Booktrailer


martes, 3 de enero de 2012

¿QUIÉN SE OFRECE PARA HACER LA CONTINUACIÓN A ESTA HISTORIA?

Deciros que la misma nació gracias al reto, diferentes versiones de un mismo cuento. Este comienzo lo hizo nuestra compañera Hada Fitipaldi y hay que continuarla y dejarla inacabada... ¿Quién se ofrece para darle cuerpo a este precioso relato?, recordad que tiene que ser apto para todos los público y que no supere las 5 páginas. Quien quiera continuar la historia, que deje un comentario aquí mismo con su ofrecimiento:
 
CAZADA

Susana se miró una vez más en el espejo que tenía junto a la puerta de entrada de su pequeño apartamento. Su pelo negro caía como una cascada hasta la cintura, y el reflejo de uno de sus exóticos ojos color chocolate le guiñó un ojo, infundándole seguridad. Nunca antes había quedado con nadie por un chat, pero Claudia le había recomendado en numerosas ocasiones que lo hiciera. Y cuando conoció a Álex apenas dos semanas atrás, empezó a sentir curiosidad por la persona que se escondía tras aquellas atrayentes palabras. Les gustaba la misma música, las mismas aficiones; aunque Susana sabía bien lo fácil que era construirse una identidad falsa cuando solo un ordenador te unía con tu interlocutor.

La vida como Detectora de seres oscuros era una verdadera lata. Cuando el año anterior le habían asignado a su Asesino personal, Darek, al cumplir los dieciocho años, por fin había consolidado su Círculo de Cazadores. Pero eso suponía vivir en apartamentos tan solo separados por una fina pared, junto con Claudia, su Protectora. Y a través de Internet, había conseguido la vía de escape perfecta para desconectar del trabajo. Pero por supuesto, se había inventado gran parte de su vida; por eso temía que aquel chico hubiese hecho lo mismo. Por si fuera poco, Claudia había exigido acompañarla a la cita secreta, en la feria del pueblo. Y ella era incapaz de decirle que no, cuando la miraba con esos ojos del color de la miel alegando que también quería un poco de diversión.

Susana cerró la puerta de su piso de un portazo, llamando inmediatamente a la puerta de al lado. Claudia no tardó en salir luciendo su habitual sonrisa. Era una chica de facciones elegantes y con muchas curvas, algo que no se molestaba en disimular lo más mínimo. Además sus habituales taconazos de diez centímetros disminuían las distancias que separaban a las dos amigas.

-¿Preparada para seducir a ese hombre? -susurró pícaramente, mientras cogía a Susana del brazo-. Espero que haya tenido la vista de llevarse a un amigo, ¿le dijiste que ibas conmigo, no?.

-Sí, pero ya que te has colgado como has querido- aclaró su amiga poniendo los ojos en blanco-, creo que no tiene ninguna obligación de contentarte.

-Chica como eres, lo quieres todo para ti.   

Se encaminaron hacia la feria con paso rápido, mientras la noche se cernía sobre ellas. Lo bueno de pertenecer a un Círculo y ser Cazadora, era que llevaban entrenando desde que tenían uso de razón, por lo que la excelente forma física de ambas era innegable. Aunque en la especialización, los Detectores y Protectores tuvieran un mayor desarrollo de sus habilidades mentales, pero sabían luchar muy bien. Susana se ocupaba de localizar a aquellos seres oscuros que, normalmente, moraban en la noche. Darek por su parte, se encargaba de eliminarlos. Y Claudia los protegía en todo el proceso, con escudos protectores y hechizos diversos.

Cuando llegaron a la feria se zambulleron de lleno en la marea de gente que caminaba por sus escasos pasillos. Habían quedado junto al puesto de algodón dulce, y en cuanto se acercaron advirtieron que un chico muy alto, con el pelo rubio oscuro miraba nervioso a un lado y a otro. Susana se acercó lentamente al desconocido, y un extraño sentimiento de desilusión la embargó por unos instantes. No era la idea que tenía de él para nada. Pero aún así llegó hasta donde el chico estaba parado.

-¿Álex? -preguntó insegura, mientras el desconocido clavaba sus ojos alternativamente en ella y Claudia-. Soy Susana.

-¡Hola guapa!. Encantado de conocerte- se adelantó y le dio dos besos rápidos, haciendo la misma maniobra con su amiga-. Pero no soy Álex, él está a punto de llegar.

Álex caminaba lánguidamente, no tenía prisa alguna en llegar a su destino. La tal Susana le había caído bien, sorprendentemente había despertado en él una curiosidad silenciada desde hacia muchos años. Pero la supervivencia era su regla de oro, y ante ella todo quedaba relegado a un segundo lugar.

Llevaba años haciendo aquello. Conocía a chicas por Internet, las seducía con aquello que querían oír para quedar con ellas, y después se alimentaba del modo que quería de su cuerpo. Era tan fácil robarles toda la sangre que deseara, casi se hacía aburrido. Casi. Porque el placer de sentir aquel líquido rojo, espeso y caliente resbalando por su paladar, merecía todo el esfuerzo para conseguirlo. Así se lo estaba inculcando a su aprendiz, Aitor. Le servía de ayuda el carácter impulsivo y lleno de emociones del chico. Era uno de los marcados, un destinado a acabar siendo como él, un vampiro.

Álex era un vampiro joven, aún no carecía de sentimientos, como otros de sus colegas, ni era ajeno a las exaltadas emociones humanas. Incluso había chicas como Susana, que le suscitaban interés y hacían más placentero el momento del encuentro. Así que aligeró un poco el paso, mientras se deleitaba con todos los olores que entraban por sus fosas nasales. Sudor, lágrimas, sangre… Por no hablar de cómo cambiaba el olor del cuerpo humano cuando experimentaba fuertes sentimientos. Por eso se quedó rígido unos instantes, con todo el cuerpo en tensión, cuando llegó hasta el puesto de algodón dulce.

Allí habían dos chicas bastantes diferentes, al lado se su aprendiz, conversando animadamente. Una de ellas una rubia exuberante, que se contorneaba provocativa, consiguiendo que Aitor prácticamente babeara por ella. Ambos desprendían un fuerte olor a excitación.

La otra, más alta y con una larga melena morena ondulada, miraba alrededor con gesto perdido, y a su vez desprendía un claro olor agrio, a decepción. Al instante tuvo claro que se trataba de Susana, y se relamió los labios claramente complacido. Cuando sus miradas se trabaron, el olor desagradable desapareció, y en el rostro de la chica pudo distinguir claramente un expresión de alivio, y quizás también de intriga.

Álex solía causar verdaderos colapsos en las mujeres. Era alto, corpulento, de pelo negro despeinado en largos mechones, de los que algunos resbalaban distraídos sobre sus profundos ojos negros. Susana no pudo evitar deslizar su mirada por su musculoso torso, hasta llegar a la cinturilla de sus raídos vaqueros, que resbalaban indecentemente por sus caderas. El vampiro sonrió al captar el claro aroma del deseo. Se acercó con paso decidido a aquel bombón, sin tocarla. Quería esperar a ver que hacía ella, con suerte se ruborizaría y su olor se haría más fuerte. Cuando estuvieron frente a frente, Susana sonrió levemente.

-Supongo que tú sí eres Álex.

-No te equivocas -afirmó decidido, mientras repasaba los rasgos de aquella chica, memorizándolos. Algo especial la rodeaba, y eso le atraía e inquietaba a partes iguales-. Y tú debes de ser Susana.

-Esa soy yo. -Hizo una pausa mientras seguía observándolo y decidiendo si darle dos besos o no-. Ha sido un poco cobarde eso de mandar a tu amigo para analizar el terreno, ¿no?.

-¿Tú crees? -Álex no podía ocultar una sonrisa de diversión-. ¿Y qué crees que quería descubrir?.

-Pues por ejemplo, si de verdad tenía diecinueve años, o si era físicamente aceptable.

-¿Y qué te hace pensar que has pasado la prueba? -siguió pinchando el chico.

-Pues que estás aquí -Susana intentaba imprimir un tono firme a su voz, pero la presencia de aquel chico la perturbaba.

-En eso tienes razón, permíteme disculparme por mi forma de actuar tan poco caballerosa.

Álex cogió la mano de Susana, con el fin de darle un beso en el dorso. Y en el camino hacia sus labios, un potente escalofrío recorrió ambos cuerpos. Los ojos de la humana tornaron a un rojo escarlata, que señalaba la detección de un ser oscuro, y los ojos del vampiro se revelaron de un verde muy potente, dando a conocer su naturaleza.

Un grito ahogado quedó atascado en la garganta de la joven, que dejó que el sorprendido vampiro le diera aquel beso caliente y húmedo. Y deseable, por qué negarlo. Apartó ese pensamiento de la cabeza, lo prioritario era atrapar a aquel ser, ya que por muy apetecible que fuese, no dejaba de ser un ser oscuro.

Claudia pudo notar claramente la explosión de energía que había surgido tras el contacto de su amiga con el chico del chat. Así que se impulsó hacia la pareja, pero una firme garra en su brazo le impidió dar su salto maestro. Confundida dirigió la mirada hacia el rubito guaperas, que se había identificado como Aitor. Le sorprendía la fuerza con que la sujetaba, ya que Susana no había detectado oscuridad alguna cuando les había dado los dos besos. Claramente disgustada forcejeó con él, y consiguió soltarse durante unos segundos, tirándolo al suelo con una llave de defensa. Pero al momento se levantó dándole alcance.

Por su parte a Susana no le iba mucho mejor. Echó un rápido vistazo hacia su amiga, a la que Aitor abrazaba firmemente por la espalda. Sabía que aquel chico no era un vampiro, por lo que dedicó todas sus fuerzas al oponente principal que se le presentaba. Cuando se volvió para mirarlo, se había desplazado unos pocos metros hacia un pasillo lateral muy poco transitado. Solo había una luz al entrar al callejón, bajo la que se situó el vampiro mirándola retador. Aún a sabiendas de que no era lo mejor, Susana se lanzó hacia aquel punto, mientras seguía con la mirada el avance de Álex al interior de aquel lugar. En seguida solo pudo distinguir sombras, por lo que se quedó muy quieta, intentando detectar la presencia del vampiro. Ese era su don, por lo que le costó muy poco localizar el leve movimiento que se producía a su espalda. Se volvió con rapidez arremetiendo contra el cuerpo del chico, pero la fuerza que imprimió a su ataque hizo que ambos cayeran al suelo dando vueltas.

Susana dio puñetazos y patadas al aire, y algunas llegaron a su objetivo. Pero no conseguía cogerlo bien, para clavarle la pequeña daga que siempre guardaba en el cinto. Intentó separarse del cuerpo del vampiro, pero éste la agarró con fuerza, aún en el suelo, impidiendo que se alejara. Susan consiguió acercar lo suficiente el puñal a su cuello, haciéndole un pequeño corte, del que manó un poco de líquido que sintió caliente sobre su piel.

Cuando Álex notó que aquel filo cortante lo dañaba, se enfureció retorciendo la mano de la chica, que con un grito de dolor soltó la daga. Dio otra vuelta en el suelo, con sus cuerpos aún entrelazados, colocándose encima de ella a horcajadas para inmovilizarla. Cuando Susana intentó empujarlo lejos de ella, el vampiro pegó sus labios al cuello de la chica, raspando con sus afilados colmillos la piel descubierta.

-Será mejor que te tranquilices, Cazadora, porque no vas a poder ganar esta batalla.

-Eres un sucio despojo y voy a acabar contigo -exclamó Susana con la voz un poco temblorosa, empujando con su cuerpo al chico.

-Más te vale cuidar lo que sale de esa boquita, bonita -Álex profundizó un poco más los arañazos con sus dientes, provocando que la chica exhalara un gemido ahogado-. Me gustan las chicas malhabladas, y no te conviene gustarme.

Susana maldijo su suerte una y otra vez, mientras sentía el peso del vampiro sobre ella. Era fuerte, mucho más que ella. Así que relajó un poco su cuerpo, y dejando caer uno de sus brazos a un lado, rebuscó la daga que había tenido que soltar. Una ráfaga de esperanza la iluminó cuando pudo tocar el frío metal, pulsando el botón que servía de intercomunicador entre Darek, Claudia y ella. No pudo guardarse el arma, porque Álex en seguida se dio cuenta de que pretendía cogerla, y de un fuerte manotazo la alejó de ellos. Pero al menos había podido avisar al Asesino de su grupo, Darek, y esperaba no alejarse mucho de la feria, o al menos no muy rápido, para que pudiera seguir su rastro.

Álex tiró de ella, levantándola del suelo. La pegó a su cuerpo de un modo demasiado íntimo, que lejos de aterrarla hizo que se ruborizara por completo. Se dirigieron al principio del callejón, donde Aitor los esperaba con Claudia entre sus brazos. Oficialmente las habían cazado, y rezó para que su compañero se diera prisa, mientras era incapaz de contener los escalofríos que la atenazaban en cada una de las partes de su cuerpo que el vampiro rozaba.
***