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lunes, 25 de junio de 2012

ÚLTIMO RELATO RECIBIDO PARA EL RETO: INCLUYE TRES TÍTULOS EN TU CUENTO:

Aunque este relato llega un pelín tarde, pues el mismo hace tiempo que finalizó e incluso se ha organizado otro después de éste (reto: con estas pautas haz un cuento), he decidido aceptarlo y publicarlo aquí para que lo disfrutéis. 

Pero antes, os dejo el enlace donde podréis leer los otros relatos que se recibieron para este antiguo reto:


Ahora sí, aquí os dejo el reto que ha escrito nuestra compi Allison Mcgregor:


"Con Chocolate"


Mientras Mary se hacía el desayuno, no podía dejar de mirar hacia el calendario que tenía a sus espaldas. Se concentró en la mermelada que estaba untando en la tostada, moviendo el cuchillo de un lado a otro. Le dio un pequeño mordisco y se giró hacia el calendario con resignación y fastidio en la mirada.

Se había levantado esa mañana y, por primera vez en cuatro años, se había sentido sola en la ancha cama que no compartía con nadie. A diferencia de su amiga África, ella no tenía un novio maravilloso con el que compartir su cama o sus sábanas de seda. Pero ahí no radicaba lo peor de la situación, ya que al dirigirse a la cocina para desayunar, se había encontrado con su calendario y había descubierto que solo quedaban dos semanas para su cumpleaños, ¡iba a cumplir treinta años!

Iba a entrar en la treintena, y no tenía a nadie a quien preparar el desayuno ni con quién arrugar las sábanas, ni siquiera tenía un trabajo por el que madrugar. Pero cómo iba a mirar hacia el futuro esperando soluciones, si no tenía ni un presente prometedor.

-¡Vaya mierda!-exclamó antes de beber un sorbo de zumo.

De repente, el timbre sonó con insistencia y Mary miró extrañada el reloj de la cocina, preguntándose quién llamaría a su casa tan temprano. Se dirigió hacia la puerta de su piso y miró por la mirilla. Suspiró con dramatismo y abrió la puerta.

-¿Qué haces aquí a estas horas de la mañana?-preguntó Mary con molestia fingida.

-Buenos días para ti también, mi amor.-respondió África pasando por su lado y lanzándole un beso desde el sofá.

Mary miró a África y sonrió, poniendo los ojos en blanco acostumbrada al loco comportamiento de esa rubia con rizos. Con una altura media, la piel morena por el sol, y un cabello dorado salvaje, África era la típica californiana que tenía un novio impresionante. Pero Mary no sentía celos de ella, sino que se alegraba, ya que a su parecer se merecía lo bien que le estaba tratando el destino estos últimos años.

Se acercó al sofá y se sentó junto a ella, arqueando las cejas en señal de pregunta.

-He venido a por ti para comprarte un regalo de cumpleaños, así que venga, date prisa y arréglate.

-¿Cumpleaños? Ni me lo recuerdes.-respondió arrugando la frente con molestia.-Además, todavía quedan dos semanas.

-Pero yo no podré ir a tu cumpleaños porque tengo que acompañar a Sergio a una conferencia en Nueva York, así que hoy te compraré el regalo, y no quiero que me lo discutas.-advirtió, señalándole con el dedo.

Mary se entristeció porque África no pudiera ir a su cumpleaños, pero no le importaba, ya que este cumpleaños prefería que pasara sin celebraciones, que es lo que ocurriría si África estuviera en él. Fue a ducharse y arreglarse antes de que volviera a repetírselo. A pesar de que Mary insistió en que no necesitaba ningún regalo, África no le hizo caso y en menos de una hora se encontraba en frente de la tienda de lencería más cara de Chicago. Mary tenía claro que no pensaba permitir que le comprara nada, pero sus esfuerzos no dieron resultado y ahí, delante de sus ojos y ENVUELTO PARA LLEVAR, tenía el conjunto más sexy que había visto nunca.

Sabía que no podría hacer nada por convencer a su amiga y desistió, segura de que esas preciosas prendas nunca cubrirían su cuerpo. Después tomaron un café en una terraza y más tarde Mary se despidió de ella, deseándole un buen viaje.

Subía las escaleras, mirándose los pies y pendiente de la bolsa que iba rozando sus piernas a cada paso que daba. Miró el reloj y se dio cuenta de que ya era demasiado tarde, así que corrió a su piso. Volvió a meterse en la ducha, ya que el ambiente era muy caluroso y necesitaba refrescarse. Justo cuando se estaba secando, el timbre sonó y corrió hacia la puerta. La abrió y, rápidamente, consciente de la escasa toalla que llevaba, cogió la manta que tenía sobre el sofá y se cubrió.

-¡Bruno!

Bruno vivía en el piso de arriba y era un hombre por el que muchas mujeres babeaban cada vez que lo veían. Hacía cinco años que lo conocía y desde entonces se habían hecho muy amigos, tanto que ella lo consideraba su mejor amigo.

Bruno la miró con las cejas arqueadas, observando su falta de ropa con diversión.

-¡Vaya!-exclamó, mientras iba hacia su sofá.-Si querías ducharte, haberme avisado y habríamos ahorrado agua.

Mary puso los ojos en blanco y sonrió, acostumbrada a soportar esa clase de comentarios por su parte.

-Bueno, a lo que venía, he venido para decirte que esta noche pasaré a por ti sobre las diez.-dijo, señalándole con la mano.

-¿A dónde vamos a ir?-preguntó, curiosa.

-Mi madre me ha regalado entradas para el teatro, y, sinceramente, prefiero llevarte a ti antes que ir con ella y escuchar la cantidad de críticas que dice sobre el vestido de una mujer u otra.-respondió haciendo un gesto de aburrimiento.

Mary sonrió, imaginando su situación. Hablaron un rato del día de cada uno y, después de acordar de nuevo la hora, Bruno se dirigió hacia la puerta y la abrió. Antes de cerrarla, se giró hacia ella y, sonriendo, comentó:

-Por cierto, tienes unas piernas preciosas.

Mary le lanzó la manta riendo al tiempo que él cerraba la puerta. Miró el reloj y comprobó que le daba tiempo cenar y arreglarse con tranquilidad. Ya delante del espejo, comprobó su vestido, el cual era de color rosa perla con unos tirantes finos, y sus zapatos blancos. Su pelo castaño tendría que recogerlo, así que después de investigar varios peinados, se decidió por recogérselo con algo de soltura.

El timbre sonó, y dando una última mirada al reflejo del espejo, fue hacia la puerta y la abrió. Delante de sus ojos estaba Bruno, tan guapo como siempre: su pelo negro brillaba por el agua, sus ojos verdes la miraban con intensidad, y su boca, su boca era perfecta. Miró el resto del cuerpo, magnífico por completo y desprendiendo la palabra “sexo” por todos los poros.

-¿Necesitas una toalla?-preguntó él. Mary levantó sus ojos confundidos hacia los de Bruno, que la miraban con sorna y diversión.-Babeas.-aclaró riendo por el sonrojo de Mary.

-No digas tonterías.-dijo cogiendo el bolso del sofá y cerrando la puerta de su piso.-Por supuesto que babeo, pero es culpa tuya. No puedes venir a mi casa tan endiabladamente atractivo y esperar que no te coma con los ojos.

-Por mí puedes comerme por completo, preciosa.-comentó, mirándola intensamente y sonriendo sensualmente.

Mary rió, creyendo que las palabras de Bruno eran una broma, pero él las había dicho con la sinceridad más absoluta. Cerró el puño con fuerza, deseando que las cosas entre los dos fueran de otra manera y esperando que ella comenzara a fijarse en él.

Entraron en el teatro y tras ocupar sus asientos, comenzó la obra, Hamlet, y la vieron en completo silencio, Mary absorta en la habilidad del actor y en cómo este interpretaba a la perfección el papel del protagonista. Y Bruno absorto también, pero no en la obra, sino en la facciones de Mary, absorbiendo cada dato que le pudieran transmitir y guardándolo ferozmente.

El primer acto acabó y salieron fuera para estirar las piernas y hablar de lo que les estaba pareciendo la obra. En una habitación del edificio, estaban sirviendo bebidas para que los asistentes se refrescaran, así que Bruno le dijo a Mary que lo esperara mientras él iba a por algunas copas para los dos.

-¿Mary?

La espalda de Mary se tensó como una vara y despacio, rezando por estar equivocada, se giró y se encontró cara a cara, mirada con mirada, con Robert, el hombre que le robó el corazón y se lo rompió en pedazos hace cuatro años. Él le sonreía y ella no podía articular palabra, acongojada.

-¡Qué sorpresa verte!-exclamó acercándose a ella y besando su mejilla.- ¿Qué tal estás?-preguntó sonriendo entre la barba.

Mary lo miró y comprobó los cambios que había sufrido, desde su barba hasta su nuevo tinte de pelo. Cuando salían juntos, Robert apenas tenía veintitrés años cuando comenzaron a salirle canas y comenzó a tintarse el pelo de su color, castaño, pero ahora lo tenía rubio, a excepción de sus cejas que seguían castañas.

-B…bi…en.-respondió, recuperándose de la conmoción y deseando que Bruno llegara en seguida.- ¿Y tú?

-Mejor no me puede ir. La empresa está sacando muchos beneficios y yo me estoy forrando.-respondió prepotentemente.

Mary sabía que Robert siempre le había dado mucha importancia al dinero, tanto que hace cuatro años le engañó con su jefa para poder ascender en la empresa. Cuando ella se había enterado no había podido creerlo, segura de que él nunca le sería infiel, pero había sido verdad y ella no había querido volver a verlo nunca más. Sin embargo, ahí lo tenía de nuevo, enfrente de ella.

-¿Has venido sola?-preguntó con sorna, seguro de su respuesta.

-Mi amor, ya estoy aquí.-dijo Bruno con dulzura, pasando su brazo por la cintura de Mary.

Lo miró con los ojos como platos y vio cómo disimuladamente Bruno le guiñaba un ojo y lenta, muy lentamente, bajaba su cabeza hasta que sus labios entraron en contacto. Mary se tensó en sus brazos, insegura, pero la boca de Bruno comenzó a moverse sobre la suya con habilidad y en menos de un segundo, Mary se había suavizado y relajado contra su fuerte cuerpo, devolviéndole el beso y aceptando la invasión de su lengua. Sus sabores se mezclaron, el de Bruno sabía a champagne y a ella le encantó.

A lo lejos, escuchó una tos molesta que la hizo volver a la realidad. Se separó lentamente de Bruno, alzando sus ojos marrones hacia los verdes de él. Estos brillaban con intensidad y la seguían mirando como si fuera un tesoro, uno muy preciado que quisiera proteger siempre.

-Lo siento mucho, Robert.-se disculpó Mary, tocando sus labios con dedos temblorosos, insegura de lo que había sentido.

-Entiendo. ¿Es tu pareja?-preguntó señalándolo con desprecio contenido.

Mary abrió la boca para negarlo, no queriendo que Bruno le mintiera, ya que no quería implicarlo en sus asuntos con Robert, pero él apretó su cintura y sonriendo contestó él.

-Sí, llevamos saliendo juntos alrededor de dos años.-respondió y tras besar su sien con un beso rápido, añadió.-La quiero con locura.

-Ya lo puedo ver por mí mismo.-replicó Robert mirando a Mary con una mueca de desilusión.-Yo tampoco he venido solo, Clare ha ido a retocarse.-añadió, y Mary estuvo segura de que lo hizo con intenciones de molestarla.-Un día deberíamos quedar los cuatro y tomar algo juntos.

-Es una idea estupenda.-respondió Bruno sonriendo.

-Me tengo que marchar, un placer haberte conocido, Bruno.

Mary vio cómo su ex novio se iba y cuando estuvo segura de que no podría oírle, se giro hacia Bruno enfadada.

-¿Por qué has hecho eso?-preguntó con frustración.

-Tú no podías verte la cara cuando estabas a solas con él. Simplemente me partiste el corazón y sentí el impulso de ayudarte.-respondió con sorpresa como si le pareciese ilógico que hiciera preguntas.

- Ahora se piensa que estamos juntos, Bruno.-replicó con impotencia.

-¿Y dónde está el problema?-preguntó, alzando la voz.-Y si estás pensando en volver con él, te diré que no voy a permitirlo. Estuve junto a ti cuando lo dejasteis y tardaste meses en recuperarte, no permitiré que vuelvas a pasar por lo mismo, Mary.-explicó con preocupación.-Además ya lo has escuchado, el también tiene pareja.

Mary lo miró y supo que tenía razón. Por eso mismo jamás volvería con Robert, ya que ella no era de las que tropezaban dos veces con la misma piedra. Su corazón ya se había roto una vez, y no pensaba consentir una segunda.

-Jamás volvería con él y lo sabes, Bruno, pero no quiero implicarte en esto. No tienes por qué hacerte pasar por mi novio.

-Créeme, no será ningún sacrificio, preciosa.-respondió, sonriendo y enseñando todos sus dientes blancos.

Mary lo miró con preocupación, pero desistió, ya que sabía que Bruno era muy cabezón y cuando algo se le metía entre ceja y ceja, era imposible hacerle cambiar de opinión. Terminaron de ver la obra y tras terminar, decidieron irse directamente al piso, ya que Mary estaba agotada y Bruno tendría que madrugar al día siguiente.

Subieron las escaleras y llegaron al piso de Mary donde, tras abrir la puerta, se giró y le sonrió, curvando los labios hacia arriba.

-Gracias por todo, Bruno. Ha sido una noche preciosa.-lo besó en la mejilla y tras separarse, vio su ceño fruncido mientras la miraba con disgusto.- ¿Qué ocurre?

-Preciosa, ahora somos novios y esto no es una despedida adecuada.-respondió y, antes de que ella pudiera articular una palabra, la atrajo hacia él y volvió a besar sus labios.

Las manos de Mary volaron a su nuca, y su boca se abrió a la suya por puro instinto. Cuando sus lenguas volvieron a entrar en contacto, Mary gimió con sorpresa, incapaz de creer que eso pudiera estar sucediendo. Ningún hombre hasta ahora la había besado jamás con tanto dominio y pasión contenida. Su cuerpo le exigió que se pegara al suyo y ella no fue capaz de negarse, mientras las manos de Bruno viajaban por su espalda.

-Esto sí es una despedida.-comentó Bruno con voz ronca, mientras sus ojos verdes brillaban.

Incapaz de decir nada, vio cómo Bruno se alejaba hacia las escaleras y subía hacia su piso. Entró al suyo y, al cerrar la puerta, se apoyó contra esta y suspiró con asombro. Ella siempre había considerado a Bruno su mejor amigo y sí, reconocía que era tan atractivo como el mismo demonio, pero jamás había sentido hacia él nada parecido como esa noche.

Se desvistió y se metió en la cama, incapaz de entender las emociones que la habían embargado desde que había vuelto a ver a Robert esa noche. Desnuda y cubierta por una fina sábana, intentó dormir, pero sueños húmedos la acosaban y horrorizada, comprendió que en todos ellos aparecían unos ojos verdes y unas manos que la tocaban donde más le gustaba. Miró hacia el techo y suspiró, intentando despejarse, pero no dio resultado y, finalmente, cogió la sábana y se tapó por completo hasta la cabeza, ardiendo de vergüenza.

Una semana después, mientras preparaba la comida, sonó el timbre y, limpiándose las manos en el camino, fue a abrir la puerta. Bruno se encontraba en el otro lado con un aspecto horrible y Mary lo invitó a pasar mientras le preguntaba qué le ocurría.

-Trabajo. He tenido que trabajar mucho esta semana y me ha pasado factura.-respondió cansado y sentándose en el sofá.

Se había pasado todos estos días sin verlo y Mary se había comenzado a preocupar, temiendo que fuera por la noche del teatro, pero ahí estaba la respuesta. Fue hacia la cocina y al volver, le colocó una bandeja con un plato de comida y un vaso con agua en la mesa de en frente.

-Mary, déjame decirte que a partir de este momento te amo con locura.-dijo, mientras miraba con adoración los filetes.

Ella rió y lo observó mientras devoraba los filetes e intentaba explicarle el trabajo que había tenido esa semana. Cuando terminó de comer, apoyó la espalda en el sofá y suspiró con satisfacción mientras sus ojos se cerraban con cansancio. Mary cogió la bandeja y la llevó al fregadero donde la dejó para luego fregarla más tarde.

-Ah, por cierto, me he encontrado esta mañana con Robert y me ha recordado lo de quedar los cuatro juntos.-comentó cuando ella volvió y se sentó junto a él en el sofá.

-Pero ¿dónde le has visto?-preguntó con sorpresa.

-En la cafetería donde desayuno todas las mañanas.-respondió encogiéndose de hombros.

-¿Y qué le has dicho?-preguntó de nuevo, comenzando a sospechar.

-Que sí, naturalmente.-respondió Bruno con lógica y al ver la mirada que ella le lanzó, añadió.-Es una gran oportunidad para que le demostremos que estamos juntos y muy enamorados.

Mary lo miró con desconfianza, no confiando del todo en ese plan. Al reconocer que no le serviría para nada oponerse a los planes de Bruno, suspiró con resignación.

-¿Qué día hemos quedado?-preguntó suspirando de nuevo.

-El sábado, es decir, mañana.-respondió, levantándose del sofá y cogiendo su maletín, dispuesto a irse antes de oír las quejas de Mary.

-¿Mañana?-preguntó abriendo la boca por completo.

-Sí, pasaré a por ti sobre las diez.-comentó y ya en la puerta dijo.-Por cierto, gracias por la comida, me ha sabido a gloria.

-De nada. Pero…

Bruno se agachó con rapidez y la besó dulcemente, apartándose al momento.

-Adiós, preciosa.-se despidió sonriendo y se volvió hacia el rellano, dejando a Mary sorprendida por ese beso.-Ahh, ponte algo sexy mañana, quiero que Robert se muera de la envidia.

Y desapareció por las escaleras, dejando a una Mary con la mandíbula colgando y el cerebro paralizado. ¿Por qué me ha besado de nuevo? No entendía el comportamiento de Bruno, pero tampoco se entendía así misma, ya que ella respondía a cada uno de sus besos.

Cerró la puerta y comenzó a limpiar su piso, esperando, aunque sin saberlo, que el tiempo pasara rápido. Estaba expectante, pero no estaba segura de si era por volver a ver a Robert o, sin embargo, por volver a pasar más tiempo junto a Bruno.

Ya en su cuarto, tumbada en su cama y esperando a que le venciera el sueño, no podía evitar pensar en Bruno, desde que lo había conocido por primera vez cuando se había mudado a este piso, hasta que se había despedido de él en su rellano con un beso fugaz. Frunció el ceño hacia el techo, intentando comprender por qué sus entrañas se contraían cada vez que recordaba cada beso que le había dado, y por qué, maldita sea, intentaba engañarse a sí misma.

Era una estupidez negarlo, porque la verdad era que se sentía atraída por él y por cada roce de sus manos. No estaba enamorada, todavía no, pero sí reconocía que su cuerpo vibraba cada vez que Bruno se encontraba cerca. Y, por fin, después de reconocerlo, pudo dormir tranquila.

Se levantó al día siguiente y lo primero que hizo fue ducharse. Después pasó todo el día limpiando el piso, con cientos de estremecimientos recorriéndole el cuerpo cada vez que pensaba en esa noche.

Cuando llegó la hora, corrió a ducharse de nuevo y a arreglarse. Salió de la ducha y, con la toalla secando su cuerpo, fue hacia su dormitorio y abrió el armario, todavía sin saber qué vestido elegir. Y, entonces, la vio, la pequeña caja donde estaba la lencería que le había regalado África. La cogió y, sentándose en su cama, la abrió. Suspiró, admirando el tacto del encaje. El conjunto era precioso y, cogiendo las braguitas, se imaginó con ellas puestas, cómo la tela negra destacaría con su piel cremosa.

Sabía que ella nunca se había puesto nada tan sexy, pero por una vez quería hacerlo y disfrutar con ello. De todas formas nadie se lo iba a ver.

Sacó un vestido azul eléctrico del armario y se lo probó frente al espejo. De estilo vaporoso, cubría casi sus pies y le daba un aire de elegancia que le encantaba. Los tirantes finos se ajustaban a sus hombros, y el escote era en forma de pico, revelando más de lo que ella esperaba. Aún así, quería ponerse ese vestido y sentirse sensual con él. Miró el reloj y corrió a ponerse unos zapatos blancos abiertos por delante.

En frente del espejo, comprobó su peinado y, finalmente, decidió hacerse una trenza de raíz. Sus ojos brillaban con expectación y, justo cuando terminaba de aplicarse un poco de maquillaje, el timbre sonó y su estómago se contrajo, revelando su estado de excitación.

Abrió la puerta y, al ver a Bruno, casi dejó de respirar, ya que estaba para lamer cada parte de su cuerpo. Vestido con un traje negro y una camisa rosa abierta hasta el pecho, se veía guapísimo y Mary tuvo que contenerse para no babear delante de él.

Bruno, estupefacto, no podía dejar de mirar a Mary y su saludo se le había quedado atascado en la garganta. Nunca la había visto tan sexy y tuvo que tragar saliva varias veces antes de poder articular una palabra.

-¡Vaya!-exclamó, sin poder apartar la vista de su cuerpo.-Estás…

-¿Estupenda?-intentó ayudarle Mary riendo, y dando una vuelta sobre sí misma.

-No.-respondió Bruno con voz gutural, acercándose a ella en un par de pasos. Cuando Mary lo miró a los ojos, hipnotizada, añadió.-Divina.

Mary tragó saliva, nerviosa, se alejó de él y de su endiablada boca, y cogió su bolso blanco. Sonriendo, él la acompañó hasta la puerta del coche y se la abrió. Cuando llegaron al restaurante, Mary se bajó y entró.

Dentro del restaurante, todo era lujo y elegancia y Mary sospechó que lo había elegido Robert, fiel a ostentar su dinero. Cuando entraron, Robert ya los estaba esperando en una mesa junto a una mujer rubia. Mary frunció el ceño, sintiéndose insegura, ya que esa rubia estaba espectacular, incluso parecía una modelo con ese aspecto tan frió.

-Para mí, tú eres más hermosa.-le susurró Bruno al oído antes de sonreírle a Robert a medida que este se acercaba.

Mary lo miró de reojo, sorprendida de que él supiera lo que estaba pensando y sintiendo en ese momento. Tal vez, Bruno la conocía más de lo que ella esperaba.

Finalmente, se sentaron en la mesa y, mientras cenaban, hablaron de numerosos temas, incluido cómo se conocieron Robert y Clare. No era una historia extravagante, sino la típica de “hombre rico conoce a rubia tetona sin dos dedos de frente”. Porque así era, en las horas que conocía a Clare, Mary había comprobado que su forma de pensar era superada por un niño de cinco años y que Robert solo la trataba como a un objeto.

Tras terminar de cenar y pagar la cuenta, decidieron ir a un bar donde tomar unas copas y Mary acabó bebiendo más de la cuenta, así que lo último que recordaba era que Bruno la metía en el coche mientras ella hablaba sin cesar.

-¿Y a dóndddee vamos?-preguntó con acento de borracha.

Bruno le respondía a todas sus preguntas, riendo a su vez, hasta que llegaron a su piso. La metió en el ascensor y Mary vio que pulsaba la planta cuatro, así que se giró hacia él mientras intentaba mantener el equilibrio.

-Mi pissso ess el trez.-afirmó, mirándole con el ceño fruncido.

-Y el mío es el cuatro.-respondió, encogiéndose de hombros e intentando aguantar la risa.

-¿Vaamoss a tu casssa?-preguntó, mirándole de arriba abajo con descaro.

Cuando Bruno asintió con la cabeza, esperando que ella se opusiera, Mary se giró hacia adelante y sonrió, enseñando todos sus pequeños y blancos dientes. Un segundo después, volvió a girarse hacia él.

-¿Ssabees una coza, Bruno?-preguntó, acercándose a su cuerpo. Cuando él la miró, arqueando las cejas, respondió.-Quiero acosstarme contigo. Ssí, sí, no me mirez así. Necessito tener sexo contigo, Bruno, y he decidido que tú también lo necesitass.

La mirada de Bruno sobre ella le hizo tambalearse y, cuando él abrió la puerta, pensó que la llevaría como un salvaje hacia su cama y que arrugarían las sábanas entre los dos hasta el amanecer. Sin embargo, la llevó hacia un baño de azulejos azules y abrió el grifo del agua caliente.

-¿Vamos a follar en la ducha?-preguntó, mirándole con picardía.

-No.-respondió y, mirándole a los ojos con sensualidad, añadió.-Voy a darte una ducha y quitarte esa borrachera que llevas encima.-antes de que ella pronunciara alguna palabra, continuó, dejándola sin palabras.-Cuando hagamos el amor, Mary, vas a estar completamente lúcida.

Entonces, de un tirón le sacó el vestido por la cabeza y la dejó temblando, no sabía si por deseo o frío, con el conjunto de encaje. Lo miró, esperando su reacción, expectante de si le gustaba o no. Al mirarlo todas sus dudas se disiparon al instante, ya que él no había apartado la vista de su cuerpo y no paraba de tragar saliva.

Bruno se pasó la mano por la boca y, con rapidez y rigidez, la cogió de la cintura y la metió en la ducha. El agua caliente resbalaba por su cuerpo y Mary, como cualquier borracha contentilla haría, alzó los brazos hacia arriba y empezó a disfrutar con sensualidad, dejando a Bruno excitado como nunca antes y deseoso de abalanzarse sobre ella.

Mary miró los ojos verdes de Bruno y en un impulso, se acercó al borde de la ducha y, a escasos centímetros de él, dijo:

-¿Quieres tocarme, verdad?-Bruno no paraba de mirarla, sin creerse que eso estuviera sucediendo.-Bueno, creo que lo necesitas, corazón.

La voz ronca de Mary no podía compararse a la de Bruno que, gimiendo con desesperación, comprobó que sus pezones se marcaban en su sujetador de encaje, y descubrió que necesitaba tocarlos urgentemente. La sacó de la ducha y, temblando, apagó el grifo.

-Preciosa,…-gimió, gotas de agua viajaban por su piel, deslizándose con suavidad.

En un segundo, Mary se había despejado por completo y envuelta en una bruma de deseo, Bruno le puso una toalla por encima y la llevó al salón. De pie, Mary disfrutó enormemente cuando Bruno comenzó a secar su piel y se tensó cada vez que él, en un impulso que la volvía loca, se interesaba por una gota y la lamía, para seguir secándola con la toalla después.

Mary, con desesperación, se retorcía entre sus brazos, necesitando que todo fuera más deprisa. En un segundo, estaba tumbada sobre una almohada y tenía a Bruno sobre ella.

-¿Has tenido alguna vez una fantasía erótica, preciosa?-susurró junto a su oído, provocando que Mary gimiera guturalmente.-Yo sí, cientos y quiero realizar una en especial contigo.

Mary tragó saliva audiblemente y lo miró, incapaz de decir ni hacer nada. Todo eso era nuevo y, a pesar de que había comenzado comportándose muy lanzada por el alcohol, ahora no tenía ni idea de cómo actuar.

Bruno la besó con fuerza y, en un momento, fue a la cocina, volviendo con un bote negro en las manos. Tumbándose de nuevo sobre ella y apoyado en el suelo con una mano, le mostró lo que era.

-Esto, preciosa, es chocolate y,-agachándose, susurró a su oído.-voy a extenderlo por todo tu cuerpo para lamerlo después.

Comenzó a besarla, dejando a un lado el bote negro, y comenzó a tocarla, desde la cintura hasta el cuello, pasando por sus pechos. Su lengua se introducía en su boca y danzaba con la suya propia hasta dejarla sin sentido. Su sabor, adictivo, era estremecedor y su lengua, hipnotizante al igual que sus ojos verdes.

Su boca descendió por su cuello, lamiendo cada centímetro de su piel, haciendo que Mary se arqueara, deseando que hiciera lo mismo con sus pechos. Bruno no se hizo mucho de rogar y, después de morder su cuello, bajó a sus pechos, amamantándose de ellos con desesperación mientras Mary echaba la cabeza hacia atrás, incapaz de abrir los párpados, que le pesaban como el demonio.

De repente, Bruno se alzó y, sonriendo, cogió el bote negro y con movimientos pausados, echó chocolate sobre su ombligo. La respiración de Mary se aceleró, incapaz de dejar de mirar cómo extendía el chocolate hacia sus pechos con sus dedos hipnotizantes.

Bruno agachó su cabeza, lamiendo, como había prometido, su cintura. Mary, excitada y húmeda entre las piernas, agarró sus hombros, incapaz de no retorcerse. Su espalda, con los músculos marcándose con cada uno de sus movimientos, brillaba por el sudor y Mary se excitó más si cabía.

Cada uno de sus lametones, era un escalón más hacia el abismo. Cuando llegó a sus pechos, los torturó como un experto, mientras ella le suplicaba que no parara. Sus manos apretaban su trasero, pellizcándolo con deseo y acariciándolo después.

Cuando sus dedos volaron hacia su entrepierna, Mary abrió las piernas con abandono, dispuesta a que le enseñara todo el placer que sabía que podía darle. Cuando sus dedos se introdujeron en su interior, lo hicieron con suavidad por lo mojada que estaba, y Mary los cabalgó, incapaz de resistirse a ello.

En un momento, Bruno aumentó de ritmo y Mary comenzó a gemir, desesperada por llegar al final. Cuando se corrió, sintió que su cabeza explotaba en mis pedazos, dejándola flotando en una nube de satisfacción.

-Estoy duro, preciosa, por ti. Quiero hacerte todo tipo de cosas, desde lamer tu sexo hasta meterte mi polla en él con descontrol, pero no puedo aguantar, cariño.-dijo, mirándole con la respiración acelerada, tocando sus pechos con suavidad.

En un impulso, Mary lo lanzó sobre su espalda y se colocó a horcajadas sobre él, mientras las manos de Bruno rodeaban su delgada cintura.

-Es mi turno, Bruno.-le susurró, antes de que sus labios rozaron su pecho.

Lo beso como él había hecho con ella, con descontrol y desenfreno. Cogió el chocolate y lo extendió por el estómago de Bruno y una vez que lo lamió por completo, y la polla de Bruno apretaba contra su propio estómago, lo miró y comenzó a echar chocolate sobre ella, haciendo que su respiración se entrecortara.

La lamió hasta saciarse y, cuando Bruno la apartó y la colocó debajo de él, ella lamió sus labios, llenos de chocolate. La mirada de Bruno no abandonó en ningún momento el movimiento hipnotizante de su lengua, y, finalmente, la besó, volviendo a mezclar sus sabores.

En un momento, se introdujo en su interior, con una embestida que la dejó sin respiración y jadeando. Bruno estaba al límite y Mary deseaba llegar al orgasmo al instante, tan desesperada estaba, así que después de que saliera y entrara de ella varias veces, los dos llegaron al límite, explotando al unísono con fuerza.

Agotados, se desplomaron y abrazaron, intentando tranquilizar sus respiraciones. Durmiendo, los dos pasaron la mejor noche de sus vidas, pero antes de que amaneciera, Mary despertó, y se dio cuenta que, OCULTO EN EL CORAZÓN, había tenido guardado un amor por Bruno que nunca había detectado. Siempre lo había considerado su amigo, cercano a ella y capaz de confiarse a él, pero ahora se daba cuenta que, en realidad, lo había amado desde el momento en que comenzó a conocerlo de verdad.

Con lágrimas en los ojos, se levantó sin hacer ruido del suelo y de entre sus brazos, y, cogiendo su ropa, bajó a su piso donde, tras tumbarse en su cama, se lamentó, ya que Bruno no le correspondería.

Al día siguiente, Mary se despertó y tras quedarse tumbada en la cama, profundizó en sus sentimientos y en los de Bruno. Ella lo amaba y él podría hacerlo también. Tal vez se había precipitado en pensar que él no la amaba. Tenía que intentarlo si no se odiaría toda la vida por haber dejado pasar la oportunidad. Además, algo se le tenía que haber pegado de África, tenía que enfrentarse a los problemas de frente y no huir de ellos.

Se duchó con rapidez, y en un momento salía de su piso y subía corriendo las escaleras hacia el piso de Bruno. Pero se detuvo en seco cuando su puerta se abrió y de ella salió una pelirroja impresionante. Bajó las escaleras, directa hacia su piso sin querer creer lo que su cabeza le decía.

Tal vez Bruno ya había buscado otra que le sustituyera al no verla esa mañana en la alfombra junto a él. Cerró la puerta y en un momento estaba en la cocina, intentando beber un vaso de agua sin tirarlo al suelo por el temblor que le recorría todo el cuerpo.

El timbre sonó y Mary fue a abrir la puerta, sin mirar por la mirilla.

-Bruno.-susurró, intentando que sus emociones no se transparentaran.-¿Qué haces aquí?

-He venido a hablar DE AMOR Y OTROS PECADOS, preciosa.-respondió, entrando por la puerta y cerrándola tras de él.

La mandíbula de ella se descolgó, incapaz de creer que Bruno haya pronunciado la palabra “amor”.

-¿Qué quieres decir?-preguntó, temblorosa y no queriendo hacerse esperanzas.

-Que desde hace dos años, te he visto como algo más que una amiga, preciosa. Fantaseaba con tenerte debajo de mí y hacerte la mujer más feliz de este planeta.-besó sus labios con ternura, antes de apartarse para seguir diciendo.-Cuando Robert volvió a aparecer en tu vida, temí que volvieras a enamorarte de él, y por eso me inventé la historia de que éramos novios, para tenerte cerca y poder besarte cuando quisiera.

Mary sintió que su corazón bombeaba con felicidad, deseando creer en cada palabra de Bruno, pero antes tenía que saber quién era esa pelirroja.

-Anoche, Bruno, me di cuenta de que yo también te quería, pero pensé que tú no me correspondías, por eso me fui anoche de tus brazos.-antes de que él pudiera decir nada, ella continuó.-Pero esta mañana decidí hablarlo contigo y, por ello subí a tu piso, pero entonces vi a una mujer saliendo de tu piso y mi determinación se tambaleó.-dijo, intentando no sonar desesperada.

-Ella es mi hermana, preciosa. Ha venido de California a pasar unos días y quería saber si quería quedar con ella esta tarde.-al ver la cara de Mary, continuó con una sonrisa.-Yo te quiero, Mary, y quiero que tú me lo digas también.

-Oh, Bruno, mi corazón late con rapidez cada vez que tú te me acercas.-respondió, lanzándose a sus brazos y besándolo con todo su amor.
Bruno la abrazó, riendo y feliz de tenerla entre sus brazos. Desde ese día, Mary le pertenecía y la amaría con todo su corazón hasta que su cuerpo dejara de respirar. La besó y la llevó hacia la habitación, donde entre risas siguieron cumpliendo las fantasías de Bruno.


FIN

viernes, 15 de junio de 2012

NOVENO RELATO NACIDO DEL RETO: CON ESTAS PAUTAS CREA UN CUENTO

Aquí les dejo el siguiente relato que he recibido para el reto: Con Estas Pautas Crea Un Cuento. Esta vez viene a manos de Francisco Javier, del blog Historias Que No Te Conté


El criminal más buscado 



La policía les pisaban los talones, la moto iba a toda velocidad por las calles desiertas, cruzando las frías calles londinenses. Ella tenia miedo, se sentía confusa, se preguntaba cada segundo como todo podía haber terminado de aquella manera. Llegaron a un giro y la moto salió a una autopista, había coches por todas partes, zigzagueando como podía entre ellos la moto negra y su hábil conductor esquivo a los policías y los perdió unos kilómetros más abajo en la infinita carretera, en el calor de la tarde. Otra vez volvía a escapárseles de entre los dedos el escurridizo criminal.

La moto fue encontrado por la policía al día siguiente, ya sólo quedaban de el las cenizas y la estructura metálica, de sus ocupantes no sabían nada, habían desparecido sin dejar rastro. Alguien pagaría las consecuencias.

*

Un día antes

Su melena rubia era peinada lentamente por la peluquera, se decantó por el rubio porque ya estaba harta de verse igual, como la tonta morena y aunque se convirtiera en algo parecido en una chica fácil, blanco de todo tipo de miradas, es lo que buscaba. Se estaba preparando para ir con su novio a la fiesta que se daba en honor al buen trabajo hecho en la alcaldía en la que trabajaba como jefe de prensa.

Al llegar la noche ya estaba lista, con un vestido verde esmeralda y unos tacones de un centímetro de color beige. El descapotable azul marino apareció en la calle antes de lo esperado, Ian era impaciente en todo y desde luego una fiesta en el que era el protagonista no iba a ser menos.

Cuando vio la gran mansión en la que se organizaba la fiesta ya sabía quien había sido el seleccionador de los premios, el padre de Roberto, Lorenzo, el mafioso millonario exculpado de todos los juicios por falta de pruebas. Todo el mundo sabía que compraba con tiempo a  los testigos e incluso al abogado del denunciante para que todo saliera como debería, para no terminar entre rejas.

Estaba repleto de mesas con manteles limpios y relucientes, por todas partes había sirvientes para servir los deliciosos aperitivos y las copas de champan en las bandejas duraban poco. Las caras puertas de madera caoba, los caros cuadros adornando paredes repletas de adornos, el suelo de mármol brillante. Definitivamente no se sentía parte de todo ello. Todo el mundo parecía divertirse menos ella. Se encontró a Ian hablando con una desconocida, comiéndola la oreja y todo delante de sus narices. Se decidió a dejarle bien claro que ella no era segundo plato de ningún tío y menos de él.

—Veo que no estas trabajando en la esquina esta noche —fue directa, no le gustaba que nadie estuviera con su novio, era posesiva pero no más de lo necesario— seguro que no soy la única que te lo ha dicho esta noche.

—Lo siento —dijo avergonzado de Caroline. La chica se fue ofendida por sus comentarios.

La sacó a la calle a rastras, la tiraba del brazo y la estaba haciendo daño.

—¿Cómo te atreves a faltarme el respeto de esta manera?, delante de todo el mundo. Te encontré en la calle y no eras nada. ¿Quién te crees que eres?, ¿Con quién crees que estás tratando?

Le dio una violenta bofetada en la cara que le dejó la mejilla roja. De la nada apareció otro chico, no podía ser, pero lo era, su mirada, ese peinado, su forma de andar y caminar, no podía ser. Quería pensar que era otro.

Le dio un puñetazo a Ian en la cara, después forcejearon pero el otro fue más fuerte, le dio otro en el estomago y después un gancho en la cara. El gilipollas de su novio yacía inconsciente en la humeda acera. Ya había aguantado bastante y tenía ganas de venganza, se acercó y le dio una patada entre las piernas. Se acercó al chico, era Roberto, le quería olvidar, para siempre y ahí estaba.

—¿Estás bien?

—Si, ahora si. Vámonos antes de que alguien nos vea.

Se subieron a la moto negra, reluciente y limpia. Cruzaron la ciudad, las luces les envolvían. Gracias a los cascos nadie les reconoció. Al llegar a un enorme, tosco y feo edificio de hormigón entraron en un garaje, él paró la moto y la ayuda a bajar.  Los tacones le hacían daño en sus pies. Sin decir nada subieron al tercero. La vista desde la ventana tampoco ofrecía mucho, rodeado de más pisos, de gente bebiendo en la calle y la molesta luz de la farola iluminando parte de la casa sin remedio pues las contraventanas de hierro parecían rotas y viejas. Se preguntaba cómo el hijo podía vivir de forma tan diferente al padre. Quizás fuera que al menos Roberto tenía ética y empatía al contrario que Lorenzo, su corrupto padre.

—Que ganas tenía de hacer esto.

La cogió de la cintura y la llevo a una cama desecha, con sabanas blancas. La beso sin parar, la fue quitando la ropa, la dejo desnuda mientras ella hacía lo mismo con Roberto, sus tersos músculos la sorprendieron, no se esperaba un cuerpo tan definido, había pasado tanto tiempo, habían cambiado muchas cosas. Ambos hicieron el amor hasta saciarse, tenían ganas de encontrarse y de amarse. El calor que entraba por la ventana fue disminuyendo según llegaba la madrugada y el frescor de la brisa les acariciaba. Cuando decidieron levantarse y comer algo el sol ya estaba calentando el día. Caroline comió una tostada con aceite y el un café sin azúcar. En ese momento se dio cuenta de que sobre la mesa había una pistola y muchos billetes.

—¿A qué te dedicas ahora?, antes eras legal, ya sabes. Todo lo malo lo tenia tu padre, ¿qué ha pasado? —dijo mirándole con el ceño fruncido. Estaba enfadada pensaba que era el chico de siempre, solo que con veintidós años.

—Digamos que ahora saco a luz los trapos sucios que puedo de mi padre y es por ello que tengo una pistola para defenderme de los polis comprados. El dinero ayuda a que algunos de sus secuaces digan la verdad, digamos que su manera de ver la vida es el dinero que saco del blanqueo de mi padre. Por eso me persigue la justicia, pero yo no hago mal a nadie, es más trato de borrar del mapa a todo aquel que lo hace. No soy un héroe ni mucho menos ni quiero serlo. Sólo que odio lo que mi padre hace y le pongo solución.

Se miraron a los ojos, su verdor resplandecía, no sabía si de amor o de compresión y tristeza frente a su dura rutina, estaba claro que él estaba enamorado de Caroline. Pero ella no lo tenía claro. Sonó el telefonillo. De repente colgó y la dijo que se metiera debajo de la cama, que abriera la escotilla, y bajará por las escaleras. Mientras tanto bloqueaba la puerta con una viga metálica, cogía una linterna y se introducían en la cavidad.

—¿Adónde da este túnel?

—Al garaje, cogeremos mi moto y huiremos. No hay otra salida. No te preocupes ya he usado esta escapatoria varias veces. Espera que apriete este botón.

Cogió el móvil e introdujo un código, apretó un botón amarillo y escuchó una pequeña explosión sobre sus cabezas.

—Es para que la habitación se llene de humo y que los policías que entren estén confusos y crean que seguimos allí, esperándoles —una sonrisa picara hizo que se estremeciera, era inteligente y eso la gustaba. Al menos no era sólo un cuerpo bonito—. Unos escalones más y hemos llegado.

Al llegar abajo usó una llave y una puerta que pasaba desapercibida, escondida entre unos grandes tubos rojos se abrió permitiéndoles el paso. Se pusieron los cascos, está vez eran blancos y salieron por una puerta trasera. Al llegar a la carretera se mezclaron con los coches que a  esas horas de la tarde volvían del trabajo. Los enormes autobuses rojos eran los que más ayudaron hasta que se encontraron con un control y les persiguieron. Encontraron la forma de despistarles en la autovía y se dirigían al puerto. Su amante protector estaría siempre junto a ella, nunca la dejaría sola frente a todo. Había cambiado su vida, con eso era suficiente.

*

En las noticias decían que eran los criminales más buscados, entonces apareció una foto de un chico moreno de mirada de color verde y una joven rubia de ojos azules con un gesto inocente en su cara. Aplastó el vaso de plástico. Se les había vuelto a escapar y cada vez sabía menos que medidas tomar. Lorenzo dio un golpe a la mesa, este último soplo le había salido muy caro, debido a ello el comandante de policía se estremeció. El corrupto le miró al policía con rabia.  Otra vez. La misma historia y la de siempre a la vez. Cogió el revolver, quitó el seguro y apuntó al comisario.

—¿Sabe sumar tres y una? —le dijo al comandante.

—Si… pero.

Apretó el gatillo, estaba harto de escuchar a gente inútil y aún más incompetente como él, y ya iban cuatro con este. Ni sobornados eran capaces estos policías de cerrar el pico.

—Pues con usted ya serán cuatro.

Y escupió al impoluto traje del oficial mientras avisaba a sus matones que se deshicieran del cuerpo.


FIN

martes, 5 de junio de 2012

RELATO NACIDO DEL RETO: INCLUYE TRES TÍTULOS EN TU CUENTO

Aquí les dejo el relato que ha hecho nuestra compi Danyyy para el reto: Incluye tres títulos en tu cuento.

Ambas esperamos que os guste >.<:


"San Valentín"


Como tantas otras noches Luna se veía sorprendida por un AMOR INESPERADO que había llegado a su vida en el momento menos pensado. Sonrió al ver a Mateo dormido en su cama después de compartir una increíble PASIÓN DE MEDIANOCHE. Esas eran las horas robadas que podía tener con él y lo entendía mejor que nadie ya que era su secretaria. Ella atravesaba la misma historia que muchas al enamorarse de su jefe pero no pudo evitarlo y si pudiera volver el tiempo atrás no lo haría.¿Quién podría resistirse a un metro ochenta de puro macho argentino?.De seguro ella no y como no se consideraba una belleza se sintió realmente conmocionada cuando el día de San Valentín comenzaron a estar juntos.

Él poseía una BELLEZA OSCURA parecida a los depredadores que atacaban atrayendo a sus presas. En los negocios se manejaba así y con el tiempo comprendió su juego a la perfección. Así mismo dejó claro que su relación con ella era libre y sin compromiso de un futuro. Eso no fue un problema para ella pero un año después se preguntaba qué pasaría con ellos. La fecha se repetía y otro catorce de febrero los encontraba juntos dentro y fuera de la cama. No es qué se pasará las veinticuatro horas del día pensando en ello ya que durante el día trabajaban como locos y por las noches la colmaba de pasión pero era inevitable ya que él se mostraba algo distante algunos días. De cualquier forma seguiría amándolo hasta que decidiera apartarla de su vida.

―¿Estás despierta? ―preguntó él besando su cuello.

―Estaba pensando. Disculpa si te he despertado ―dijo ella acariciando su espalda y sacándole un gemido.

―Te deseo otra vez Luna.

―Yo también Mateo.

Hicieron el amor por segunda vez en la madrugada y como siempre la pasión fue enloquecedora. Él la miró detenidamente y unos celos irracionales lo colmaron al pensar que otros hombres veían sus hermoso rostro y ese cuerpo que siempre lo llevaba al cielo. Lo peor era que se dieran cuenta de su belleza interior y se la quitarán de su vida. Mateo sintió que era el momento y lugar indicado para hablar con ella sobre el futuro.

―Creo que dejé de respirar por unos minutos ―dijo ella y rieron juntos.

―Luna tenemos que hablar ―dijo él con una mirada muy seria.

Ella sabía que ese momento llegaría pero no imaginaba que sería de ese modo. Respiró hondo y lo miró a los ojos siendo fuerte para el adiós.

―¿De qué quieres hablar? ―preguntó ella.

―Tenemos que hablar del futuro. De nuestro futuro.

―¿Qué dijiste? ―preguntó ella sin creer del todo lo que decía.

―Muy simple. Como eres mi mejor secretaria no te será difícil saber lo que quiero.

―Dime lo que quieres ―dijo ella tímidamente.

―Más bien sería lo que necesito ―dijo sonriendo seductoramente.

―De acuerdo dime. Si quieres tomó nota ―dijo ella y sacó de su mesita de luz un bloc de notas y una lapicera.

―Ya estás preparada muy bien. Anota por favor ―dijo él acariciando su cabello negro―. Compromiso,matrimonio, luna de miel, hijos, Luna...

―¿Qué más? ―preguntó ella que seguía anotando.

Mateo la miró asombrado y apartó el bloc de notas de sus manos.

―Luna lee las palabras en voz alta ―dijo poniendo de nuevo el bloc en las manos de ella.

―Bien. Compromiso, matrimonio, luna de miel, hijos, Luna ―leía sin pensar pero cuando las palabras cobraron sentido se puso nerviosa―. ¿Qué significa esto? .

―Supongo que me merezco esto ―suspiro enojado consigo mismo―. Bien haré las cosas como Dios manda ―dijo levantándose de la cama desnudo para sacar una cajita negra de sus pantalones.

Se arrodilló frente a ella y abrió la cajita dejando a Luna muda de la emoción.

―¿Quieres casarte conmigo?

Ella lo miró con lágrimas en los ojos mientras él le colocaba el anillo sin esperar la respuesta. ¡Que típico de él!

―Espero que tú silencio sea debido a la emoción. Sé que no soy muy romántico aquí de rodillas y desnudo pero al verte despierta la tentación pudo conmigo.

―Te quieres casar conmigo porque… ―dijo ella para que él terminará la frase.

―Te amo por supuesto. Creí que lo sabías porque por lo general antes de ti mis relaciones duraban menos de una semana. Y tú me amas ―declaró firmemente y la besó dejándola sin aliento.

―Te amo ―susurró ella.

―Gracias mi amor. Siento no habértelo dicho hace un año cuando nos conocimos pero los sentimientos que me provocas me vuelven locos. Eres dulce, amorosa, sexy y la única persona en el mundo que me entiende. Me amas siendo como soy y sé que no soy fácil ―dijo con una sonrisa traviesa.

―Creí que ibas a dejarme ―dijo abrazándolo ―. Tenía tanto miedo de perderte.

―Eres mía Luna nunca vas a perderme. Desde ahora tú trabajo será organizar nuestra boda ―dijo él apretándola a su cuerpo.

―Te amo tanto. Me haces la mujer más feliz del mundo. Te amo ―repitió.

―Te amo Luna y estamos iguales porque gracias a ti soy el hombre más feliz del mundo. Feliz San Valentín.

Permanecieron abrazados dándose tiernos besos mientras amanecía y el futuro los esperaba.

By Danyyy

***

En este enlace pueden leerse los otros relatos presentados para este reto:

lunes, 21 de mayo de 2012

NUEVO RETO: INCLUYE TRES TÍTULOS EN TU CUENTO (editado)

¡Hola socias!, aquí les dejo el nuevo reto que se me acaba de ocurrir. Consiste en escribir un relato, o micro-relato, dónde al menos aparezcan tres de los títulos que a continuación os pondré. Decirles que, los mismos, son los títulos de las obras que han escrito socias del club, y las cuales podrán encontrar en la Tienda Virtual.

Aquí os dejo dichos títulos:

-Erótika
-Amor Inesperado
-Crónicas Mágicas. Dimathian
-Una semana para olvidarte
-Pasos En El Bosque
-Prohibido llorar por las rosas blancas
-Las Caras De La Luna
-Encadenada A Mi Destino
-El Cazador De Almas
-Alma De Dragón
-Envuelto Para Llevar
-Amante y Felino
-La Redentora De Almas
-Juegos De Seducción
-De Amor y Otros Pecados
-De Sexo, De razón Y Corazón
-Añoranzas De Una Sábana Mojada
-Mi Corazón Es Tuyo
-Carrusel, La Historia De Un Amor
-El Guardián De Mi Corazón
-Rehén de tu amor
-Almas Destinadas
-El Guardián De Las Espadas
-Diez Años Después...
-Oculto en el corazón
-Una Chica Inocente    
-Promesas Olvidadas
-Corazones oscuros
-Belleza oscura   
-El guerrero de mi destino
-Adicción a la noche
-Adicción a la soledad
-Adicción a la noche
-Corazones oscuros
-Belleza oscura
-Complemento
-Atrapada En Otra Dimensión
-El Amor Es Cosa De Otro Planeta
-El Beso De La Vida
-El Alma Perdida
-Instintos Animales
-Amor Clandestino
-Aruka
-Melodía Inmortal
-Cachitos De Amor
-¿Quién se ha comido a las estrellas?
-Historias De Una Gaviota
-Jugando Con Fuego
-Abrazando El Olvido
-Aquella Otra Navidad
-La Dama Negra
-Un Juego De Amor
-El Medallón De La Magía
-Café y Martinis
-La Leyenda Del Sueño
-Tower Bridge, Un Amor En El Tiempo
-Fijación
-Pasión De Medianoche
      
*Si te animas a participar, tienes que decírmelo por medio de un comentario indicándome, si lo tienes claro, los tres títulos que has elegido.

*Plazo de entrega, hasta el 1 de Junio.

Aquí os dejo un pequeño ejemplo:

"Estaba yo, una chica inocente de pueblo, observando en silencio el cielo estrellado, mientras pensaba en lo maravilloso que sería poder viajar por el espacio y así poder ver mejor las caras de la luna, cuando escuché unos extraños pasos en el bosque.

Por un momento, pensé que era un animal que me estaba acechando, pero cuando vi que se trataba de mi hermana, respiré tranquila y continué estudiando el firmamento, pero esta vez, con compañía." 

Espero haberme explicado bien y que muchas de vosotras os animéis a participar. 

¡Saludos!