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martes, 13 de marzo de 2012

LA OTRA CARA DEL RELATO "TORMENTA DE ARENA" (desde la pespectiva de Héctor ) BY MIRCEA BLACK

Hola a tod@s!, aquí os dejo la última participación del reto: "Las Dos Caras De Un Mismo Cuento". Esta vez le tocaba el turno a nuestra compi Mircea, que tenía que escribir la otra cara del relato "Tormenta De Arena" desde la pespectiva de Héctor. La primera parte (desde la perspectiva de Jonás) la hizo Luz y podéis leerla aquí.


TORMENTA DE ARENA



Pensó que todo el odio cultivado durante los meses que  duró su búsqueda sería suficiente para suprimir todo deje de sentimientos que pudiese albergar aun su pecho por aquel sujeto, pero se equivocó. Apenas hubieron cruzado miradas, todas sus decisiones parecieron flaquear por un instante al borde de la extinción. Tentando a su mente de ignorancia, hacer como si no le hubiera podido reconocer entre el mar de gente, pero no podía dejarse llevar por su estúpida debilidad, no podía continuar mintiéndose de ese modo; no luego de todo lo que el contrario había hecho. La decisión ya había sido tomada, le llevaría ante la corte costase lo que costara. Se encargaría personalmente de que Jonás pagara por sus pecados, y nada ni nadie cambiarían el destino que él le había impuesto.

Cuarenta y ocho horas habían transcurrido desde que sin esperarlo dio con él en medio de una caravana gitana, forma curiosa para un reencuentro tan poco grato; y cuarenta y siete desde que comenzaron su caminata final por el desierto abrasador sin detenerse un segundo, pero, juzgando las apariencias del grupo, las fuerzas del comenzaban a escasear, debían detenerse a descansar o sino morirán ante la fatiga, aunque su instinto clamaba sin razón por continuar avanzando. Bajó del caballo mientras limpiaba con el dorso de su camisa el sudor que se agolpaba en su frente, oteando a lo lejos los restos de lo que parecía ser un árbol, y decidió que sería el sitio ideal para pasar la noche.

Bien, nos detendremos un momento —pronunció, mientras despojaba a su cuadrúpedo compañero de las amarras del menor—, y ni se te ocurra intentar realizar algo estúpido, últimamente no poseo mucha paciencia —acotó, aun sabiendo que con suerte aquel sujeto tenía la energía suficiente para mantenerse despierto.  Le observó silente un par de segundos, deteniéndose en la delgadez de sus facciones, en la opaques de sus ojos que antaño gozaban de vida, y una extraña sensación de malestar golpeó su estomago al pensar en la clase de vida que tuvo que llevar el contrario los últimos meses para poder sobrevivir. La vida de un fugitivo, se obligó a pensar. Pues eso es lo que ahora era, debía tratarlo como el criminal que es, y no como quien alguna vez llamó hermano.

Cuán fácil puede cambiar la vida de un hombre ante el más mínimo error cometido.

Pasó uno de sus brazos por debajo de su cintura, alzando su cuerpo inerte hasta apoyarlo sobre uno de sus hombros, cual si de un mero saco de papas se tratase, para depositarlo al costado del tronco antes visto. Le amarró con destreza tal que tuviera el espacio suficiente para descansar, pero que no pudiese soltarse de ellas y escapar. Después rebuscó entre uno de sus bolsos la cantimplora y bebió de ella como si fuera la primera vez que lo hacía, sin dejar siquiera que la más mísera gota se escapase de entre sus labios, posteriormente vertió un poco del líquido sobre un recipiente pequeño para dar de beber a Jaffar, como nombraba a su caballo, y luego con el mismo frasco dio al menor el agua sobrante contaminado ya por los fluidos del animal.

Agradece que al menos te daré un sorbo, no debería malgastar algo tan preciado como esto en un ser como tú, Jonás —musitó enajenado contra su rostro, en tanto depositaba el recipiente a un costado de su cuerpo, a una distancia en la cual si deseaba tanto beber tendría que esforzarse bastante para hacerlo. Después le dio la espalda, aún quedaba mucho trabajo por hacer antes de que el sol se ocultase y el álgido aliento nocturno comenzase a hacer mella sobre sus anatomías exhaustas, prefería mantener su cabeza ocupada en labores  para que las horas pasasen rápido sin dar tiempo a más pensamientos sin son.

Respiró profusamente al sentarse frente a la fogata al fin terminada, intentando dar un poco de calor a sus  extremidades entumecidas por el frío. El inmenso lienzo nocturno estaba pespunteado por estrellas que brillaban sin obstáculos en lo alto, observándoles en silencio. Sonrió ante la idea de ser constantemente vigilados por el cielo, y miró de soslayo a su prisionero, el cual se hallaba a unos cuantos metros más allá del fuego, dormía, o al menos lo intentaba. Notó un temblor que recorría por completo su cuerpo, y aún a la distancia que se hallaba de él, pudo escuchar sin problema el entrechocar de sus dientes producto del frío. Suspiró, en tanto tomaba una de las pieles que llevaba consigo para arroparse por las noches, hoy no la necesitaría. Se acercó a paso lento, procurando realizar el menor ruido posible puesto que no deseaba dar explicaciones de sus actos, y apenas le hubo abrigado el sonido se esfumó.

¿Porqué las cosas tuvieron que tomar este rumbo... porqué...? —murmuró, más como si estuviera preguntándose a sí mismo que al ajeno. Se quedó de pie allí, sin intentar tocarle, sin intentar moverse, simplemente observándole mudo, como si fuera una estrella más en el cielo destinado a contemplar.

La razón que los llevó a esa situación comenzaba a perder consistencia dentro de su mente, volteó nuevamente hacia la fogata, lo mejor sería descansar, necesitaría recobrar fuerzas para la mañana que se avecinaba.

Debido a su empleo acostumbraba a desaparecer meses completos de la ciudad, nunca le había significado un problema dejar a su madre y su hermano menor solos, no hasta ese fatídico día. Aquella vez su misión había sufrido imprevistos, haciendo que su retorno se aplazase unas cuantas horas, las mismas que bastaron para que todo diese un vuelco indeseado. La imagen que le esperaba en su hogar fue tal que aún con la experiencia que poseía en aquel campo, tuvo que voltear la vista hacia otro punto para no devolver todo lo que había ingerido en la mañana. Pero esos segundos bastaron para que la imagen que grabara por siempre en su memoria; su madre, o lo que quedaba de ella, yacía boca arriba, desnuda sobre su propia cama, sus ojos desmesuradamente abiertos permanecían fijos en el techo, ya no observaban más. A decir verdad, jamás se le cruzó por su mente que Jonás pudiese ser capaz de un acto tan atroz como aquel, no hasta que escucho el testimonio de su tío, el único testigo y sobreviviente del caso. Un relato tan irreal que le tomó tiempo reconocer que fuese su propio hermano el protagonista de esos hechos, el chico que se aferraba a su espalda cuando los demás se burlaban de él, aquel que le admiraba en silencio, deseando ser como él cuando creciera. Y tan absorto estaba ante la noticia que no notó la sonrisa cargada de sorna que apareció en  los labios del mayor al terminar su pautada historia.

De pronto sentía que se ahogaba, el oxigeno comenzaba a escasear en sus pulmones, e intentó abrir los ojos pero la presión del aire le entorpecía el movimiento, todo empezaba a llenarse de arena en grandes cantidades, una tormenta. Detrás de todo el ruido producido por el viento, logró distinguir el relinche de su caballo, se levantó tan rápido como pudo y avanzó en dirección hacia el sonido, pero la fuerza de la corriente era tal que no le permitía permanecer en pie, fue ahí cuando le escuchó.

¡Héctor! ¡Ven! ¡Agárrate a mí antes de que la tormenta te arrastre!

Apenas lograba distinguir su voz tras el bramido de la arena danzante.

¡El caballo…! —gritó, aunque comprendía que en un momento como aquel, lamentablemente no podía arriesgar más por su compañero— Espero me perdones Jaffar —murmuró observando a lo lejos como la marea granulada engullía a quien fuese su más fiel amigo. Al parecer el destino estaba empecinado en arrebatarle todo cuanto quería en este mundo.

¡Deja al maldito caballo y agárrate a mí! 

Como pudo avanzó hacia el menor casi arrastrándose por la arena, o tal vez la arena lo arrastraba a él, y casi por milagro dio con la pierna ajena, aferrándose fuertemente cual naufrago a la orilla, hasta que cayó sumido en la inconsciencia.

Un millar de diminutos martillos batían dolorosas disonancias sobre yunques en su cabeza, todo parecía dar vueltas, y el silencio era agobiante a su alrededor. Intentaba abrir los ojos lentamente, el ardor era casi insoportable, y fue allí cuando cayó en cuenta de que unas curiosas manos recorrían su humanidad en busca del objeto que imaginaba. Y pensar que había comenzado a retractarse de sus acciones.

No le dio tiempo de reacción y golpeó con toda la fuerza que pudo acumular contra su mentón, haciendo que éste se cayera de encima suyo, e intentó golpearle en la boca del estomago con su pie, pero aún el sopor en que se hallaba sumido su cuerpo era demasiado y sus movimientos eran lentos e imprecisos, le esquivaba con facilidad. Permanecieron allí, luchando sobre la arena como dos bestias intentando  sobrevivir, hasta que Héctor pudo vislumbrar en las orbes cargadas de ira y confusión de Jonás, su propio reflejo, aquel sujeto que se reflejaba no era él, aquella situación era estúpida, una batalla que había perdido el sentido desde hace mucho. Dejó caer ambos brazos a los costados de su cuerpo, y cerró los ojos esperando el golpe final, que nunca llegó.

¡Yo no maté a madre! ¿Me oyes? Yo… no la maté.

Las  palabras brotaron atropelladas de entre los labios de Jonás, desbordantes de temor e ira, de fuertes sentimientos que ahogaban su pecho.

Pero si tú no me crees, ya todo me es igual. Haz justicia aquí tú mismo, y mátame.

Se levantó con dificultad luego de escucharle en silencio, acercándose lentamente hacia el menor hasta apoyar su diestra sobre uno de los hombros de su hermano.

La decisión simplemente ya estaba tomada.


FIN


Ambas esperamos que os haya gustado, saludos!

martes, 21 de febrero de 2012

FINAL DE LA HISTORIA "CAZADA" HECHO POR ANGY. W

Y con este fantástico final, finaliza el reto: Diferentes Versiones De Un Mismo Cuento.

Pero antes de despedirnos de este gran reto, quiero aprovechar la ocasión para agradecerles a las socias que han colaborado en el mismo que lo hicieran y encima, que escribieran tan maravillosos relatos... ¡GRACIAS CHICAS!.

Y ella son mis queridas:

-Déborah F. Muñoz
-Rossiel
-Memetin
-Mircea
-Jonaira (JJ Campagnuolo)
-Athena R.
-Cali Axfer
-Hada Fitipaldi
-Paty C. Marín
-BlogdeJustinAndYou
-Lara Nidea
-PukitChan
-Luz
-Angy. W

Ahora sí, aquí les dejo el final de "Cazada" (comenzado por Hada Fitipaldi y continuado por BlogDeJustinAndYou):


Final de Cazada


Susana se sentó en el sofá del apartamento, inquieta. Darek no volvía, aunque ya era habitual. Últimamente apenas le veía, y mucho menos hablaba con él. El cazador se levantaba muy temprano y se pasaba el día metido en la sala de entrenamiento, o bien cazando criaturas por su cuenta, en solitario. Regresaba muy tarde, y nada más llegar se iba a dormir, exhausto. Así había sido en las últimas semanas.

Susana sabía bien que era una mera vía de escape, su compañero luchaba y entrenaba sin parar hasta el límite, sin permitirse ni un segundo de respiro, hasta quedar tan agotado física y mentalmente que ya no tendría fuerzas para pensar en Claudia.

Estaba preocupada por él, pero en el fondo también le envidiaba. Ella no había encontrado nada tan eficaz para eludir lo obvio, y por ello sólo podía pensar en su amiga y sentirse culpable. Siempre, cada día. Pero, al contrario que Darek, en su caso la culpa sí que era suya. Fue ella la que había insistido en conocer a Álex y la había llevado a su perdición. Ni siquiera podían acusar a Dámen, les faltaban pruebas, y hacerlo implicaba confesar que Claudia era una vampiresa. Si al menos pudieran obtener la poción…

Cerró los ojos, apartando aquellos pensamientos de su mente. Miró el reloj que colgaba de la pared, las cuatro de la madrugada. Se mordió el labio, Darek nunca había regresado tan tarde. ¿Le habría ocurrido algo?

“Calma” —pensó— "Darek es fuerte. Seguro que estará bien"

Aguardó su regreso, acurrucada en el sofá en el salón, a oscuras, y al final se quedó dormida sin darse cuenta.

Un suave golpe en el hombro la despertó. Cuando abrió los ojos, vio que el chico estaba a su lado, pero no pudo ver su expresión debido a la penumbra.

—Darek, qué… —farfulló, incorporándose.

Él le tapó la boca y la levantó con cierta brusquedad.

—Vamos —la instó.

—¿Adónde?

—A salvar a Claudia. Tengo la pócima.

Sin darle tiempo a reaccionar, la empujó hasta la puerta.

—¿Qué? —preguntó ella, desconcertada. Se giró. Él no contestó—. ¿Dónde has estado? ¿Cómo es que tienes la poción?

Entrecerró los ojos. Ahora que se estaba acostumbrando a la oscuridad, podía ver su rostro. Estaba pálido y cansado, parecía haber envejecido de pronto. Su mirada le asustó, conocía a su compañero lo suficiente para saber que había pasado algo, algo que no quería confesar.

—¿Qué ha ocurrido?

—No hay tiempo para explicaciones, Susana. Tenemos que irnos.

—No me pienso mover de aquí hasta que me expliques qué ha pasado.

Él gruñó.

—No te estoy dando a elegir —dijo, sacando un puñal del cinturón—. Necesito tus poderes para detectar al vampiro, pues eres la única que conoce su presencia y puede localizarlo. Y vas a guiarme lo quieras o no.

Se le abrió la boca de la sorpresa. Nunca había visto a Darek así. Pero sabía que iba en serio, así que contuvo sus ganas de replicar y obedeció. Ya le interrogaría más tarde.

—Esta me la pagas, Darek —susurró mientras salían a la calle. No obtuvo respuesta, pero sabía que la había oído.

Cerrando los ojos, respiró el aire puro de la noche, pronto amanecería. Y se centró en su presencia, esa presencia demoníaca que, a su pesar, no había logrado olvidar. Era una energía extraña, difícil de describir, pero que de algún modo la atraía. Suspiró, lo había sentido. No había sido difícil puesto que tampoco se molestaba en ocultarse. Sintió un escalofrío al saber que iba a tener que verlo de nuevo. Álex…

—Está cerca —susurró, concentrándose en el punto exacto donde notaba su esencia—. Sígueme.

Fueron a marcha rápida, ágiles y silenciosos en las calles vacías, compenetrándose a la perfección. Estaban acostumbrados a aquellas expediciones nocturnas. Susana lo guió a un callejón a unas manzanas más allá. Su experiencia como Detectora de seres oscuros le había hecho ver cosas de todo tipo, cosas que desmayarían a una persona normal, pero nada le había preparado para la escena que se encontraron a continuación.

Del lugar emanaba un olor pestilente y el aire era húmedo y pegajoso. Había un bulto en el suelo, que al mirarlo mejor resultó ser un cuerpo. Su ropa estaba desgarrada y estaba lleno de arañazos y heridas. Pero no se le podía ver la cara, ya que la tapaba una maraña de cabellos rubios, pertenecientes a una chica arrodillada a su lado, hundida en su cuello. Detrás, Álex observaba la escena con una siniestra sonrisa de satisfacción.

La mujer levantó la cara, y una expresión de horrorizada estupefacción se dibujó en el rostro blanco de Claudia. Le sobresalían dos enormes colmillos manchados de rojo, y un hilillo de sangre le resbalaba por la barbilla. Susana se quedó tan paralizada como ella, y de pronto sintió enormes ganas de vomitar.

—Vosotros… —balbuceó la vampiresa mientras sentía subirle por el cuello la repentina vergüenza y las ganas de esconderse, como si hubiera hecho algo que no debía y la hubieran pillado. De repente, consciente de sus acciones, la invadieron el miedo, el arrepentimiento y el asco a sí misma—. Lo siento, yo…no, no teníais que haber visto eso, yo…no me quedó más remedio…

Quiso echarse a llorar mientras trataba de justificarse inútilmente y buscar una salida a toda esa pesadilla. 
Bajó la vista sollozando, y emitió un chillido al ver a su víctima, mientras lo apartaba de un golpe. Se había convertido en un monstruo.

Álex caminó hacia la petrificada pareja.

—Vaya… —dijo divertido—. Veo que tenemos público.

—¿Qué…qué le has hecho? —murmuró Darek, lívido.

—¿Yo? Nada. Sólo estaba enseñando a mi pequeña a alimentarse —respondió con una sonrisa maliciosa. Claudia se había tapado la cara con las manos, pero el leve en sus hombros la delataba—. Y lo está haciendo muy bien, debo añadir.

—Hijo de… —soltó Susana, pero Darek ya se había lanzado contra él, con una furia inusitada.

Ambos comenzaron a luchar de forma violenta. Mi compañero golpeaba con fuerza, y Álex a duras penas podía esquivarle. Al sentirse de pronto amenazado, empezó a atacar en serio, tornándose en una feroz batalla.

—¡Susana! —le gritó Darek, lanzándole algo—. ¡La poción!

Ella cogió el frasco en el aire, y se acercó rápidamente a su amiga. Sin embargo, algo pasó rozando su mano antes de que pudiera llegar hasta ella. Si no hubiera sido por sus rápidos reflejos, hubiera reventado el bote. Una flecha se clavó en el suelo. Miró en la dirección de la que provenía. Dámen estaba al final de la callejuela, con la ballesta en una mano, apuntando hacia ellas. El desconcierto inicial y la confusión dieron paso a la furia en Susana. ¡Era el líder de los cazadores! ¿Cómo podía traicionarles de aquella manera? ¿Y por qué? Sintió que las lágrimas de ira se agolpaban en sus ojos. Era tan humillante.

Darek, que había conseguido reducir a Álex, se olvidó de pronto de él girando la cabeza aturdido.

—¡Dámen! ¿¡Por qué?!

Él entrecerró los ojos en una expresión de dolor.

—Porque te amo.

Susana se quedó petrificada ante sus palabras, sintiendo cómo el mundo se detenía.

—Hicimos un trato —siguió farfullando Darek, desesperado—. Cumpliré mi promesa, lo juro. Me entregaré a ti a cambio de la poción. Pero déjala a ella.

—¡Ella! —bramó, fuera de sí—. ¡Todo lo haces por ella! ¡Siempre piensas en ella! ¿¡De qué me sirve tenerte, entonces!? Antes, cuando te fuiste, lo comprendí. ¡Comprendí que tu corazón nunca será mío mientras esa furcia siga viva! —gritó mientras apuntaba la ballesta a una asustada Claudia. La miró con odio—. Pero ahora que eres una vampiresa, nada me impedirá acabar contigo.

—¡No!

Susana se lanzó hacia su amiga y cerró los ojos, preparada para recibir el impacto. Sin embargo, algo la apartó en el último momento, empujándola violentamente hacia el suelo. Se oyó un ruido sordo.  Se giró rápidamente, y un profundo terror la invadió.

—¡Álex! —se levantó rápidamente y corrió hacia él, arrodillándose a su lado. Él jadeaba costosamente, y la herida de la flecha estaba extendiéndose rápidamente en forma de grietas por todo su pecho. La chica sabía que pronto se convertiría en cenizas. Sollozó— ¿¡Por qué lo has hecho?!

Tampoco él mismo estaba muy seguro. Fue un arrebato, una necesidad que sintió en ese momento. Ni siquiera se paró a pensarlo, nada más ver a Susana en peligro fue hacia ella, con una velocidad que sobrepasó la vampírica. Miró a los ojos a aquella chica extraña que le hacía sentir cosas ya olvidadas. Sí, era aún un vampiro joven…

—¿Quién sabe? —le sonrió con un hilillo de voz—. Porque desde luego yo no. Quizá al final me haya enamorado de ti.

Cerró los ojos mientras sentía cómo se sumía en una profunda inconsciencia que le aliviaba el dolor.
“Sentimientos…” —alcanzó a pensar— "Los misterios de los vivos te persiguen incluso cuando estás muerto"

Susana tragó saliva, mientras notaba cómo sus lágrimas caían una tras otra, en un caos de sentimientos contradictorios. Quería gritar, pero no le salía la voz. Quería abrazarlo, pero temía hacerle daño. Quería hacer algo, pero no podía hacer nada.

Dámen estaba tumbado en el suelo, y Darek tenía la punta de la espada en su cuello, pero le temblaba la mano, incapaz de hacer nada más. Poco a poco la retiró.

—¿Por qué no me matas? —preguntó éste. Nunca le había dolido tanto hablar.

—Vete —le espetó el cazador secamente.

—Darek…

—Vete de aquí, ahora mismo, antes de que cambie de opinión.

Dámen  no sabía qué le dolía más, si la certeza de que el chico que amaba nunca le correspondería, si la decepción y el odio que había causado en él, si sus propias acciones por celos o la piedad que le estaba profesando. Fuese lo que fuese, dolía demasiado.

—¿Por qué me perdonas, después de todo lo que he hecho?

Darek cerró los ojos, de pronto cansado.

—¿Cuándo he dicho eso? No te he perdonado, ni creo que lo haga nunca, pero le estaría haciendo un mal al mundo si acabo con un cazador que pelea para defender las personas de los seres oscuros.

Abrió los ojos.

—Pero te prometo una cosa. Si algún día descubro que vuelves a hacer algo, cualquier fechoría, por mínima que sea, entonces no volveré a ser tan piadoso contigo.

Susana, mientras tanto, sólo podía pensar en Álex, inmóvil. No oía nada, no veía nada, sólo a él y a la horrible herida en su pecho. Las palabras del vampiro seguían en ella, trastornándola. ¿Qué era lo que estaba sintiendo? ¿Por qué le dolía tanto que aquel ser demoníaco muriera? Para aumentar su tortura, lo había hecho para salvarla. Volvió a sentir un estremecimiento en su corazón.

—Álex…

Notó que Claudia se acercaba temblorosa a ellos y ponía una mano en su hombro. No reaccionó. La chica le estaba hablando, pero Susana no oía nada. Su amiga cogió el frasco del suelo y lo dejó en su mano. Ella la miró, sin comprender.

—Dale la poción, Susana —murmuró—. Es la única manera de salvarlo. No garantizo que viva, pues al volverse humano se volverá más vulnerable a la herida, pero al menos el arma anti-demoníaca dejará de hacerle efecto —se puso en pie poco a poco.

La cazadora levantó la cabeza, insegura.

—¿Y tú? —preguntó. Apenas se le oía la voz.

Claudia sonrió, pese a todo. Debía ser fuerte, aunque no se sintiera así lo más mínimo. ¿Dónde había quedado su habitual energía y descaro?

—Creo que él lo necesita más que yo. Date prisa, porque se le acaba el tiempo.

Eso fue suficiente para Susana, que rápidamente le vertió el líquido en los labios. Darek se acercó por detrás. Claudia se giró hacia él, sin atreverse a hablar. Pero el chico la comprendió sin palabras.

—Todo ha acabado —le dijo mirándola a los ojos.

—Dámen…

—Se ha ido.

Ella bajó la vista, sin saber qué hacer. Era la primera vez que era consciente de los sentimientos de su amigo, que hizo que ella también descubriera los suyos. A su pesar, aunque quisiera dárselo todo, solo podría aportarle desolación.

—Lo siento, Darek —dijo mirando a Álex—. Tuve que hacerlo.

Las grietas grisáceas del vampiro estaban desapareciendo poco a poco, y en su lugar empezó a manar sangre, fresca, cálida, viva.

—Me he convertido en lo que más odias —susurró.

El asesino acortó la distancia que los separaba y la abrazó. Pegó su frente a la suya.

—Yo nunca podría odiarte.


Epílogo


Susana contempló a Álex, tumbado en la cama del hospital, y se preguntó dónde estaría en ese momento, o si soñaba. Le habían asegurado que si le hablaba, podría oírla, pero no estaba para nada segura.

Las facciones del chico se habían suavizado, y si se esforzaba, podía  sentir su corazón latiendo débilmente.

—Por favor, abre los ojos… —susurró.

Había estado reflexionando mucho tiempo sobre sus sentimientos, pero seguía confundida. Lo único que quería era que Álex despertara. No le habían garantizado que pudiera sobrevivir, y tenía tantas posibilidades como de quedarse así para siempre, o de morir. Suspiró.

Tras mucho tiempo, todo había vuelto a su cauce. Dámen se había exiliado de los cazadores, y nadie supo nunca el motivo. Darek y Claudia siguieron encontrándose furtivamente, hasta el día que lograran conseguir otra poción de nuevo y estar juntos al fin. Aitor se convirtió en un vampiro completo, y ocupó el puesto de Álex.

Susana miró a través de la ventana, al cielo azul. Quizá no haya sido un final del todo feliz, pero habían seguido delante de algún modo. Sólo ella se había quedado estancada. A la espera de que ocurriera algún milagro.

Se inclinó hacia Álex y acarició su rostro. Entonces, algo inesperado ocurrió. Su mano inerte empezó a temblar y, inconscientemente, subió y cogió a la de la chica. Susana se quedó inmóvil, petrificada, sin atreverse a pensar en nada.

Los párpados de él temblaron, y poco a poco se abrieron. Giró lentamente la cara, desorientado.

—¿Susana?


FIN


Aquí les dejo las otras historias nacidas de este reto: Diferentes Versiones De Un Mismo Cuento. Espero que os guste y disfrutéis de la lectura:

Mágica Cita


Mágica Cita (Déborah F. Muñoz, Rossiel y Mircea


Mágica Cita (Déborah F. Muñoz, Memetin y Athena R.)


Mágica Cita (Déborah F. Muñoz, Memetin y Cali Axfer)


Cazada (Hada Fitipaldi, Paty C. Marín y Lada Nidea


Cazada (Hada Fitipaldi, Paty C. Marín y PukitChan)



¡¡¡Saludos y Feliz Martes!!!

viernes, 10 de febrero de 2012

SOBRE LOS RETOS ORGANIZADOS EN ESTE CLUB:

Decirles que el reto "Tejiendo Un Cuento" ha llegado a su fin. Asi que, por lo tanto, la historia "Hilo Rojo Del Destino" ya ha terminado siendo así el resultado:





Hilo Rojo Del Destino

Espero que os haya gustado, pues todas las socias que hemos colaborado en la historia, lo hemos hecho con mucho cariño. Aprovecho para darles las gracias a todas ellas... ¡MUCHÍSIMAS GRACIAS!.

Ahora, sobre el reto: "Diferentes Versiones De Un Mismo Cuento", decirles que solamente me falta por recibir un final alternativo a la historia "Cazada" (empezada por Hada Fitipaldi y continuada por ), que es el que le corresponde escribrir a nuestra querida compi Angy. W.

Si quieren conocer los otros relatos creados en este reto, visiten esta entrada:


Aprovecho para agradecerles a todas ellas su participación en este reto, ¡Gracias!

Y ya por último, os hablaré del reto: "Las Dos Caras De Un Mismo Cuento". Sobre este reto, os digo que HOY es cuando se cumple el plazo de entrega de los relatos principales. Los otros (que serán las otras versiones de los mismos), se tendrán que entregar antes del 22 de Febrero.

Decirles que ya he recibido los relatos de:

Astarielle

Luz

Paty C. Marín

Y Memetin.

Y me faltan por recibir los de:

Natalia

PukitChan

Y Ariusk.

Espero que no se demoren mucho y cumplan con el plazo. Saludos a tod@s!!!

jueves, 19 de enero de 2012

FINAL DE LA HISTORIA "CAZADA" HECHO POR LUZ

Hola de nuevo a tod@s!, aquí les traigo el final que ha hecho nuestra queridísima compañera Luz a la historia "Cazada". Deciros que la misma fue creada por Hada Fitipaldi y luego continuada por


CAZADA, PARTE FINAL




–Claudia, yo,… ¡Mierda! ¡Lo siento! –le gritó a su amiga desde la otra punta del callejón. Intuía que la próxima vez que se vieran, tal vez tendría que enfrentarse a ella. Tal vez tendría que mandar a Derek para que la matara.

–No te preocupes, Susana –Claudia la miró, sus ojos, ahora verdes, rápidamente se llenaron de lágrimas. Tenía razón. Por mucho que quisieran, no podrían evitarlo. Ahora eran enemigas naturales–. No ha sido culpa tuya.

–Si no hubiera quedado con ese maldito vampiro del chat… –se lamentaba, resignada.

–Yo te animé para que quedaras, ¿lo recuerdas? –Claudia sonrió amargamente, recordando aquella tarde justo antes de asistir a aquella cita a ciegas. Vio a Susana con la misma sonrisa y supo que estaba pensando exactamente lo mismo que ella. Las dos intuían que esas serían tal vez las últimas risas que echaran juntas.

–Sí, pero… 

Unos fuertes golpes silenciaron a Susana. Ambas, siempre alerta, acostumbradas a estar en constante peligro, levantaron la cabeza al unísono tratando de analizar la situación en la que se encontraban, y evaluar el posible peligro. Y ambas se quedaron blancas cuando se vieron rodeadas por una horda de más de quince vampiros. De entre ellos uno dio varios pasos, rubio, espigado. La mirada de un vampiro joven de sangre pura asomó a sus orbes. Pero sus ojos no eran del color habitual de los vampiros, los tenía de un intenso color violeta. Lo reconocieron enseguida, era Aitor. Pero algo en él había cambiado. Susana reaccionó al momento al notar desde las entrañas el evidente peligro que suponía para ella y para cualquier humano. Ya sí era todo un vampiro, uno con mucho poder. 

–¡Vaya, vaya, vaya! –su voz tronó por encima de sus cabezas. Los gruñidos y jadeos sordos del resto de los vampiros le hacían la banda sonora perfecta–. Mira qué tenemos aquí. Las cazadoras cazadas. 

Instintivamente las dos amigas se unieron, espalda contra espalda, tal como las habían entrenado. Tal como sabían que tenían una oportunidad de salir de ahí para contarla. Enseguida los vampiros las rodearon, y sin mediar palabra alguna, varios de ellos las atacaron. El escudo protector de Claudia hizo su trabajo, repeliéndolos. Ambas amigas se quedaron sorprendidas. Sus poderes eran más fuertes e inmunes que antes, cuando era humana. Los vampiros enfurecieron, y sin que Aitor les tuviera que ordenar un nuevo ataque, volvieron a la carga. Ya sabían dónde tenían que atacar, y se centraron en el escudo, debilitándolo por momentos. Claudia no aguantaría mucho más tiempo. Y justo cuando empezaron a lacerar el escudo, algo rápido y certero atacó a los vampiros. La lucha se detuvo con la voz imponente, más incluso que la de Aitor, de Alex. 

–¡Parad el ataque! –Todos se volvieron hacia Alex– Ahí dentro hay una de las nuestras. 

–¡Seguid hasta acabar con ellas! –La contraorden de Aitor no se hizo esperar– Es una orden directa de vuestro príncipe. ¡Obedeced malditos! 

Los vampiros, obedientes, remprendieron el ataque. Y sin darle tiempo a reaccionar, Aitor atacó con otros dos vampiros a Alex, derribándolo e inmovilizándolo al momento. Las chicas lo daban ya todo por perdido sin entender nada. Lo único que sabían era que Aitor las quería muertas, y que Alex había arriesgado su vida por ellas. 

Una tremenda explosión derribó la mitad de los vampiros, a la vez que los dos que retenían a Alex caían fulminados al suelo. Claudia reconoció al instante la fuerza de los ataques de Derek. Y a pesar de que dicho ataque también la había dañado a ella, pues eran específicos para vampiros, se alegró de su presencia e intervención en la lucha. Derek saltó al campo de batalla desde lo alto de un edificio abandonado. Y desde el otro lado del callejón la Harley de Damen tronó, acelerando el corazón de Susana. Desde su posición desenfundó su arma favorita, la ballesta automática de estacas, y en un abrir y cerrar de ojos acabó con tres vampiros. 

Los cinco vampiros que quedaban se replegaron en torno a Aitor a una señal de éste. Susana corrió al lado de Alex, sin saber exactamente por qué, y tendiéndole la mano lo ayudó a incorporarse. Él la miraba desde el suelo con admiración, y algo más. De los legendarios y temidos círculos de cazadores, era el detector el que más riesgo corría. A fin de cuentas el protector sabía cómo defenderse, y el asesino cómo matar. Pero el detector, ¿Cómo lograba sobrevivir sin los otros dos? 

–¿Estás bien? –le preguntó ella, preocupada al ver un hilillo de sangre corriendo por la comisura de sus labios, incapaz de tocarle. Su interior le avisaba como un semáforo que era un vampiro. Pero en su pecho sentía la necesidad de estar a su lado, de protegerlo. A fin de cuentas los detectores desarrollaban su don como causa extrema de querer proteger a los suyos. A su raza y en especial a los que amaba. 

–Sí –Alex no fue tan reservado como ella, y sin pudor alguno llevó su mano a su hombro, y de ahí a su cuello, asegurándose de que estaba bien–. ¿Y tú? 

Ella asintió. Sin poder evitarlo, Alex le pasó el brazo por la espalda y la aproximó a su cuerpo, queriendo protegerla del resto de vampiros. 

Unos metros más allá era Derek el que se interesaba por Claudia. 

–Rubia, ¿Estás bien? –en unas largas zancadas se plantó delante de ella, y alargando la mano la ayudó a incorporarse– ¿Qué te ha pasado? ¡Estás hecha unos zorros! 

–No te preocupes, estoy bien –se sacudió el polvo de los vaqueros–, pero mira cómo me has puesto. 

–¡Estás sangrando! –Alarmado, Derek le cogió el brazo cuidadosamente, sintiéndose culpable. 

–Son solo unos arañazos –ella lo tranquilizó, ahora ya sí se sentía a salvo con él tan cerca–, nada de importancia. 

Sus ojos se trabaron en una intensa mirada que desde hacía tiempo llevaban ocultándose. No eran recomendables las relaciones entre cazadores del mismo círculo, y como buenos profesionales ambos no quisieron hacer caso a los sentimientos que despertaban el uno en el otro. Pero tal como estaban las cosas ya no les importaban las normas. Al diablo las normas, pensaron ambos. 

Doscientos metros más allá, Damen desmontó de su Harley, con la ballesta nuevamente cargada. Ignoró todas las miradas interrogantes que se posaban en él, y sin un minuto que perder, dio la orden de terminar con Aitor y sus secuaces chupasangres. Todos concentraron sus poderes en el grupo. Y los vampiros de ojos violáceos cayeron en cuestión de minutos junto con su príncipe. 

Fuera ya de peligro, las miradas interrogantes volvieron nuevamente a posarse sobre Damen. 

–Las reglas del juego han cambiado –dijo pausadamente mientras sacaba del bolsillo de su chaleco de cuero un puro habano–. Ya no se trata de la lucha de cazadores contra vampiros –Del mismo bolsillo sacó su zippo de plata, y con toda la tranquilidad del mundo lo encendió mientras llevaba el habano a sus labios–. Ahora se trata del bien contra el mal –Acercó la llama amarillenta del zippo a la punta del puro, y chupó de él hasta encenderlo, exhalando grandes bocanadas de humo al aire húmedo de la noche–. Hemos de colaborar codo con codo contra el mal, sea cual sea nuestra naturaleza. Alex –lo miró con aprobación–, tú estás con nosotros, ¿verdad? 

–Así es. Soy una criatura de la noche, pero no sirvo al mal. 

–Lo sé. Fijaos en los ojos de Alex, son verdes. Esa es la prueba  de que dice la verdad. Los ojos de los vampiros que sirven al mal son de color violeta, como eran los de Aitor y sus secuaces. 

–¿Quién era Aitor? –preguntó Susana. 

–Uno de los muchos hijos bastardos del rey vampiro. Ha sembrado el mundo de cientos de ellos con intenciones de dominar a la raza humana, aliándose con el mal –Damen hizo una pausa para darle una larga calada a su puro–. Ahí es donde entramos nosotros en el juego. Los círculos de cazadores pasan a tener cuatro miembros a partir de ahora. El detector, el protector, el asesino y un vampiro –Susana buscó la mano de Alex, y la apretó. Él le correspondió con cariño–. Susana, quiero que te pegues a Alex como si fueras su sombra, y encuentres la forma de diferenciar a los buenos de los malos. 

–No te preocupes por eso Damen –respondió Alex–, yo me encargo de que entre nosotros haya una relación lo más estrecha posible –todos los miraron con ojos pícaros, y Susana se ruborizó–. Para que aprenda a diferenciarnos de los malos –aclaró él, con una satisfecha sonrisa en sus labios. 

–Muy bien. En cuanto a ti, Claudia, siento mucho lo que te ha pasado. Alex tuvo que morderte para que Aitor no sospechara. Estábamos siguiéndole la pista desde hace meses. 

–Sí, ya, pero me habéis destrozado la vida. 

–La misión siempre es más importante que un individuo. Tú lo sabes bien –se excusó pobremente Damen. 

–Daños colaterales, ¿no? 

–Al principio sí. Pero hemos descubierto que tu nueva condición multiplica tus poderes protectores. Y eso es fundamental para los círculos. Ahora lo bueno sería que permanecieras junto a Derek. Él debe perfeccionar sus ataques para evitar dañaros a los vampiros buenos. 

–Lo haré –intervino de inmediato Derek–, siempre y cuando ella permanezca a mi lado. Esto solo lo haré por ella –la atrajo hacia él, sorprendiendo a todos. 

–Está bien. Pues así queda formado el primer círculo de cazadores contra el mal –Damen se dio la vuelta, dirigiéndose hacia su Harley–. Estad atentos a todo cuanto os rodea. Aprended los unos de los otros, y sobre todo cuidaos. Sois el mejor círculo que tengo, y no quiero bajas. ¿Entendido? 

–¡Sí señor! –gritaron los cuatro al unísono, mientras la Harley rugía, potente, entre las musculosas piernas de Damen.



***

El primer círculo de cazadores contra el mal, conocido como el azote de la mano de Dios, es a día de hoy una leyenda viva. Sus cuatro miembros son la envidia del resto de círculos. Dicen que dos de ellos son vampiros. Que la relación entre ellos va más allá de la camaradería, y que eso es precisamente lo que los hace invencibles. 

Pues a fin de cuentas, es el amor lo que los une. Lo que los hace luchar. Lo que los hace cuidar unos de otros, y superar sin dificultades todas las adversidades que se encuentren. Y eliminar sin dudas a todos los vampiros, siervos del mal, que se crucen en su camino.


EPILOGO: 

–¿Sabes, cazadora? –Alex se subió encima de Susana, atrapándola entre sus brazos, casi dejándola sin aliento– Me alegro de haberte cazado –Susana negaba con la cabeza, mientras sus brazos se cernían alrededor de su cuello, estrechando más el contacto entre ellos. Las uñas se clavaban en la piel de su espalda, desatando la pasión que los envolvía. Alex se movió lo justo para dejarla respirar. 

–Fui yo quien te cazó a ti, ¿no lo recuerdas ya? 

–Sí, es verdad –sonrió Alex, aceptando su derrota–. Desde la primera tarde que te vi en la feria, ya te hiciste dueña y señora de mi corazón. 

Sus labios, tan cerca, terminaron de estrechar el espacio que los separaba, y se fundieron en un apasionado beso, urgente, sin preámbulos. 

Así aman los cazadores.


FIN
By Luz

sábado, 14 de enero de 2012

AQUÍ OS DEJO LOS RELATOS CREADOS EN EL RETO, DIFERENTES VERSIONES DE UN MISMO CUENTO + DESAHOGO PERSONAL

Mágica Cita


Mágica Cita (Déborah F. Muñoz, Rossiel y Mircea


Mágica Cita (Déborah F. Muñoz, Memetin y Athena R.)


Mágica Cita (Déborah F. Muñoz, Memetin y Cali Axfer)


Cazada (Hada Fitipaldi, Paty C. Marín y Lada Nidea


Cazada (Hada Fitipaldi, Paty C. Marín y PukitChan)


Decirles que estoy a la espera de que alguien se ofrezca a realizar un final a este otro relato:


Y que nuestra querida compañera Angy. W haga el otro final alternativo, ya que en total han de ser dos finales los que tiene que tener.

Saludos!!!

Pd: Sé que esto que les voy a decir no viene a cuento y no tiene nada que ver con esta entrada... pero es que tenía que gritar a los cuatro vientos que hoy he tenido un día malísimo!!!. Para empezar a mi niña de 5 añitos se le ha roto el carburador de su mini moto de motocross... luego yo este al mediodía me he lesionado y tengo un esguince de rodilla (¡no vean lo que duele!) y para colmo de los colmos, mi marido acaba de llamar diciéndome que el coche lo ha dejado tirado, osea, que se ha averiado y que está esperando al de la grua... Así que... ¡miren el panorama que se me presenta este fin de!, snif, snif...

Lamento calentaros la cabeza con mis problemas, pero estoy tan depre que sentí la necesidad de hablar con vosotr@s por qué sé que de alguna manera, lograréis levantarme el ánimo...

Lo dicho, hasta otra y gracias por su tiempo!

lunes, 9 de enero de 2012

FINAL DE LA HISTORIA "MÁGICA CITA" HECHO POR JJ CAMPAGNUOLO

Buenas noches a tod@s!, hoy os traigo la última entrada del día y se trata nada más ni nada menos que el final de la historia "Mágica Cita" hecho por JJ Campagnuolo. Deciros que el comienzo de la misma lo hizo en su día nuestra querida compañera Déborah F. Muñoz y la continuó nuestra otra apreciada compi Rossiel Black.

Aquí os dejo el úlimo párrafo para que recordéis cómo quedó la historia. Más abajo dejaré el enlace de la historia al completo para que aquell@s que no la leyeron en su día se puedan hacer una idea de qué trata.

"Susana se agarró de las telas ajenas tratando de no caer de bruces producto del temblor que causó al abrir la maldita boca. Izó la mirada para enfrentarlo con la misma altivez, no sabía por qué deseaba proteger a Alex, pero una necesidad cuyo corazón aceptaba, le daba el aplomo suficiente para oponerse rotundamente una y otra vez. No lo entregaría.

—¿Quién eres...?. Y, ¿por qué necesitas a Alex?. Es un iniciado... —dijo, y enseguida tragó saliva pues para escuchar la respuesta, tendría que someterse a nuevos temblores.


Azrael sonrió entre labios, una sonrisa profunda e insonora.

—Soy Dios, y vengo a someter al mundo a mi propio paraíso infernal —se inclinó desmedidamente hasta quedar cara a cara con Susana—, si te opones a mis planes, te torturaré durante mil años, en tanto Alex disfruta ayudándome a destruir este asqueroso planeta creado por la miseria innombrable al cual ustedes llaman, ¡Padre Celestial! —se enervó con idiosincrasia volviendo a mirarla desde lo alto.


—Tráelo aquí, y yo te concederé un deseo sin tener que darme a cambio tu alma. Con Alex, me doy por pagado —finalizó. Chasqueó nuevamente los dígitos y Susana despertó, eso sí, antes de volver en ella, fue testigo de en lo que acabarían los humanos en el futuro, extintos."

 
Rossiel Black

 ------------- Final By JJ Campagnuolo -------------


—¿Estás bien? ¿Qué te sucedió?

Susana intentaba recuperar el conocimiento frente a la mirada atónita de Alex. Mientras se incorporaba, su mente rememoró rápidamente la visión que había tenido reaccionando con brusquedad.

—¡Rápido, tenemos que ir ante los Maestros!


Él la tomó por el brazo, intentando calmarla.

—Espera, acabas de tener un colapso…

No terminó de escuchar sus explicaciones. Se zafó de su agarre y entró velozmente en la Escuela dispuesta a interrumpir cualquier reunión oficial para comunicar su visión a los ancianos. Alex la siguió confundido, esperando que aquel trance no la haya enloquecido.

Estaba a punto de abrir la puerta que daba acceso al salón de reuniones cuando fue interrumpida por una voz severa.


—Azrael no puede irrumpir en la mente de mis iniciados sin que yo lo sepa.

Al girarse se encontró con Loán, el mayor de los anciano que presidía el Consejo, sentado en un sillón.

—No puedo seguir siendo su Patrona, no soy la indicada —señaló al desconcertado de Alex sin dar más explicaciones. Su Maestro comprendía sus palabras.


—Lo eres y ahora no puedes rechazar su formación.

—Necesita un guía más capacitado. El demonio dijo…

—Sé perfectamente lo que dijo.


Con mirada severa la reprendió. Susana tuvo que cerrar con fuerza los labios para no contestar. Alex se mantenía en silencio, observándolos fijamente, entendiendo a medias la situación.

—Informaré al resto del Consejo lo sucedido. Prepárense para que vayan en busca de su amuleto.


—Pero Maestro, Alex aún no está preparado, es muy pronto...

Loán se levantó de la silla dirigiéndose a la sala de reuniones.

—No hay tiempo. De un momento a otro se puede desatar una guerra —mirando a Alex que estaba parado muy serio tras Susana les dijo —Alístense para un viaje corto, solicitaré una comisión que los acompañe, en el camino seguirán entrenando.


El anciano desapareció tras la puerta, dejándolos ansiosos por más explicaciones. Susana salió molesta e inconforme con la decisión, Alex la siguió manteniendo en privado sus angustias. 
 


***


Caminaban por una rocosa montaña con rumbo al norte como les había indicado Loán, al cruzarla encontrarían las Cuevas del Orco donde Randú, un viejo Mago orfebre, diseñaba los amuletos que utilizaban los iniciados para canalizar su magia ayudándolos a crear sus propios hechizos. Susana marchaba al frente del grupo con el rostro endurecido y los brazos cruzados en el pecho, Alex caminaba cerca de ella seguido por tres Magos elegidos para acompañarlos en la travesía.

—¿No vas a contarme lo qué te sucedió? —intentaba interrogarla sobre la visión que había tenido, pero ella se negaba a informarle los detalles del asunto.


—Un Dios de las Tinieblas invadió mi mente y amenazó con destruir el planeta.

—¿Por qué te lo anunció a ti? Eres simplemente una iniciada, hay Magos más poderosos en la Escuela.


—Ellos se valen de cualquiera para enviar sus mensajes.

—¿Y qué tengo que ver yo en todo esto? ¿Por qué no te consideras la indicada para enseñarme?

—Tu poder es muy grande, no lo puedo manejar.


Alex respiró profundamente, intentando imaginarse aprendiendo con otro guía, pero no le gustó lo que sintió.

Al entrar en una cañada comenzaron a revolotear alrededor de ellos cientos de mariposas amarillas. Continuaron su andar espantando a los insectos con las manos, pero estos de alguna manera se atravesaban en su camino. Susana notó que varios de ellos se arremolinaban en tres grupos, volando de manera extraña.

—¡Son transformistas!


Los cinco corrieron presurosos para salir de la cañada y subir a una colina. Pero rápidamente aquellos seres de cuerpo etéreo y ojos rojos los rodearon, impidiéndoles el paso. Susana y los tres Magos tomaron sus amuletos y comenzaron a recitar sus hechizos. Alex se quedó tras ellos sin saber qué hacer, aún no tenía un amuleto y canalizaba muy poco sus poderes.

Los tres demonios esquivaban con gran pericia las agresiones de sus enemigos, devolviéndoles los golpes logrando asestarles con facilidad. A los pocos minutos todos estaban derrumbados en el suelo, débiles por las descargas que habían sufrido. La última opción que les quedaba era unir sus poderes en un gran conjuro de protección, pero mientras preparaban la invocación los demonios rápidamente se acoplaron para lanzar un poderoso rayo contra ellos.


Alex miró la escena aterrado. Quien estaba en medio del camino del rayo era Susana, sería la primera que sufriría las consecuencias de la descarga demoniaca. Cerró sus ojos concentrándose rápidamente en su hechizo, uniendo sus manos en un apretado puño y antes de que el rayo maligno los alcanzara un fuego aniquilador salió de sus manos desintegrando a los demonios en segundos.


Todos quedaron impactados, incluso Alex se sorprendió por lo que había hecho. Susana corrió a su lado mirándolo estupefacta.


—¿Cómo lo hiciste?

Él la observaba aliviado, si no hubiera sido capaz de dirigir su poder hacia los demonios ella hubiera muerto.

—Tenemos años formándonos, lanzamos varios conjuros y ninguno los afectó ¿Y tú, sin ningún amuleto, fuiste capaz de desintegrarlos? ¿Sabes lo que eso significa?


Alex la miraba resignado, no le importaba lo que significaran sus poderes. La salvó y punto.

Uno de los acompañantes corrió a la cima de la colina para evaluar el resto del camino, llamándolos alarmado. Todos corrieron ansiosos y al observar el horizonte quedaron impactados. Lo que se encontraba al pasar la montaña no eran las Cuevas del Orco, sino el portal al propio infierno.


—¡No puede ser posible!


Todos observaban aterrados las enormes puertas de piedra talladas en la montaña. A su alrededor una sombría neblina y enormes árboles de formas siniestras le daban al lugar un aspecto lúgubre. Según lo que habían leído en los libros sagrados, Azrael lograba abrir cada cientos de años un portal que daba paso a sus demonios para que atormentaran a los humanos y robaran sus almas, con intención de alimentarlo. La fuerza que les aportaba le permitiría salir de su cárcel eterna para apoderarse de todo lo creado.

Por ahora, las puertas tenían una pequeña abertura, dando paso sólo a pequeños demonios. La Escuela del Dragón nació para mantener esos portales cerrados, eliminando a los pocos que lograban salir del infierno y neutralizando el poder de los Magos Oscuros quienes preparaban el terreno para nuevos portales.


Desde hace décadas Azrael no habían logrado abrir ningún portal. Susana y el resto de los Magos no sabían qué hacer. El poder que rodeaba aquella entrada era demasiado fuerte para ellos, debían informar al Consejo para que convocaran a los más poderosos de la Escuela.


Pero ya su presencia había sido avistada por los demonios menores. Escucharon un chillido ensordecedor divisando a cientos de seres alados volando presurosos hacia ellos.


Corrieron asustados sabiendo que de aquello no se salvarían. Los tres Magos y Susana comenzaron a recitar hechizos de protección pretendiendo unir sus fuerzas para crear un campo de poder que los defendiera de los ataques y les garantizara la huída. Pero los demonios eran más veloces, llegaron rápidamente a ellos y uno a uno fueron lanzados con violencia hacia las fauces del infierno.

Susana corría junto a Alex intentando escapar. Uno de los demonios los alcanzó y la tomó bruscamente por los cabellos llevándola consigo. Ella gritaba aterraba mirando a Alex que se había detenido en medio de un claro.


Al ver al demonio llevarse a Susana se enfadó. Tenía que hacer algo para salvarla y evitar que su alma fuera consumida. Desesperado corrió hacia el portal siguiéndolos mientras el resto de los malignos seres volaban cerca de él, atormentándolo, pero sin atacarlo, esa había sido la orden de Azrael. Alex fácilmente los apartó hasta lograr llegar a la cima de la colina.


La ira y el miedo se arremolinaron en su alma, sintiendo la necesidad de expulsarla de alguna manera. Grito al cielo mientras en su cuerpo se aglomeraba todo su poder mágico en forma de un humo brillante y azul verdoso, que lo cubrió de pies a cabeza creando a su alrededor una inmensa bola.


Susana luchaba contra las garras del demonio que la sostenían con fuerza. Cuando notó que era inútil liberarse se aferró a su amuleto y recitó el único conjuro de protección al que podía acudir en esos casos. Sería lanzada a las llamas del infierno y tendría una muerte dolorosa, lo único que podía salvar era su alma.


Al terminar su invocación y faltando pocos metros para que el demonio la lanzara al infierno escuchó una poderosa explosión. Una fuerte onda expansiva la arrancó de las garras del demonio y la lanzó violentamente hacia la vegetación. Pensó que moriría en la caída pero milagrosamente su conjuro la salvó de una muerte segura.


Al levantarse pudo observar el resultado del estallido. Poco de la vegetación había sufrido, ya que fue una descarga mágica que no buscaba afectar la naturaleza, pero todos los demonios habían desaparecido y las puertas del infierno fueron nuevamente selladas.


Impactada, corrió buscando a Alex, tenía que haber sido él quien produjo aquella explosión, ningún Mago ni reunión de Magos eran capaces de semejante osadía. Cuando llegó a él lo encontró arrodillado en el suelo, jadeante y débil por el esfuerzo. Alzó su cabeza mirándolo a los ojos, feliz porque estaba bien y orgullosa porque su aprendiz pudo utilizar sabiamente sus poderes en el momento más indicado.


—¿Cómo lo hiciste? No tenías un amuleto para canalizar tu magia.


—Él no necesita de amuleto.

Loán se acercó a ellos mirando satisfecho las puertas selladas. Susana se levantó furiosa, clavando su mirada en él.

—¿Por qué…?


Alex la interrumpió tomándola por el brazo, acercándola a él.

—Déjanos solos.

—¡No!

Con una simple mirada la convenció, ella estaba furiosa por la traición de su Maestro, pero entendía que el mayor afectado era su aprendiz que fue llevado a los brazos del mayor de los demonios bajo engaños. En silencio se apartó y al quedar solos, Alex se dirigió molesto a Loán que lo ignoraba observando la montaña con una sonrisa en los labios.

—Tú poder es muy grande muchacho, encerraste nuevamente a Azrael en el infierno. Pasara un buen tiempo antes de que logre abrir otro portal.


—Sabias que lo haría.

—No estabas convencido de tu fuerza, por eso los engañé.

—Estuvieron a punto de matarla.


—Pero lo evitaste. Además, si no lo hacían no lograrías canalizar tu magia.

—¿Qué dices?

—No eres un Mago común, tienes el poder de un Semi Dios. No necesitas amuleto pero sí una razón de fuerza que guíe tu poder.

Alex observó confundido a Loán, luego dirigió su mirada preocupada hacia Susana.


—¿Ella?

Loán sonrió ante la mirada incrédula de Alex.

—Creo que te será más difícil conquistar su corazón que controlar tus propios poderes.

Se alejó manteniendo una amplia sonrisa en el rostro, dejando a Alex en medio de la colina mirando preocupado a su posible amuleto mágico. Susana se acercó al ver que Loán se alejaba, aún con la rabia asomándose en su rostro.


—¿Y? ¿Qué te dijo?


—Que me falta mucho por aprender.

Ella lo miró con los ojos agrandados.

—Tendrás que buscarte otro patrocinador.

—Olvídalo, no voy a comenzar con otro. Tendrás que soportarme.

Él se alejó dispuesto a regresar a la Escuela, a Susana no le quedó otra opción que seguirlo. Ya no se sentía incómoda por tener que compartir tiempo con él al enseñarlo, pero jamás lo demostraría. Fueron dos años de torturas y aunque no fue su culpa, no podía evitar hacerlo sufrir al menos un poco… ya vería en qué terminaría aquella historia.





FIN