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jueves, 21 de junio de 2012

DUODÉCIMO RELATO NACIDO DEL RETO: CON ESTAS PAUTAS CREA UN CUENTO

Aquí les dejo el último relato que he recibido para el reto: Con Estas Pautas Crea Un Cuento. Esta vez viene a manos de nuestra compi Jennieh:


¡BANG!: CAMBIO DE PLANES


Caroline, durante su época escolar fue siempre destacada; nunca le dio problemas a su madre, pero desde el último verano venía mostrando cambios muy extraños en su conducta. Acostumbraba, ahora, a llegar muy tarde a casa y no daba mayores explicaciones, siempre se encontraba ocupada hablando por teléfono o contestando correos en la computadora. Ella, consciente de todo aquello por las noches no lograba dormir, pero ya no había marcha atrás.

Su vida cambió radicalmente desde que tuvo la mala o buena suerte, ya no sabía a cuál de las dos se debía, de conocer a Stacy, quien la invitó a una fiesta; a la que accedió ir ingenuamente. En ningún momento, antes de aquella noche, se percató de la ocupación de Stacy ni siquiera con las extrañas preguntas que esta le hizo.

Tuvo que ceder a la presión del momento para salvar su vida, y aunque, ahora tenía otros motivos para seguir en ello su conciencia le recordaba constantemente el peligro que la asechaba. Sin embargo, debía reconocer la buena suerte que tuvo de llamar la atención de uno los hombres. Por lo que Stacy le comentó más tarde nunca le había visto quedarse con ninguna de las chicas que ella llevaba y, mucho menos pedir exclusividad. Al entrar en la habitación él le dijo que no debía temerle, pues sabía muy bien que ella no estaba allí por voluntad propia; y que por lo tanto no la tocaría si ella no lo deseaba. Curiosamente a la mañana siguiente despertaron abrazados. Los tímidos rayos de sol que lograban traspasar el intenso follaje de los árboles, le brindaron una escena que jamás pensó presenciar; la fortaleza, y al mismo tiempo la indefensión que proyectaba aquel hombre la hicieron estremecer. Su cuerpo fue golpeado por una serie de sensaciones que, hasta ese entonces, no había experimentado.

Tuvo tiempo suficiente para arreglarse antes de que él despertara. No deseaba partir sin antes darle las gracias, con su ayuda se había salvado de una trágica noche, ni siquiera, era capaz de pensar que hubiera pasado con ella fuera de esa habitación. La sonrisa que recibió como buenos días terminó por envolverla, no supo en qué momento se acercó a él para besarlo en los labios suavemente. La mirada de sorpresa que recibió como respuesta permitió que saliera de aquel embrujo, luego, tomó rápidamente el bolso de mano que llevara como equipaje y comenzó a caminar hacia la puerta, pero el fuerte abrazo que la rodeó por la cintura le impidió seguir. — Quédate conmigo—le susurro al oído—, desde que éramos niños supe que no podría vivir sin ti—. Las extrañas palabras de aquel hombre le permitieron recordar a Michael, a quien no veía desde hacía cinco años; no podía creer que fuese él. El paso de los años le habían transformado en un hombre muy atractivo, ya no existían los rasgos del adolescente desgarbado al que dejo de ver al cambiarse de casa.

Mientras desayunaban supo toda la historia de Michael, su hermano había muerto unos meses después que ella se marchara del barrio. La muerte, claro, no había sido casual, y ahora se encontraba allí para descubrir a los culpables. Su venganza casi se va al suelo cuando, por la noche, la vio llegar; estaba decidido, si hubiera sido necesario, a defenderla de todos ellos, ya en otras oportunidades había tenido que presenciar cómo le arruinaban la vida a otras chicas que Stacy, sin ningún escrúpulo, llevaba para que ellos pudieran disfrutar de sus reuniones.

Para resguardar sus vidas y el secreto que los unía decidieron continuar como pareja en la organización, así, ningún hombre se acercaría a ella con otra intención, además, Caroline tendría acceso a información que hasta ese entonces Michael, no hubiera podido preguntar a Stacy, sin levantar sospechas.

Las investigaciones que habían realizado estaban dando frutos, ya sabían por boca de Stacy que Roberto, el hijo del más reconocido mafioso de la cuidad, tenía que ver con lo sucedido al hermano de Michael; solo faltaba saber el motivo y en qué medida estaba involucrado. Mientras, esto sucedía se habían prometido no ceder a sus pasiones para evitar bajar la guardia y así encontrarse siempre prevenidos.

Durante mucho tiempo ya, Caroline, había reprimido los sentimientos que, junto a la evidente atracción física que sintió desde la mañana siguiente del recuentro con Michael, crecieron conforme pasaban los meses. En un momento de debilidad se permitió buscarlo y, sin darse cuenta que estaban siendo observados le llamó por su verdadero nombre; en ese momento Stacy, comprendió el por qué de tantas preguntas respecto del maldito que no se había sido capaz de pagarle por completo sus servicios y comenzó a llamar a Roberto para enterarlo de la situación, mas en ese momento con una rápida reacción de Michael lograron acallar sus gritos.

Los días que siguieron fueron de una angustia absoluta para Caroline. Le preocupaba que se llegasen a enterar que ellos tenían que ver con la misteriosa desaparición de Stacy y, más aún, de lo que habían planeado para ella y Roberto tras enterarse de la verdad.

El asunto de la muerte del hermano de Michael resultó ser el acto más irracional que hubiera tenido oportunidad de escuchar. Stacy, por aquellos años era una prostituta que ofrecía sus servicios en una página web y John le había llamado; luego, como al momento que le pagara se dio cuenta que faltaba dinero y al no conseguir otra cosa, que ser tratada como lo que era, se fue ofendida jurando que aquello no quedaría así. En ese tiempo había conocido a Roberto, quien ante sus encantos de mujer con experiencia había quedado muy prendado de ella y tras conocer la razón del porqué le encontrara marcas en el cuerpo averiguó la dirección exacta y fue en búsqueda de John para eliminarlo; así lo hizo con un solo disparo y, tras sacar de su bolsillo todo el dinero que poseía, lo dejó desangrando en la calle.

Hicieron que Stacy llamara a Roberto para que se juntasen, el asunto no resultó difícil, pues hasta entonces mantenían su relación y, tras encerrarlos juntos, Michael, puso en marcha un nuevo plan para cobrar justicia. Los mantuvo en una habitación con dos armas, una para cada uno; después de todo, no pensaba ensuciar sus manos, tras haberse encontrado con Caroline. La espera para que uno de los dos cediera y terminara con el otro se había vuelto desesperadamente larga, por lo que decidió ejercer presión. Les amenazó con matar a los dos si uno de ellos no disparaba primero y que la muerte de ambos sería lenta y dolorosa. Roberto, le aseguro que no haría nada en contra de Stacy y, para confirmar su promesa se acercó a ella para besarla; al instante fue sorprendido por un intenso calor que comenzó a recorrer su abdomen. Le habían disparado, buscó a su alrededor para encontrar al culpable, pero se sorprendió que quien portaba el arma era Stacy quien con una leve sonrisa le dijo: “— Lo siento, cariño, era tu vida o la mía—.

La suerte de Stacy, no fue diferente a de la de Roberto, al enterarse el padre de éste quién lo había asesinado, destino una muerte muy particular para ella; ninguna de las explicaciones, en las que culpaba a John, como le conocía el resto, le sirvieron como defensa; más tarde, la policía encontró junto a su cuerpo ciento sesenta y cinco dólares y un arma que tenía inscrita la frase culpable, esa cantidad era la misma que encontraron sobre el cuerpo de Roberto días antes y la que ella aseguró que John le debía.

Michael, quien hasta ese entonces llevaba el nombre de su hermano pudo desvincularse de la organización tras ocultarse un par de meses y se creyera que él y Caroline habían sufrido la misma traición que Roberto. Los meses que siguieron fueron únicos para ambos. Caroline, bromeaba constantemente sobre haberse enamorado del chico malo, que como sabemos no lo era tanto, y libres de no tener que ocultar sus verdaderos deseos el uno para con el otro comenzaron a vivir las fantasías que el tiempo les había permitido soñar. En un comienzo estuvieron varios días sin salir de una de las habitaciones, del lujoso hotel que el padre de Roberto poseía en Cancún.


FIN

domingo, 17 de junio de 2012

UNDÉCIMO RELATO NACIDO DEL RETO: CON ESTAS PAUTAS CREA UN CUENTO

Aquí les dejo el siguiente relato que he recibido para el reto: Con Estas Pautas Crea Un Cuento. Esta vez viene a manos de nuestra compi Déborah F. Muñoz:

Había amado a Lorenzo con toda su alma, pero no podía más. Sabía muy bien dónde se metía cuando se casó con él, pero en su interior había pensado que podría cambiarle con el tiempo. No obstante, no sólo no lo había hecho sino que después de nacer su hijo, Roberto, había perdido su apasionado interés por ella y había empezado a buscar el afecto de otras mujeres a escondidas. 
 
A pesar de todo, ella había seguido a su lado porque Lorenzo había minado su autoestima de tal forma que se sentía incapaz de desenvolverse sola. No obstante, ahora que había escuchado la conversación de su marido, con los proyectos que tenía para cuando creciera su hijo -proyectos que incluían grandes cantidades de dinero y tráfico de armas-, había decidido acabar con todo, así que cogió a Roberto, que estaba medio dormido, y salió a hurtadillas de la mansión.
 
No llegó muy lejos antes de ser interceptada y arrastrada hasta el despacho de su marido, que la miró con cierta diversión en los ojos.
 
-Bueno, querida, me acabas de dar la excusa que buscaba para deshacerme de ti...
 
 
FIN

sábado, 16 de junio de 2012

DÉCIMO RELATO NACIDO DEL RETO: CON ESTAS PAUTAS CREA UN CUENTO

Aquí les dejo el siguiente relato que he recibido para el reto: Con Estas Pautas Crea Un Cuento. Esta vez viene a manos de nuestra compi PukitChan:

 
PENTHOUSE



Habían pocas cosas que a Roberto, le recordaban a su padre, Lorenzo.  Realmente eran escasas, cosas como un tipo de loción, alguna pintura extraña, un anillo demasiado costoso como para llevarlo en los dedos de la mano… y también la sonrisa de una mujer.

Pero no cualquier sonrisa, claro estaba. Una mujer atractiva visualmente, ladeando el rostro para dejarse acariciar por sus cabellos mientras sus labios se curveaban sensualmente para dejar escapar una mueca de arrogancia que podía confundirse con coqueteo. Ése era el tipo de sonrisa que le traían a la memoria a su padre.

Aunque nunca imaginó que Stacy fuera quien se lo recordara, cuando ella pasó a su lado, soltando una suave y apenas audible risa.

―¿Roberto?

El aludido levantó el rostro como un acto involuntario al escuchar su nombre. Parpadeó perdido en sus recuerdos hasta que logró concentrarse en la hermosa figura de Caroline, mirándolo confundida.

―Lorenzo… ―murmuró.


***

Cerró los ojos, recordando aquella última noche que habían estado juntos. El cómo se habían conocido no tenía mucha relevancia. Bastaba con decir que ella y él tenían algo en común durante aquel tiempo: mantener lejos a Caroline de Roberto. No por amor, ni por venganza, era por deseo. Un deseo sexual y pasional que  los llevó a encontrarse y que pronto se transformó en una convivencia mucho más profunda de lo planeada.

―Señorita Stacy, qué gusto volver a contemplar su belleza indomable… ―murmuró una voz galante y sedosa, que llegaba a sus oídos como dos caricias en su piel. Ella se sentía halagada y no dudaba en demostrarlo al sonreír coquetamente, moviendo sutil pero seductoramente sus senos para luego esbozar una tímida e incoherente sonrisa.
―Señor Di Steffano ―saludó ella, inclinando su cabeza a modo de respuesta, para después extender su mano, esperando una elegante reverencia.
―Lorenzo, por favor, llámame Lorenzo ―él tomó la mano, besándola en el dorso. No tardó en incorporarse y sonreír al guiar a la chica hacía el ascensor del elegante hotel, colocando la mano de ella bajo su brazo. Una vez que estuvieron en la intimidad de aquellas paredes de acero que los llevaban al penthouse, murmuró confidente―: Después de nuestra última noche, no creo que sean necesarias tantas formalidades.

Ella sonrió orgullosa. Aquel hombre, aunque mayor, era atractivo y poseía un instinto sexual que dejaba muy atrás el mito de que a cierta edad, los hombres dejaban de tener sexo. De sólo pensar que pasaría otra noche a su lado y sobre todo, soltando su imaginación… sí, aquello era delicioso.

Porque Stacy nunca imaginó que el imponente hombre, Lorenzo Steffano, dueño de una cadena de hoteles y además con rumores de ser un posible mafioso, fuese un hombre realmente pasivo a la hora de estar en la cama.

Pasivo… en el buen sentido de la palabra.

Aún recordaba la forma en la que él permitió dejarse atar. Si bien no era precisamente un joven, ese hombre maduro se conservaba muy bien. Stacy imaginó que se mantenía de esa manera para las tantas amantes que había tenido, porque si de algo no tenía duda era precisamente de ello; que ése era un hombre de más de una cama.

Trató de comprender las razones por las que aquel hombre se dejó dominar por ella aquella noche. Supuso que quizás estaba cansado de mandar y por una vez deseaba que lo mandaran a él. ¿Quién sabe? Pero Stacy disfrutó como nunca esa ocasión. Y ahora, mientras sentía la mano del hombre recorriendo la forma de su espalda sensualmente, sabía que no había razón para ocultar aquello que los unió la primera vez que se miraron a los ojos.

―Lorenzo… ¿qué haremos esta noche?

Él le esbozó una sonrisa ladina, mientras sus pasos finalmente llegaban al lujoso penthouse, reservado esa noche, sólo para ellos dos… acompañados de su imaginación.

―Lo que desees, Stacy.

Fue su última noche, aunque ése no fue el acuerdo. Tenían la promesa de verse dos semanas más adelante, ocasión que nunca llegó a ocurrir pues repentinamente se enteró de que Lorenzo había muerto. No, en realidad lo habían asesinado.

Sorpresivamente, aquello no le dolió. Le causó curiosidad en todo caso ya que no lo había conocido lo suficiente para poder inspirar hacia él alguna clase de sentimiento o emoción. Al analizarlo, quizá era por ello que la consideraban muchas personas una mujer de tan poca dignidad y humanidad. Pero para ella, era sinceridad. Nadie aún había llegado tocar un corazón tan duro de coraza, al menos no otra vez.

Sin embargo, tiempo después de aquel suceso, Stacy se encontró una tarde de un día cualquiera pensado en Lorenzo con melancolía. Recordaba su sonría y ella, sin que jamás lo supiera ya que no tuvo el tiempo para descubrirlo, había logrado dejar una huella en el amargo corazón de Lorenzo Di Steffano. Y quizá era ella también negándolo, pero ese hombre también había arrancando un pedazo de su corazón, llevándoselo más allá la muerte.

Tal vez el amor no está prohibido para nadie. ¿Quién sabe?

Y mientras caminaba pausadamente, suspiró profundamente cuando a la lejanía creyó divisar la figura de Lorenzo. Por unos minutos se quedó contemplando aquella anatomía hasta que al parpadear, y caminar un poco más, se dio cuenta de que a quien miraba era realmente a Roberto.

―Se nota que es tu hijo… ―comentó divertida, recogiendo su cabello detrás de la oreja.

Avanzó a paso lento, ya que no tenía demasiada prisa en realidad. Notó que su caminata se desvió inconscientemente hacía la figura de Roberto, recargado en su motocicleta. Éste, seguramente se percató de que alguien se dirigía hacía él, pues volteó a verla con un gesto de impresión en sus ojos brillantes.

Stacy pasó a su lado, recordando a Lorenzo, lanzándole una sonrisa divertida y una mirada desafiante, comprendiendo de que quizás su venganza no había salido como la había planeando, pues la olvidó cuando conoció a Lorenzo; sin embargo, de alguna forma sentía una interna satisfacción por saber que ella había conocido más a aquel hombre en unas semanas, de lo que seguramente habría hecho Roberto en toda su vida. De una forma distinta y casi irreal para alguien como él.

Había conocido al humano que era Lorenzo Di Steffano.

Stacy no se detuvo, pero su sonrisa se extendió a medida que se iba alejando de Roberto en ese breve encuentro. Ella no se percató de que si se hubiera detenido sólo unos segundos más, habría cruzado su camino una vez más con el de Caroline. ¡Pero en fin! Así era la vida.

***

―¿Por qué mencionas el nombre de tu padre? ―quiso saber Caroline al ver el perfil abrumado de Roberto, siguiendo la dirección de su mirada hasta que vio más allá la figura andante de Stacy. Aun así, no le halló coherencia a la situación―. ¿Roberto?
―Nada… ―negó montándose en la motocicleta e invitando a Caroline que hiciera lo mismo. Cuando estuvo por avanzar, volteó una vez más para buscar a Stacy, aunque ella ya había desaparecido de su rango―. Es sólo que... ―dijo al fin. Caroline aguardó paciente a que Roberto completara la oración―. Es sólo que nunca me imaginé que Stacy me recordaría a mi padre. Curioso, ¿no crees?

Ella sonrió.

―A veces existen hilos desconcertantes. 


FIN

jueves, 14 de junio de 2012

OCTAVO RELATO NACIDO DEL RETO: CON ESTAS PAUTAS CREA UN CUENTO

Aquí les dejo el siguiente relato que he recibido para el reto: Con Estas Pautas Crea Un Cuento. Esta vez viene a manos de nuestra compi Mari:
 

UNA DESPEDIDA DE SOLTERA BASTANTE MOVIDITA


Nos encontrábamos en la piscina de mi mejor amiga festejando su despedida de soltera.

Nos lo estábamos pasando muy muy bien y conforme iba transcurriendo la noche la fiesta se iba poniendo mejor. Aunque el momento cumbre de esta iba a ser cuando los camareros semidesnudos dieran paso a los stripers que habíamos avisado como sorpresa para nuestra amiga.

Pero de pronto… varios muchachos saltaron la valla del jardín que nos separaba de la piscina del vecino con los rostros parcialmente cubiertos y con pistolas haciendo que la fiesta se suspendiera.

-Todas quietas. La que se mueva se la carga -gritó uno de ellos haciendo que todas nos quedáramos paradas de golpe y mirándolo.

-Tío, creo que nos hemos equivocado -decía otro de los muchachos.

-Cállate, es posible que alguna de ellas conozca a Roberto -decía el muchacho que había hablado el primero mientras se iba dirigiendo hacia mi- ¿verdad que si Caroline?

-¿Quién eres? -le dije cuando lo tuve junto a mi, su voz me sonaba.

-¿No me has reconocido, Caroline? -me preguntó mientras iba mostrándonos su rostro poco a poco.

-¡¡¡Brian!!!

-Bingo, pequeña

-¿Qué es lo que quieres? -le pregunté mientras veía como se metía la mano que tenia libre en uno de los bolsillos de su chaqueta de cuero.

-Poca cosa. Que te pongas ropa cómoda, cogas esta pistola y este dinero y nos ayudes a encontrar a tu novio, nuestro amigo -me dijo mientras ponía sobre la mesa un revolver y un fajo de billetes.

-¿Poca cosa?, ¿seguro?

-Si, seguro.

-¿Y si me niego?. Yo no sé donde esta Roberto.

-Yo creo que sí lo sabes -me dijo a la vez que sonaba criminal de Britney Spears en mi móvil indicándome que acababa de llegarme un mensaje.

-¿El mensaje?

-Si.

-Caroline o dejas a Roberto y me eliges a mi o despídete de el para siempre. Michael.

Esto no puede ser cierto.

-Lo es, sus celos por Roberto lo han vuelto loco. Es más dejó a Ian inconsciente con un dardo somnífero antes de hacer lo mismo con Roberto y llevárselo.

-¿Cómo?

-Lo que has oído Caroline. La vida de mi hijo y de tu novio esta en tus manos.

-¿Señor Lorenzo?

-Si, soy yo. Y te pido por favor que nos ayudes.

-De acuerdo. Voy a ir a buscar a Roberto -les dije a todos cogiendo el arma por si tenía que defenderme y el dinero por si tenía que sobornar a algún amigo de Michael que le estuviera ayudando.

-Caroline, deberíais de llamar a la policía. Es peligroso que vayas sola -me decía mi amiga Iris mirándome muy preocupada.

-Iris, esto solo puede hacerlo ella. Además cuando Roberto este con ella la policía se ocupará de Michael. Esta todo listo -decía Brian mientras yo cogia mi bolso y las llaves de mi coche.

-¿Y la pistola que le habéis dado?, ¿Y las pistolas con las que habéis entrado?

-Iris no me va a pasar nada -le dije mientras me montaba en mi coche y emprendía el viaje hacia casa de Michael.

20 MINUTOS MÁS TARDE

Tengo que seguir siendo fuerte. Todo es por Roberto.

Por nosotros, él haría lo mismo por mi.

DIN DON

-¿Quién es?

-Soy yo Michael, Caroline.

-Cariño -me dijo abriendo la puerta en seguida y abrazándome.

-¿Donde esta Roberto?

-¿Para que quieres saberlo?

-Para despedirme de él.

-Esta en el comedor.

-Bien.

-Tú no vas a entrar sola -me dijo cogiendome fuertemente por la cintura.

-Me estas haciendo daño, Michael…Michael... -era como si no me escuchara-. Suéltame -le dije apuntándole con el arma viendo que cada vez me apretaba mas contra él.

-Eres mala, me has querido engañar -me dijo al ver el arma apuntando su pecho mientras me la intentaba quitar.

PUM

-Me las vas a pagar Carolina -me dijo Michael cayendo al suelo.

-Señorita, aléjese de el. Vaya con su novio -me dijo un policía instantes después de que se disparara el arma durante el forcejeo.

-¿Caroline? -oí que me llamaban.

-Roberto -le dije al volverme y verlo detrás de mi con los brazos abiertos y con una gran sonrisa.

-Mi vida -me dijo mientras me lanzaba a sus brazos para unirnos en un beso apasionado sin importarnos todo lo que nos rodeaba en este momento.

Para después marcharnos a su casa y pese a su cansancio por el secuestro, demostrarnos nuestro amor entregándonos mutuamente durante todo lo que quedo de noche.


FIN

miércoles, 13 de junio de 2012

SÉPTIMO RELATO NACIDO DEL RETO: CON ESTAS PAUTAS CREA UN CUENTO

Aquí les dejo el siguiente relato que he recibido para el reto: Con Estas Pautas Crea Un Cuento. Esta vez viene a manos de nuestra compi Luz:
 

EL CLUB


Su cuerpo se estremeció, tensándose más aún las cuerdas que lo aprisionaban, marcando su desnuda piel. Una decena de chicas lo observaban detrás de sus portátiles, y él simplemente se avergonzó de la situación. No había ido hasta allí para eso, pero por su amor haría lo que fuera, hasta posar desnudo y atado para un grupo de artistas locas, entre ellas Caroline, su chica. Pero con lo que no contaba era con una de ellas empuñando un hierro de marcar ganado al rojo vivo, acercándosele. No temas cariño, esto sellará nuestro amor para siempre, le susurró Caroline al ver aproximarse a su cuerpo la punta del hierro incandescente. Un sonido, apenas un lamento, gutural se le escapó entre los labios cuando sintió sobre su pecho el calor que lo marcó sobre su corazón, en señal del amor que le profesaba. Y justo antes de perder el conocimiento, la vio a su lado, observándolo con cara de satisfacción. Minutos después Roberto abrió los ojos al sentir el alivio de algo fresco sobre la herida. A su lado encontró a la loca que portaba el hierro, que lejos de reconfortarlo, lo miró con una mezcla de odio y deseo, que no alcanzó a comprender. Estaba agotado y el pecho le dolía horrores. Levantó la cabeza y vio sobre su piel dos letras marcadas a fuego, una C y una E. eran las iniciales de su chica. Sonrió. Se dejó llevar nuevamente por las brumas de la inconsciencia sabiendo que lo había aceptado, y que ya jamás podrían separarlo de ella.

Despertó de un pesado sueño envuelto en sábanas de seda negra. El contacto con su cuerpo desnudo pronto hizo reaccionar a su parte más viril. No sabía dónde estaba, pero eso no le importó a la hora de llevarse la mano a su excitado miembro para aliviarse. De pronto una mano enérgica lo paró antes de poder agarrarse.

-¡No puedes hacer eso! Tu cuerpo ahora pertenece al Club. Sin permiso no puedes ni rascarte.

-Pero,… ¿Qué…?

En la habitación resonó una soberana bofetada, que terminó de despertarlo. Se incorporó rápidamente sobre la cama, pero un agudo dolor sobre su pecho lo paró en seco.

-Quédate en la cama unas horas más, aún no estás recuperado.

Roberto miró a su interlocutora por primera vez, notando en el ambiente su poder. No era solo su presencia y fuerza, era algo más que traspasaba los sentidos, haciendo que su alma se encogiera, buscando su protección. Y eso era algo inverosímil para él. ¿Un hombre buscando la protección de una mujer? Sacudió su cabeza para alejar esas tonterías, fijando la vista en ella. Era la mujer más hermosa que jamás había visto. Alta y estilizada, con un vestido negro que se amoldaba a cada una de sus curvas a la perfección. Sus cabellos caían en cascada sobre sus hombros, rivalizando el tono negro azulado con el brillante del vestido. Sus ojos eran fiel reflejo de su alma. Dulces a la vez que fríos y distantes. Llenos de fuerza y determinación.

-Te lo voy a dejar pasar porque eres nuevo aquí, pero la próxima vez que me mires así pagarás la ofensa con tu vida –Roberto tardó más de lo que quiso en apartar la mirada de ella, a pesar de la advertencia–. Ponte esto, es un kilt, ¿sabes cómo se pone? –Asintió, intimidado por la mujer–. En tres horas has de presentarte abajo en el salón. Dúchate y quítate ese olor a macho cabrío que desprendes. En el baño hay jabón y perfume, úsalos. Eres la última adquisición del Club, el presente que Caroline nos ha traído, y todas van a querer conocerte.

La deidad morena, que había permanecido sentada al borde de la cama, se incorporó elegantemente, y sin decir nada más salió de la habitación, echándole una última mirada, esta vez con deseo. Tres horas más tarde y casi después de haber permanecido una debajo del chorro del agua fría, pensando en dónde se había metido, Roberto bajó las escaleras principales hasta el gran salón, precedido por dos provocativas mujeres, sus guardianas, que lo anunciaron como el presente de Caroline Everest, su novia. Doscientas mujeres, a cual más hermosa, callaron en ese momento, fijando sus ojos en él. Se sintió más desnudo y avergonzado que nunca antes en su vida, como si aquellos doscientos pares de ojos lo estuvieran devorando. Bajó la cabeza, intimidado, mirando el aspecto que tenía. Cómo no lo iban a mirar así. Un tío musculoso, depilado, bronceado y oliendo a Acqua di Gio, vestido únicamente con un corto kilt de discretos cuadros pardos sobre blanco, que deliberadamente podía abrirse por delante con un simple movimiento o reacción inconsciente, en mitad de una manada de mujeres que presumiblemente ya estarían fantaseando con él. Sintió que alguien se le acercaba, y al levantar los ojos se encontró a Caroline delante de él.

-Sonríe, estúpido –le susurró entre dientes, dejándole perplejo–, me vas a hacer quedar fatal delante de mis compañeras. Y te aseguro que si eso pasa, te vas a arrepentir.

-Pero, Caroline, ¿qué está pasando? –se atrevió a levantar su mano y agarrarla del brazo, y sin esperarlo la segunda bofetada del día se estrelló sobre su cara.

-¡Que sonrías! Ahora no eres más que una propiedad, y has de hacer lo que se te diga. Menea tu lindo culo hacia las bebidas y sírvenos. Queremos verte.

Roberto obedeció, y siguiendo la dirección que una de sus guardianas le indicó, se acercó a una barra situada al fondo, llena de bebidas listas para servir. Cogió una de las bandejas y se mezcló con las mujeres que a su paso dejaban de hablar. En todas las reuniones del Club, fuera de la índole que fuera, el tema principal era siempre el mismo: “Estoy ahora mismo con una historia de dos enamorados que…”, “pues yo he empezado una de vampiros donde…”, “a mí se me está ocurriendo un relato corto de dos amantes pillados en…”. Las socias de tan selecto Club, allí presentes todas, siempre tenían alguna idea en la cabeza sobre lo próximo que iban a escribir, y esas reuniones eran el sitio perfecto para comentarlas, sacar más ideas, y hasta colaboraciones entre ellas.

Aquella noche era la presentación de una nueva socia, la escritora amateur Caroline Everest, pero la verdadera estrella de la noche fue el presente que hizo al Club como presentación, su joven y musculoso novio, Roberto, que levantó pasiones entre todas las socias. Las más recatadas simplemente se quedaban mirándolo con ojos golosos. Y alguna de las más atrevidas le metió la mano debajo del kilt, sobándole el trasero. Roberto se sintió asqueado, comprendiendo así a las chicas, sobre todo las camareras, que a diario son tratadas así por borrachos y frescos en los pubs de moda. La noche se le hizo muy larga, y cuando ya dejó de acaparar todas las miradas, vio a más hombres entrar en el salón, con la misma indumentaria que él. Y la misma marca en el pecho, una C y una E. Se acercó a la barra donde uno de esos hombres, que ya peinaba canas, le tendió la mano.

-Tú eres Roberto, ¿verdad? – Roberto asintió – Yo soy Lorenzo.

-¿Lorenzo?... ¿El multimillonario?

-El mismo.

-¿Qué haces aquí? ¿Qué sitio es este?

-Una de estas arpías me sedujo, y aquí me tienen en esta cárcel de oro que mantienen con mi fortuna a su merced. Irónico, ¿verdad? Lo que yo hacía en mi juventud con las mujeres que me gustaban, ellas lo están haciendo a lo grande. No te preocupes, aquí no se está tan mal, pero te van a usar y a exprimir hasta que se harten de ti o entre una nueva socia, con un nuevo “regalo”.

-Pero, ¿qué clase de mujeres son todas estas locas?

-Son escritoras. Este es tu nuevo hogar, la sede del Club de las Escritoras, una sociedad secreta que maneja los hilos de nuestro mundo en las sombras. Obedece todo lo que te manden y estarás bien, porque de aquí no se sale con vida. Esas dos letras que llevas sobre el pecho dicen de ti que eres una de sus propiedades, y allá donde vayas todo el mundo lo sabrá. Complácelas y vivirás bien. Enójalas y esto será un infierno para ti. Olvídate de tu chica, ya no le perteneces a ella sola, ahora perteneces a doscientas.

Roberto se giró tratando de digerir todo lo que acababa de oir, y a sus espaldas vio a todas las escritoras pendientes de él. Una de ellas dio unos pasos hacia él y le tendió la mano. Ve con ella sin dudarlo, oyó que le decía Lorenzo. Agarró con firmeza la mano de la mujer, y la siguió escaleras arriba.


FIN

SEXTO RELATO NACIDO DEL RETO: CON ESTAS PAUTAS CREA UN CUENTO

Aquí les dejo el siguiente relato que he recibido para el reto: Con Estas Pautas Crea Un Cuento. Esta vez viene a manos de nuestra compi Danyyy:


Por el amor de un hombre


Eleonora termino de arreglar todos los papeles para firmar el contrato más importante de la empresa donde trabajaba como asesora financiera y sintió que se sacaba un gran peso de encima.Tenía el trabajo de sus sueños solo sería perfecto si no fuera la empresa de Nazareno Olivares.Desde que él llegará a Buenos Aires para ocupar la presidencia,que antes era de su padre,su presencia la había perturbado.Era increíblemente apuesto una verdadera tentación para los sentidos aunque ni siquiera habían cruzado más de dos palabras.La vida de él era un libro abierto donde se podían leer historias de hermosas mujeres y lujos sin fin dignos de un playboy.Sin embargo de su pasado nada se sabía. 

Sonrió ante las fantasías que algunas noches protagonizaba junto a Nazareno.Eran verdaderamente salvajes y por supuesto no pasaban de ser imaginación de una mujer de treinta años soltera pero en ocasiones creía que se estaba enamorando de él.Definitivamente tendría que salir con frecuencia así no soñaba con un imposible.Cerró la última carpeta y se dirigió al escritorio de la secretaria de él pero no la encontró por lo cual decidió entrar al despacho y dejar las carpetas allí.Tomó un papel y dejo un mensaje a la secretaria.Cuando se dio vuelta para marcharse un maletín gris caído del otro lado del escritorio llamó su atención.Al levantarlo el contenido del mismo se desperdigo por el suelo dejándola impresionada.Dolares,un arma y una identificación.Levantó el arma y un billete con cada mano.Luego los dejo sobre la mesa y tomó la identificación que decía Roberto pero no podía leerse el apellido.La foto era de un joven de no más de 19 años. 

De repente como en toda buena película de terror apareció Nazareno con su imponente figura. Su piel morena y ojos verdes la paralizaron de miedo y deseo por partes iguales.Definitivamente estaba loca si pensaba en su atractivo en esos momentos. 

— Hola Eleonora —dijo él cerrando tras la puerta. 

—Yo…—balbuceo ella y él le regaló una inmensa sonrisa. 

—Creo que descubriste mi pequeño secreto —dijo él acercándose. 

—Vine a dejarte unas carpetas y vi el maletín caído.Nada más. 

—Ah no sabes como esperaba este momento —dijo él con los ojos llenos de deseo. 

—No te entiendo.Será mejor que me vaya —dijo ella y se encamino a la puerta pero él no se lo permitió. 

—Tú no te vas a ningún lado —dijo tomándola del brazo para sentarla en un sofá. 

—Te prometo que no diré nada —dijo ella nerviosa. 

—Ya sabes demasiado para dejarte ir hermosa —dijo acariciando su rostro. 

Eleonora se estaba derritiendo con sus caricias y cuando él la besó se recostó en el sofá buscando un apoyo para no caer en el abismo de sensaciones que la atravesaban. 

—Eres tan dulce —dijo él rozando sus labios—.Tan dulce y mía. 

Ella lo miró sorprendida ante sus palabras pero siguió rindiéndose a sus besos.La pasión iba en ascenso y por lo visto él no tenía pensado parar.Pero Eleonora por mucho que lo deseara no iba a hacer el amor con él en la empresa. 

—Nazareno debemos parar —dijo ella poniendo sus manos en el pecho masculino. 

—Tienes razón.Vamos a mi casa hermosa mujer —dijo él bromeando. 

Ella se fue con él son quejarse.Sus besos la hiceron débil, incapaz de razonar sobre cualquier cosa. 

Media hora después llegaban a una mansión en las afueras de la ciudad.En ningún momento él se privo del tacto de su mano sobre la de ella.Tampoco se borró su mágica sonrisa. 

—Llegamos —dijo él abriendo la puerta. 

La llevo directo a la segunda planta.A su habitación.La sentó en su cama y se arrodilló entre sus piernas. 

—Ya sabes quién soy realmente —dijo él, 

—No sé de qué me hablas Nazareno —ella estaba muy confundida debido a sus palabras. 

—No soy Nazareno —dijo mirándola a los ojos profundamente. 

—Hace diez años atrás me llamaba Roberto y mi padre era un mafioso. 

—Tú eres el joven de la foto —susurró ella. 

—Era ese joven pero ocurrieron muchas cosas y ahora estoy en otro país con otra identidad.Muchas cosas cambiaron en mi vida desde entonces. 

—¿El dinero y el arma son tuyas? —preguntó ella. 

—Supongo que no todas las cosas cambiaron —dijo sonriendo—.Crecí siendo el hijo de un mafioso por lo tanto algo se me pegó. 

—El dinero… 

—Un ajuste de cuentas.No seré el padrino pero tengo lo mío —dijo sonriendo de nuevo. 

—Eres un … 

—Mafioso o criminal como tú gustes.La empresa solo es una fachada en el fondo siempre seguiré haciendo lo mismo.Robando —dijo ahora completamente serio—.Tengo que confesarte algo.Puede que te enojes —dijo con una sonrisa sexy. 

—¿Qué ocurre? —dijo ella como si lo que pasará no fuera suficiente. 

—Yo deje el maletín para que lo encontrás —confesó él. 

—¿Por qué? —preguntó ella. 

—Sencillo amor quería que supieras quién soy y de esa manera retenerte a mi lado. 

Eleonora sentí que el suelo se movió a sus pies.Eran muchas cosas para asimilar pero nada importaba si podía tenerlo a su lado.Él se levantó y la llevo al centro de la cama donde comenzó a desvestirla.Todo sucedió muy rápido pero ninguno de los dos pudo contener el deseo.Llegaron juntos al cielo de los amantes. 

—Estás temblando —dijo ella al sentir su piel en el mismo estado. 

—Tú también amor y es culpa tuya.No sabes cuantas veces te imaginé en mi cama.Te amo y vas a casarte conmigo —ella lo miró y su mirada se humedeció por las lágrimas. 

—Te amo —dijo ella besándolo y provocando una nueva oleada de pasión. 

Un mes después 

Eleonora se estiraba satisfecha como tantas noches en la cama después de hacer el amor con Nazareno.Habían hablado mucho del pasado de él pero no quería sacar el tema.Ahora él era Nazareno el hombre con quién se casaría en pocas semanas.Aceptaba su estilo de vida y en ocasiones hasta lo acompañaba.Lo amaba desde hace mucho tiempo y eso no cambiaría jamás.La ducha se cerró y minutos después salió él ya vestido. 

—¿Hoy trabajas? —preguntó ella besándolo en el cuello y el reaccionó dándose vuelta y poniéndose encima de ella. 

—Un simple ajuste de cuentas —dijo besándola — ¿Vienes? —preguntó. 

—Por supuesto —dijo ella. 

Se miraron a los ojos y ella vio lo mismo de siempre.Una mezcla explosiva de amor y deseo. 

—Llegaremos tarde —dijo ella. 

—Si llegaremos muy tarde amor —dijo él riendo mientras comenzaban a hacer el amor.

martes, 12 de junio de 2012

QUINTO RELATO NACIDO DEL RETO: CON ESTAS PAUTAS CREA UN CUENTO

Aquí les dejo el siguiente relato que he recibido para el reto: Con Estas Pautas Crea Un Cuento. Esta vez viene a manos de nuestra compi Fairytale:

Michael empezó a relatar la fiesta a la policía para que dieran con la persona que le había magullado el cuerpo. Había ido con una chica que estudia el último curso de bachillerato una joven de pelo castaño rizado y ojos azules como el mar. Habían quedado en que él la iba a recoger, la chica con la que el joven había salido se llamaba Caroline. En la fiesta ella no se portó bien, no sonreía y lo que hacía a él no le gustaba. Le había espantado una joven con la que hablaba, una joven más guapa y más mayor que la buena de Caroline que se había arreglado solo porque él. Había llevado a Caroline porque él estaba enamorado desde siempre por ella. Cuando salieron de la casa donde se celebraba la fiesta, él le pegó en la cara, estaba harto que ella le dejara de lado, que no subiera ver las intenciones del joven aquella noche cuando la había invitado aquella lujosa fiesta.

-Tú no puedes ir por ahí pegando a las mujeres, ¿dónde están tus modales?

-Mira, un chulo como tú no me da lecciones de cómo comportarme con una joven como ella –y el chulo como Michael lo había llamado le pegó, hasta que consiguió dejarlo tirado en el suelo sangrando y con algún que otro hueso roto.

-¿Te encuentras bien? –él sabía la respuesta de Caroline, la joven y vulnerable de Caroline – si se ha portado mal contigo, ya estás a salvo.

Gracias, estoy mucho mejor, ¿nos vamos? Pero antes déjame hacer una cosa –y como no, ella, se acercó a Michael y le pegó varias patatas.

-Vámonos –se subieron a la moto que él tenía y salieron de allí, de aquel lugar para ir a un piso que él tenía y daba la casualidad que era cerca de donde ella vivía- ¿subes?

Ella no se lo pensó dos veces y subió a la casa que él poseía. El piso que él tenía era un piso muy bien amueblado, con una decoración moderna.

-Esto que ves aquí es mi casa, un sencillo ático. Pagado con mi trabajo –pero ella no le dejo que se explicara, le obligo a ir directos a la habitación donde lo hicieron, él daba todo lo mejor de él y ella igual.

Hacían una bonita pareja y se notaba. Aunque él todavía no le había contado a que se dedicaba. Se besaron y él fue a la ducha mientras ella se quedó allí mirando la habitación, abrió un cajón y encontró en él una pistola, la marca y el modelo no lo sabía porque de eso no entendía, y un gran fajo de billetes

-Me puedes explicar una cosa –quería saber porque guardaba una pistola en su casa-, ¿qué haces con una pistola?

-No es asunto tuyo, aunque si lo quieres saber, suéltame la toalla, que necesito vestirme –ella soltó la toalla y él se vistir–. Soy ladrón, vale, no sé si te interesará lo que hago; si me quieres quédate, sino, vete y no vuelvas.

-¡Ladrón! Mi vida ha cambiado mucho desde que te conozco, me has ayudado y ahora qué me dices la verdad no sé qué decir. Me da igual que seas un ladrón vale, me gustas desde el primer momento que te vi.

Y a mí también me gustas –él se sentó en la cama, le tocó las mejillas y la besó.

Ahora ella debería vivir con él, no podría volver junto a sus padres, no podía explicarles que había pasado con su mejor amigo él cual le había pegado y que el tío del que se había enamorado era un ladrón o mejor dicho era un criminal.

-Me quedo a vivir contigo –aquello no le gusto mucho a Roberto, así se llamaba el ladrón del que se estaba enamorando Caroline.

No sé qué decir. Pero vale –y allí se quedaron abrazados, desayunaron juntos, ella se ducho, fue a su casa cuando supo que no había nadie, cogió unas cuantas maletas y guardó cosas suyas.

Mientras tanto él se fue a tatuarse el nombre de ella en el bazo. Sentía algo fuerte por ella y se notaba. Esa misma noche quedó con sus dos amigos fueron a por el chico que había pegado Caroline, ya estaba en su casa recuperándose. Llamaron a la puerta y él les recibió. Cuando le vio allí Michael se tiró al suelo y camino a gatas esperando a que no hicieran nada.

-Lo siento mucho, ya me has pegado mucho anoche, para por favor –Michael intentó que no le hicieran nada, pero Ian y Brian por orden de Roberto cogieron a Michael y se lo llevaron al piso que ellos tenían en el centro de la ciudad.

Allí desnudaron a Michael, le ataron a una silla y le vendaron los ojos.

-¿Por qué pegas a una chica inocente como Caroline?

-¿Dónde está? La habéis secuestrado y lo sé porque sus padres están preocupados por ella –Roberto pegó a Michael con un látigo y le dejó marca.

-Ella está bien, ahora vivirá conmigo, porque me quiere y yo la quiero a ella -le enseñó el tatuaje que se había hecho esa mañana por ella.

Mientras tanto Caroline estaba en casa de él, pensó en ir a comprar a una tienda, cogió una de las llaves del cuenco, se guardó la pistola en la espalda y se marchó con el móvil en la mano. Fue a la tienda más cercana, allí dio unos cuantos paseos por los pasillos hasta que fue a la caja, allí sacó la pistola, era la primera vez que lo hacía, pero tenía ganas de hacerlo por la adrenalina, apuntó al cajero y le dijo que le metiera el dinero en una bolsa que si no lo hacía iban a ocurrir desgracias. Pegó un tiro a la cámara de vigilancia para que no pudieran reconocerla. Cuando tuvo el dinero salió de allí y corrió. Subió a la casa de Roberto donde él la esperaba.

-Ya me tardabas  le dijo él– no encuentro mi pistola, la del cajón de mi mesilla.

 La tengo yo –aquella respuesta no le gustó mucho– atraqué una tienda, la más cerca que había.

-¿Cómo que atracaste una tienda? –ella le explicó la adrenalina que le había dado al hacerlo y que quería seguir haciéndolo junto a él. Y él le contó lo que había pasado con Michael y ella se cabreó, no quería que maltrataran a su mejor amigo, aunque le hubiera pegado la noche pasada. La vida de Caroline como ladrona empezaba desde ya junto con Roberto un ladrón aventajado. 


FIN

lunes, 11 de junio de 2012

CUARTO RELATO NACIDO DEL RETO: CON ESTAS PAUTAS CREA UN CUENTO

Aquí les dejo el cuarto relato que he recibido para el reto: Con Estas Pautas Crea Un Cuento. Esta vez viene a manos de nuestra compi RaeCj (Raquel Campos):

Ian estaba desesperado, estaba de mierda hasta el cuello y no podía escapar del lío. Ya no podía contar con Roberto, después de todo lo que había pasado, su relación con Caroline marchaba muy bien y no quería ponerle en peligro. El penoso recuerdo del reformatorio no iba a ser nada comparable con la realidad de la trena.

Ahora estaba en la salida de ese estúpido y pijo hotel, embutido en ese ridículo traje. Observaba y vigilaba los coches que entraban. Las personas que los dejaban, ni se molestaban en mirarlo, para qué, ellos eran superiores en todo y él no era nadie.

Un enorme mercedes negro, último modelo, aparcó y una preciosa chica bajó de él junto a un hombre algo más mayor. Su vestido verde acariciaba cada una de sus curvas y su pelo negro brillaba como la luna. Por un momento sus miradas se encontraron, Ian vio el miedo en el fondo de esos ojos dorados. El hombre que iba con ella la jaló del brazo. Se acercó hasta él y le dijo en un tono muy despreciativo que no se le ocurriera rayar el coche. Después, entró con la chica del brazo.

Serían estúpidos esos ricachones, trataban a la gente como si fueran una mierda. Pero ya se enteraría ese pijo, mientras lo aparcaba pensaba el dinero que recibiría por ese modelo y por algo muy raro no podía dejar de pensar en la chica.

***

Selen estaba incómoda dentro de ese embutido traje. No le apetecía ir a la fiesta y menos con Marcos. No le gustaba nada como la miraba, además iba detrás de todo lo que tuviera faldas. Pero su padre había insistido en que tenía que ir con él. Estaba enfadada con Iris porque no había querido ir con ella, por lo menos no hubiera estado sola con ese repelente tío.

Mientras estaba allí esperando, miraba a los camareros, iban y venían repartiendo a los invitados cócteles en unas bandejas. Los hombres iban trajeados a la última moda y las mujeres cubiertas de pieles y de joyas. Que gente tan egoísta y ególatra, le daba asco estar en ese sitio. A su mente vino el recuerdo del chico que había aparcado el coche, durante unos segundos no pudo evitar mirarlo a los ojos. Esas oscuras brasas como el chocolate habían llegado muy dentro de ella, y no había apartado la mirada como hacían otros al saber quién era ella.

Las personas se pavoneaban por el salón. Un grupo de hombres captó su atención, miraban hacia todos los lados como observando algo. Marcos se acercó y estuvo charlando un rato con ellos. ¿Qué le uniría a ese grupo tan fuera de tono? Se acercó a la mesa, estaba repletada de canapés y cócteles de todas clases. Joder…le apetecía una simple cola. Una preciosa mujer se acercó a Marcos y estuvieron coqueteando. Ella harta de la situación se acercó.

— Marcos, no sabía que te tirabas a Barbie—.el hombre abrió mucho los ojos, si las miradas matasen la hubiera fulminado al instante.

— Pero, ¿qué dices?

— Me voy. Así puedes seguir ligando con la que te apetezca.

Salió del salón y buscó la salida, ese local parecía un laberinto. Había multitud de salones y un montón de pasillos, cuando estaba casi en la entrada un brazo de hierro la agarró haciéndole daño.

— No vas a ninguna parte, voy a apagar ese fuego tuyo —. Selen tembló de miedo ante la amenaza.

— Me haces daño, pedazo de burro—. Marcos se giró para darle un guantazo.

— Eres un putón…—la mano no llegó, el cuerpo de Marcos fue lanzado como si fuera un títere al suelo y no se pudo levantar porque un puñetazo lo dejó inconsciente.

Ian miraba al tipo que yacía en el suelo, sus años de entrene habían surtido bien y había noqueado al tipo sin dificultad. La chica le miraba a los ojos, sorprendida. ¡Joder, que ojos, se perdería en ese candor!

— No te ha hecho nada, ¿verdad?

— No ha tenido tiempo, gracias —. Ian llamó a un taxi y la metió dentro.

— Vete a tu casa —. Ella asintió y le dio un beso en la mejilla. Ian se congeló al sentir el beso dulce y tierno, no se lo había esperado. Ella le dio las gracias y el coche emprendió la marcha.

Tenía que comenzar con su trabajo, quería terminar pronto y olvidarse de todo para recordar esa mirada. El tipo le miraba con cara de pocos amigos.

— No es suficiente. Si no quieres que nada les pase a tus amigos…nos debes otro trabajito —. Ian enfureció, el tipo jugaba con la pistola y la martilleaba.

— A ellos dejadlos en paz—. Otro hombre se acercó y le asestó un puñetazo en el estómago que hizo que se doblara en dos del dolor. Una sombra observaba todo desde un rincón.

— Tendremos que castigarte para que entres en razón —. Lo agarraron entre dos y se subieron en el ascensor hasta el piso 10º, ¿qué pensarían esos tipos? Lo dejaron amarrado como un cochino; su cuerpo estaba sentado en una silla echado hacia atrás en una posición dolorosa y para más inri…lo habían dejado en pelotas y le habían vendado los ojos. Tendría que claudicar y hacer lo que querían. ¿Cuándo podría dejar toda esa mierda? Sintió un golpe fuerte que provenía del rellano y se tensó. ¿Qué pasaba?

Selen descargó el golpe contra el tipo de la escalera y cogió las ropas que llevaba en la mano. Al entrar se quedó muda al ver el espectáculo, ese chico estaba amarrado, vendado y desnudo…y  que cuerpo…por unos segundos olvidó que estaban en peligro.

— ¿Quién hay?—él había notado su presencia. Selen se acercó y comenzó a desatarle las cuerdas. Sus dedos rozaban la perfecta y dorada piel y se estremecían a cada paso. Estaba mortificada y tenía poco tiempo.

Le estaban desatando y las  manos que lo hacían rozaban su piel dándole pequeñas descargas. ¿Quién era? La venda cayó al suelo y en esa posición solo pudo ver el vuelo de un vestido verde. ¿Sería posible? Se puso en pie como pudo y notó como ella apartaba la vista ruborizada, le tendió un embrollo con sus ropas.

— Vístete, queda poco tiempo. Enseguida vendrán —. Él la miró con gesto interrogante —. Antes de entrar y dejar inconsciente al tipo que había en la puerta, llamé a la policía. Les conté que unos tipos empezaron a pegarte y te llevaron con ellos—.Ian la miraba sin creérselo del todo. Lo había salvado… ¿Por qué? Sin decir nada sus bocas se encontraron en un apasionado beso donde se tentaron y se encontraron. Ian alzó la cabeza y le sonrió.

—Vámonos. Te llevo donde quieras—. Agarró su mano y tiró de ella—, no quiero perderte.

— Llévame contigo, yo tampoco quiero que me pierdas.


FIN