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miércoles, 27 de junio de 2012

201. GRISEL R. NÚÑEZ

Hola!, aquí os traigo a la nueva integrante del club que traspasa la barrera de las 200 socias, ocupando el puesto 201:

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GRISEL R. NÚÑEZ

Tiene un par de blogs:

En este publica desde textos literarios, escritos, sus colaboraciones con un periódico de su país, hasta tecnicas de escritura.

http://2.bp.blogspot.com/-JNXNpRK6oeE/UjEHsBMqOWI/AAAAAAAAGx0/su61rJBZ29w/s1600/Presentation1.jpg

Cafetera De Letras

Y en este otro publica sus aventuras como extranjera en Chile, igual que si de un diario se tratase. Además de historias, reflexiones, entre otras.:


Y estos son algunos de sus escritos publicados allí:

'De esa noche nací yo'


De las oscuras llamas del desamor,
de las tinieblas y del rencor,
de la agonía de tu corazón,
de esa noche, nací yo.
De las mentiras de tus palabras,
del daño que me hiciste en la cama,
del más agudo de mis reclamos,
de esa noche, nací yo.
Del miedo a perder la razón,
de la angustia y la desesperación,
de mis lágrimas de dolor,
de esa noche, nací yo.
Y mientras tú castigabas mi cuerpo,
y mientras tú me robabas mi aliento,
y mientras tú desahuciabas mi vida,
yo nacía y me convertía en fría.
En el más allá me pierdo,
y me olvido del recuerdo,
del más horrible encuentro,
del más temido momento.
Y en el trance de la noche,
me envuelvo entre las tinieblas,
me hago amiga de la muerte,
me encuentro con la más bella.
Mi sangre corre desnuda,
mi alma siente la pena,
mis ojos poco a poco se cierran,
y mi vida corre tras ella.
Nació el amor al desprecio,
nació el amor al rencor,
nació el amor al odio,
y de esa noche, nací yo.


'Añorada degustación'



           El ansiado día llegó.  Marcel se encontraba tranquilo, aunque con la emoción interna de cualquier niño en la víspera de Navidad.  Se sirvió su copa de vino tinto y se dirigió a su sala de estar para continuar leyendo el Berliner Zeitung.  Al llegar a una sección especial del periódico, relacionada con la gastronomía alemana, recordó que debía sacar sus utensilios quirúrgicos, desinfectarlos y acomodarlos en la tabla de cortar. En fin, tener todo ordenado para el posible procedimiento culinario.
            Ding-dong.  La puntualidad de Hagen era de esperarse, en su interior sentía el miedo de ser rechazado para la intervención por no considerársele el candidato adecuado.  Su cuerpo de aclamado futbolista había cambiado, pero seguía manteniendo su agilidad y fortaleza.  Marcel abrió la puerta y amablemente le hizo entrar al recibidor.  Le pidió que dejara su ropa en la entrada, ya que para analizarle tenía que ver detalladamente todas sus partes.  Juzgó sus fuertes abdominales.  Sintió fascinación por el vello en el pecho.  Percibió extremidades que dejaban marcar firmes músculos.  La grasa corporal no se notaba a simple vista.  ‘Eres justo lo que añoro.’ – dijo Marcel mientras degustaba un sorbo de su copa.
            Hagen, acostumbrado a extraños rituales sexuales, pidió una fría explicación de todo el proceso.  El morbo hacía que se quisiera enterar de más, le excitaban los detalles.  Se convenció del procedimiento y tomó la decisión de participar de las primeras recetas culinarias que se harían.  Marcel estuvo de acuerdo con el cambio de planes y, luego de las modificaciones, procedió con la intervención.  ‘¡Córtalo de una vez!’ – exigió el impaciente Hagen.  El alcohol y los fuertes medicamentos habían hecho efecto.  Dejó de sentir dolor.  La circulación se detuvo.  Marcel agarró el miembro desde la raíz y con un bisturí cortó muy suavemente.  La delicadeza en el corte era esencial para esta receta.
            Ambos admiraron el órgano desmembrado por unos minutos.  Marcel no quiso perder más tiempo y continuó con el plan establecido.  Luego de pesar el pedazo de carne, y retratarlo en varias ocasiones, lo cortó en trozos de un centímetro para una cocción más rápida.  La sartén sonaba del calentón.  Echó un poco de aceite de oliva y un sofrito, aprendido de una amiga puertorriqueña, el cual contenía ajo, cebolla, pimiento, ajíes, recao y otros condimentos traídos del afrodisiaco caribe.  Cuando todo estaba sofreído, tiró, por fin, los pedazos de carne en el fierro ardiente.
            Hagen no podía permitir que Marcel lo hiciera todo.  Necesitaba sentirse partícipe de tan esperado momento.  Se levantó de su silla y limpió un poco la sangre que había en el área.  Buscó el mantel, los cubiertos y todo lo necesario para poner la mesa.  Ubicó el pan en el centro y algunas salchichas alemanas, que no podían faltar.  Rellenó la copa de vino tinto del cocinero y, de paso, se sirvió una.  Encendió la radio y se dedicó a escuchar una dulce canción de la banda Rammstein.  Las velas iluminaban la placentera tarde.  Marcel llegó con los platos que contenían la suculenta cena.  Ambos, dieron gracias a Dios y, muy plácidamente, degustaron el añorado pene.

Nota: Relato inspirado en hechos ocurridos en Alemania, año 2001, entre Armin Meiwes y Bernd-Jurgen Brandes.



6 comentarios :

Miranda Kellaway dijo...

Bienvenida!

Seles Lützen dijo...

Me pasé por su blog. Tiene un modo de escribir muy desccriptivo y dulce <3.
Besos!

Lourdes dijo...

¡Bienvenida! Pasaré por tu blog

Raquel Campos dijo...

Bienvenida al club!!
Ya me paso a visitarte!!

Grisel R. Núñez dijo...

Gracias por la bienvenida a todas y por visitarme.

Espero nos podamos conocer mejor a través de este medio.

Beso!

popcorn dijo...

Bienvenida linda :)

cuídate, xo.