a la policía y a la ambulancia, les daría la dirección de aquél asqueroso lugar.

La decisión estaba tomada.

Se arrastró lentamente hacía el cuerpo de su amiga, con los ojos aún anegados en lágrimas. "Seguro que aún está viva", se decía una y otra vez, simplemente se negaba a creer que Saraí había desaparecido de su vida.

Cuando al fin la alcanzó, tocó su pulso con manos temblorosas, pero nada, no lo encontraba. Acercó su oreja al pecho de la muchacha, esperando encontrarse con sus latidos, aunque fuesen débiles, pero tampoco escuchó nada.

Su llanto se volvió un sollozo y cuando al fin se calmó, decidió con más ahínco llevar a cabo su plan y por el camino, se llevaría unos cuantos por delante.

Con las llaves ya en su poder, echó a correr todo lo que sus piernas temblorosas fueron capaces, hasta que estuvo junto a la puerta del vehículo. Pero no alcanzó a abrirla, un cuerpo pesado cayó sobre su espalda, tirándola al suelo cuando se produjo el fortuito contacto.

Intentó girarse para ver que era lo que pasaba, pero unos colmillos clavándose en su hombro la hizo detenerse y gritar de dolor.

Aquello era insoportable y cuando creía que se iba a desmayar por esa horrible agonía, la presión de aquel bastardo desapareció.


***


Mitchell saltó al último tejado de todos aquellos altos edificios y se asomó por la cornisa del mismo, y lo que vio allí abajo le hizo hervir la sangre.

True y Kairós estaban allí, junto con sus mascotas, destrozando y mutilando a una gran multitud de vampiros y demonios.

"¡Al fin algo de diversión!", pensó para si mismo, a la vez que sonreía deleitándose con la idea de machacar y hacer sangrar a esos mal nacidos, pero cuando su mirada cayó sobre unas mujeres que estaban allí atrapadas, en medio de esa sangrienta batalla, su expresión cambió de golpe.

Pero la que más le llamó la atención y estaba en mayor peligro, era una rubia que estaba apartada de las otras, tirada en el suleo junto a un auto y estaba gritando de dolor.

Un vampiro la estaba drenando.

-Ahora nos toca a nosotros -le dijo a su perro infernal, que estaba al lado suyo.

Lo tomó en brazos y juntos, se lanzaron al vacío.

Nada más tocar el suelo con sus pies, soltó al perro que a su vez corrió para atacar a un demonio que se acercaba a ellos, y él agarró del pelo al atacante de la rubia.

Tiró de él fuerte, lanzándolo lejos de la muchacha y con los ojos chispeando de rabia, se lanzó contra él, blandiendo sus dagas.

En ese momento, dos vampiros aprovecharon la ocasión para salir corriendo de allí, huyendo como dos perros asustados con el rabo entre las piernas. Pero él no podía ahora encargarse de ellos, tenía un asunto pendiente con aquél vampiro que había mordido a aquella pobre muchacha.

Si llega a demorarse un poco más, la hubiera dejado seca. De eso estaba seguro.

Lo golpeó duramente con la pierna, dándole patadas en el pecho y en la cara. Por último, dio un giro en el aire y cuando cayó sobre el vampiro, sus dagas se clavaron profundamente en su garganta. Giró las muñecas con un movimiento calculado y el cuello cedió, quebrándose y dejando la cabeza colgando en un ángulo doloroso.

Finalmente el cuerpo se desintegró en pocos segundos.

Aún no había terminado de observar como aquél vampiro se evaporaba, cuando notó la presencia de un demonio que venía por detrás. Sin darse la vuelta, lanzó el brazo hacía atrás y le golpeó los morros con el codo. El hombre gritó de dolor, pero no le dio tiempo a más, Mitchell se encargó de silenciarlo para siempre. Hundió sus armas una y otra vez sobre su pecho, a la altura del corazón del demonio, hasta que éste desapareció también.

Mientras avanzaba hacía la hermosa rubia que estaba semi inconciente en el suelo, machacó, desmembró, mutiló hasta la muerte, a toda criatura que osaba a desafiarle.

Al fin llegó a ella, la tomó en sus fuertes brazos y se acercó a sus colegas. Aquellos temibles exterminadores habían hecho un buen trabajo, las manchas de sus ropas y todo el caos que los rodeaban, daban constancia de ello.

-¡Hey Mitchell! -le dijo Kairós en un saludo.

-¿Estabais de fiesta y no pensabais invitarme? -preguntó irónicamente.

-Siempre te apuntas a última hora... ¿para que íbamos ha hacerlo?.

Esta vez era True el que le había contestado, mientras le estrechaba la mano en un saludo.

Luego los tres hicieron un recuento de daños, sus mascotas estaban bien, algo jadeantes y agotados, pero sin daño alguno aparente; y dos de las tres chicas estaban vivas, heridas, pero con vida.

Mitchell miró de nuevo a la mujer que llevaba entre sus brazos y comprobó que sus constantes vitales eran correctas. Todo bien con ella.

-Chicos, dos de ellos lograron escapar -les dijo con voz seria-,  ¿sabeis lo que eso significa? -preguntó Mitchell, sin dirigirse a alguno en particular.

-Que las chicas estan en peligro y no pueden regresar a sus casas... -susurró True, siendo cosciente de la gravedad de sus palabras.

Los tres se miraron entre sí en silencio, luego a las mujeres que a su vez, también los miraban expectantes.

-¿Y ahora qué? -dijo uno de ellos.

Eso mismo se preguntó Mitchell, "¿que harían ahora con ellas?".






1 comentarios :

Natalia dijo...

me tengo que leer esto, haber si hay tiempo