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martes, 29 de noviembre de 2011

RELATO Nº 10 PARA LA ANTOLOGÍA NAVIDEÑA (Paranormal) by Kelly Dreams

Angel´s Christmas





Eve llegaba tarde a la cena de Noche buena, los limpia parabrisas movían los diminutos copos de nieve que caían sobre el coche, había empezado como una tenue llovizna al salir de la autopista terminando por convertirse en la tempestad de nieve que caía ahora mismo dificultando la visibilidad.
No era como si nunca antes hubiese hecho aquel recorrido, desde la muerte de sus padres en un accidente de tren varios años atrás, Mikaela era lo único que le quedaba. Ella la había acompañado durante aquellos duros momentos, habiendo estudiado en el mismo instituto y después en la universidad se habían convertido en algo más que amigas, casi hermanas, vivieron durante casi cuatro años compartiendo piso hasta que Mikaela se casó con Trevor, un adorable y simpático abogado que la trataba como una reina. Se había convertido casi en tradición que pasasen las navidades los tres juntos, como una familia.
La radio hacía ya un kilómetro que se había convertido en estática intermitente, no era algo nuevo en aquel tramo del norteño pueblo. La señal iba y venía, incluso la telefonía móvil carecía de cobertura hasta superar la siguiente colina.
Un par de quilómetros más y encontraría la gasolinera desde la cual podría acceder al ramal de la izquierda que la conduciría directamente a la casa de campo que Mikaela y su marido habían adquirido hacía algo más de un año. Había sido una ganga según su amiga, aunque en opinión de Eve estaba demasiado lejos de la civilización.
—Maldita sea —murmuró Eve aguzando la vista, sus manos aferradas al volante mientras intentaba ver el camino más allá del haz de luz que emitían las luces del coche y que a duras penas atravesaban la nieve—. Tendría que haberle hecho caso y salir por la mañana, al menos vería por donde voy.
La mañana había amanecido clara y despejada, un día perfecto para coger el coche y salir a la carretera, o al menos había sido así hasta el medio día.
—El Land Rover que había alquilado en el aeropuerto lo había conducido anteriormente, la mujer de la agencia incluso la había reconocido, había sido ella la que le había mencionado que el tiempo empeoraría.
—Vamos, la gasolinera tendría que estar ya a la vista —masculló intentando ver algo a través de la capa de nieve—, dónde demonios… Oh… mierda… ¡Joder!.
Eve pisó el freno con fuerza cuando las luces del coche se cruzaron con una sombra, la dirección empezó a girar sola mientras luchaba por sostener el volante, girándolo en sentido contrario, las ruedas derrapaban sobre el resbaladizo suelo, y ahí estaba de nuevo, una nueva sombra, la silueta de alguien o algo cruzándose en su camino un instante antes de que se sintiera lanzada hacia delante, retenida en el último momento por el cinturón de seguridad. El sonido del golpe resonó en sus oídos mientras la cabeza le explotaba de dolor dejándola desorientada y dolorida durante un breve instante.
—Mierda, joder… —masculló llevándose la mano a la dolorida cabeza, sus dedos tocaron algo húmedo a la altura de la sien, un vistazo a la mancha rojiza en sus yemas la obligó a hacer una nueva mueca—. Oh, fantástico, simplemente fantástico.
El ronroneo del motor llamó su atención obligándola a girar la llave para apagarlo, moviéndose despacio, desprendió el cinto de seguridad y gimió al sentir un ligero mareo. Maldiciendo en voz baja, se estiró hacia la puerta, sus dedos acariciaron la manilla de la puerta pero antes de que pudiese abrirla, una potente luz atravesó el cristal de la ventanilla cegándola momentáneamente mientras la puerta se abría desde fuera.
—¿Estás bien?.
El sonido de aquella extraña voz masculina penetró a través de la cegadora luz, Eve alzó la mano para escudarse el rostro.
—Podría estar mejor si apartases esa luz de mi cara.
Tan pronto pronunció aquellas palabras, la intensidad de la luz disminuyó hasta que pudo verle. Unos profundos y brillantes ojos azules se destacaban en un rostro anguloso y masculino, las barbudas mejillas acariciadas por los rebeldes mechones de pelo negro que apartó de su camino con un golpe de sus dedos.
—¿Te encuentras bien?.
Eve descendió la mirada por la enorme figura masculina, una mano grande y callosa se extendió hacia ella acariciándole la herida en la frente, estremeciéndola.
—Estaría mejor si no me doliese tanto la cabeza —murmuró apartándose de la suave caricia masculina, sus ojos marrones volaron más allá del hombre, donde la nieve parecía haber dejado de caer—. Me ha parecido ver a alguien, entonces el coche se me fue… ¿hay alguien herido?.
El hombre frente a ella negó lentamente con la cabeza y dio un paso atrás.
—No —respondió con esa misteriosa y profunda voz—. Temo que la única que ha salido herida has sido tú, he visto tu coche saliéndose de la carretera antes de chocar contra el árbol.
—¿He chocado contra un árbol?. Oh, estupendo, a los del seguro les va a encantar —musitó con un profundo suspiro agarrándose del borde de la puerta para salir del coche. Su equilibrio sufrió un ligero revés cuando se incorporó y de no ser por los rápidos reflejos del hombre, habría terminado en el suelo.
—Cuidado.
Wow. Eso si eran reflejos, pensó ella posando la mano sobre el brazo masculino, estremeciéndose al sentir lo frío que estaba. Eve reparó entonces en que el hombre no llevaba más ropa de abrigo que una delgada cazadora de cuero, un jersey y pantalones vaqueros.
—Gracias —murmuró en voz baja, incapaz de apartar la mirada del hombre—. Yo… gracias.
Él se limitó a sonreír y la ayudó a alejarse un par de pasos del coche, la nieve parecía haber elegido aquel momento para dejar de caer, el cielo estaba oscurecido pero ya no nevaba.
—Deberías abrigarte, ha dejado de nevar pero la temperatura es baja.
Ella parpadeó un par de veces y se volvió hacia el coche, su bolso y chaqueta estaban en el asiento trasero.
—Sí, creo que una neumonía es lo último que necesito ahora mismo —aseguró volviéndose al coche para recuperar su chaqueta y el bolso. Tal como había esperado, el móvil no tenía cobertura—. Demonios, no hay cobertura.
—Tienes una gasolinera a unos dos kilómetros.
Eve se giró y siguió la dirección en la que él estaba mirando, a lo lejos ya podía verse ahora unas opacas luces.
—Sabía que estaba cerca —suspiró echándole un vistazo al coche, viéndolo de cerca, empotrado contra el árbol, se le encogía el estómago—. Oh, sí, los del seguro van a flipar.
Suspirando, deslizó la mirada alrededor, frunciendo el ceño cuando no encontró ningún otro vehículo.
—Vivo aquí cerca.
Eve se giró de nuevo hacia el hombre, quien había respondido a la pregunta que todavía estaba fraguándose en su interior.
—Me gustan las noches nevadas, especialmente en navidad —continuó con amabilidad.
—Sí, vaya una noche para tener un accidente, ¿verdad? —respondió intentando quitarle hierro al asunto—. Soy Eve, por cierto.
Ella le tendió la mano.
—Cael —respondió tomando su mano en un rápido saludo—. Estas carreteras son traicioneras, no eres la primera que acaba empotrándose contra un árbol… ni tampoco serás la última.
Ella se sonrojó un poco.
—No sé si alegrarme por ello o no.
Cael se limitó a señalar el camino.
—Te acompañaré hasta la gasolinera para que puedas dar parte del accidente y ponerte en contacto con los tuyos.
Ella se lo quedó mirando durante un largo instante, entonces suspiró y sacudió la cabeza.
—Esto es sin duda la cosa más rara que me ha pasado en toda la vida —se rió ella para luego llevarse la mano a la frente con un gesto de dolor—. Nota personal, no reírse. Duele.
Ahora fue el turno de Cael de reírse lo cual atrajo la atención femenina.
—Estarás bien, Eve —le dijo, pronunciando su nombre por primera vez—. Te sentirás mucho mejor cuando te reúnas con tu amiga y celebréis la navidad en familia.
Ella no dijo nada, no estaba segura de qué podía decir al respecto, en cambio cerró las puertas del coche y señaló la carretera.
—¿Nos vamos?.
Cael asintió y la instó a empezar la caminata.
Treinta minutos después y congelada hasta los huesos, Eve suspiró de alivio al ver las luces de la pequeña tienda de la gasolinera.
—¡Por fin! —gimió apresurando el paso hacia la iluminada tienda—. Lo primero que voy a hacer será tomarme un café con leche calentito, después llamaré a Mikaela y si tengo suerte, intentaré que el servicio de asistencia en carretera recoja el coche… Sí, muy optimista de mi parte, ¿huh?.
Eve se giró sólo para ver que su silencioso acompañante se había quedado al borde de la carretera.
—¿Cael?.
Él se limitó a sonreírle.
—Ten una feliz navidad, Eve.
Frunciendo el ceño, Eve abrió la boca para preguntarle qué ocurría sólo para terminar boqueando como un pez cuando el hombre dio media vuelta y desapareció mientras se alejaba por la carretera.
Aquella noche, con una tirita en la frente, el coche remolcado por la grúa y los regalos de navidad colocados bajo el árbol, Eve relató lo ocurrido a su amiga Mikaela quien escuchó en silencio cada palabra hasta el final.
—Empiezo a preguntarme si no tendré una conmoción cerebral, es la única forma en la que puedo… explicarme… eso.
Su amiga, sonriente la abrazó.
—Ay, Eve, no tienes ninguna conmoción cerebral, el médico aseguró que tienes la cabeza más dura que una roca.
Ella hizo un mohín.
—Déjalo, Mikaela, es más sencillo pensar que tengo una conmoción cerebral a que he caminado durante casi dos quilómetros con un fantasma.
Su amiga sonrió.
—Eres una persona afortunada, mi querida Eve, no fue un fantasma el que te guió hasta la gasolinera, el que te protegió después del accidente, ha sido tu regalo de navidad —le aseguró con cariño—. Si no un ángel…
—¿Un ángel? —repitió con absoluta ironía.
Ella asintió con una sonrisa.
—Cuando caen las primeras nieves, los ángeles bajan a la tierra y tiñen estas colinas de calidez y bondad —explicó, relatando de memoria aquello que le habían narrado—, los más ancianos del lugar hablan de un hombre solitario que recorre la carretera en las noches de navidad, ayudando a aquellos que están en problemas. Algunos lo han llamado fantasma, pero las plumas que han aparecido a la mañana siguiente en el lugar dónde ese ser ha aparecido, ha hecho que la gente empiece a llamarle ángel… el ángel de la Navidad.
Eve frunció el ceño.
—Fantasma, ángel… —ella negó con la cabeza—, prefiero mi conmoción cerebral, Mikaela.
Riendo, su amiga le revolvió el pelo y la empujó hacia la habitación en la que aquella noche dormiría Eve.
—Ya veremos si mañana piensas lo mismo.
Correspondiendo a su sonrisa, Eve abrazó a su amiga y le deseó las buenas noches, estaba demasiado cansada para escuchar historias de fantasmas o supuestos ángeles, después del accidente de aquella noche lo único que deseaba era irse a la cama y descansar. Suspirando se quitó la chaqueta, la dejó sobre la cama y se acercó a la ventana la cual reflejaba las luces de colores que adornaban la casa, sus ojos acariciaron el oscuro paisaje antes de sobresaltarse cuando creyó ver una figura moviéndose entre las sombras.
Eve entrecerró los ojos intentando ver más allá del cristal pero sólo encontró las luces de colores creando dibujos sobre el suelo.
—Vete a dormir, Eve, vete a dormir antes de que empieces a ver dragones.
Suspirando dejó la ventana y caminó hacia la cama sólo para quedarse inmóvil al ver la brillante pluma plateada que había sobre su propia chaqueta. Eve tragó saliva y se giró hacia la ventana con el corazón en un puño, rápidamente corrió hacia el cristal y lo vio.
Sonreía, sus ojos azules brillaban de felicidad, el pelo negro le acariciaba el rostro, pero fueron las enormes alas que se abrían a su espalda lo que la dejó sin aliento.
—Cael —murmuró su nombre.
Él le sonrió e inclinó la cabeza en un silencioso saludo antes de dar media vuelta y alejarse entre la nieve.
Eve no respondió, no podía, sus ojos se llenaron de lágrimas mientras lo veía marchar.
—Gracias, Cael y Feliz Navidad.
“Feliz Navidad, Eve. Feliz Navidad”.



3 comentarios :

Blueberry dijo...

Maravilloso Kelly, como siempre!

Un Beso chicas.

Susan.

Marijose dijo...

Precioso!
No me extenderé mucho ya que ahora apenas puedo escribir. Tengo un esguince en una mano y escribir solo con la otra se me hace pesado y prefiero reservarme para mi relato que ya estoy terminando.
Espero poder mandartelo pronto, Dulce...

Dulce Cautiva dijo...

Como todos tus escritos querida Kelly, éste es un gran relato y te deja con ganas de más. Es original, con un desenlace inesperado y aunque se me antojó un pelín corto, me dejó satisfecha y disfruté con la lectura.

Aunque hubiera preferido que el Ángel se hubiera quedado con ella... Pero bueno... Es lo que hya jejeje.

Gracias preciosa por participar con tu talentoso arte y profesionalidad en este proyecto, Gracias!!!