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jueves, 26 de enero de 2012

CUARTO FINAL ALTERNATIVO DE LA HISTORIA "HILO ROJO DEL DESTINO" BY NINA NEKO

Hola a tod@s!, aquí os dejo el 4º final alternativo que he recibido para que, en el caso de ser el elegido, pase a ser hilado a la historia "Hilo Rojo Del Destino":

Pero antes, os dejo el enlace de la historia al completo:
 





Párrafo anterior escrito por Gisela:

"—¡Mamá, no!

Corrí hacia el almacén, pero nada me preparó para ver lo que se desarrollaba ahí adentro. Roberto estaba parado, paralizado en el medio de la estancia, horrorizado, a unos metros una mujer alta y esbelta, se apuntaba a ella misma con un arma en la cabeza.

—No puedo permitir que me encierren otra vez, lo prefiero así —dijo.

—¡No! —tres gritos sonaron a la vez, pero fueron amortiguados por la detonación del arma."

Final Alternativo

Por: 
Nina Neko


2 Días Después


—Y así se completa una vez más el ciclo de la vida. Mientras que aquellos que aún nos encontramos en el camino hacia Dios despedimos a nuestros hermanos, ofreciéndoles la bendición. Y tal como  dijo el hijo de nuestro creador; “Perdónalos Padre, pues no saben lo que hacen” yo les pido a ustedes que perdonen a nuestra querida hermana, esta pobre mujer equivocada que no sabía lo que hacía. No la culpemos y digámosle fraternalmente “Adiós”

El sacerdote había terminado de hablar justo cuando el último cúmulo de tierra oscura cubría el féretro. La cruz fue colocada ceremoniosamente junto al único arreglo de flores, ante los presentes que parecían no poder guardar silencio, pese a las circunstancias.

La noticia de que ella había sido la asesina de Vincent conmocionó al pueblo entero, provocando un resentimiento y una sensación de confusión que les obligó a sepultarla en el área designada para los “indeseados” junto al propio Vincent, pues gracias a nuestro testimonio habían podido conseguir las cintas que probaban que mi antiguo profesor había sido el asesino de Lorenzo.

Caminé lejos de la sepultura, ya que era incapaz de soportar aquellas palabras.

Adiós

Muerte

Adiós…

Roberto no había querido asistir al funeral, como era lógico, además nunca había tenido mucho trato con ella, nunca lo había intentado y, pese a que por dentro le hubiera gustado acompañarme en aquellos instantes, él tenía muchas otras cosas que hacer, como acomodar su desordenada existencia.

Así que decidió hacer un viaje a Italia para conocer el hospital psiquiátrico en el que estuvo aprisionada su madre durante tanto tiempo, supongo que necesitaba conocer el lugar en el que ella había sufrido tanto lejos de su único hijo, y todo debido al hombre que había creído amar tan locamente. Quizás eso lo ayudaría a comprender y aceptar con fortaleza todo el dolor que padeció lejos de su madre y en manos de un padre cruel, desinteresado y frío como la muerte.

A mi alrededor el cuchicheo no se hizo esperar, ni siquiera en esos momentos.

“Era evidente su enamoramiento de colegiala”  “Todo el mundo sabía lo de Vincent pero ¿Lorenzo?…” “Se lo merecía…” “Pobrecita”

El detective Benet se acercó a mí cuando el funeral se dio por finalizado, los pocos presentes se dispersaron con paso furtivo, dubitativo y desganado. Parecía como que todos se encontraban en shock, y la verdad es que no era para menos.

—Señorita Iduarte —dijo el detective, di media vuelta, cansada.

—¿Qué sucede detective, acaso me interrogará una vez más? —le pregunté, harta de toda esa situación y atrozmente herida.

—Desde luego que no, todo se ha esclarecido ¿no es así? Usted y su novio me lo confirmaron todo y la escena del suicidio es la mayor prueba.

—Bien, entonces déjeme tranquila

—Pero aún así —continuó él, mirándome con esos ojos letales y sumamente astutos—. Hay cosas que no embonan, los crímenes pasionales abundan hoy en día pero este no parece serlo, al menos no como quieren hacernos creer a todos

—Bueno detective, las apariencias engañan, en todo caso, si aún tiene dudas salga allá afuera y haga su trabajo, averígüelo, pero por favor déjeme tranquila ¿quiere? ¿no se da cuenta de que esto es muy doloroso para mí?

El detective Benet iba a espetar algo más pero yo se lo impedí, lanzándome a la vereda, corriendo velozmente, tratando de escapar de todos los oscuros y dolorosos secretos, de todas las interrogantes, de todos mis pecados.

Detrás de mí escuché a Dylan y a mi madre gritándome, pero no me detuve, quería estar sola y pensar.

Llegué hasta la casa y subí a mi alcoba, ahí me dejé caer sobre la cama, llorando, sumergiendo mi rostro entre la almohada para que mitigara los gritos que necesitaba liberar.

Mi vida estaba destrozada, después de todo lo que había sucedido, de los obstáculos tan grandes que había tenido que sortear por el chico al que creía amar, después de la muerte de…

Todo era inútil, todo había sido un intento desesperado por permanecer junto a él, pero estaba equivocada, desde el principio.

Roberto no era para mi, supongo que me ilusioné de más, supuse que al fin había encontrado a alguien verdadero, al amor verdadero.

Probablemente me hubiese quedado así, en un grito hasta el amanecer si no hubiera escuchado el crujido en mi ventana. Me levanté de un salto y, ahí estaba él, esos ojos, ese porte de niño malo.

—¿Roberto? —fue lo único que pude decir cuando abrí la ventana, Roberto entró sin mucho esfuerzo— ¿Qué estás haciendo aquí? Creí que ya estarías en camino a Italia.

—No pude irme Caroline, no quiero irme, al menos no sin ti.

—¿Sin mí? —estaba perpleja

—Sé que es una locura, que somos muy jóvenes pero… No te asustes por favor, lo digo en serio —Roberto tenía sus manos en mi rostro y me miraba solícitamente, sus ojos estaban inyectados de dulzura

—Es imposible Roberto ¿Adonde iríamos?

—A donde tú quisieras, a Italia a Francia, tus deseos serán órdenes para mí, podremos viajar toda la vida, recorrer el mundo entero y, si tu lo quieres, morir en una luna de miel eterna. Solo quiero estar contigo, por favor permíteme permanecer a tu lado cada minuto de mi vida…

Lo pensé un momento ¿Irme con él? ¿Dejar a mi madre y a mi hermano? ¿Olvidarme de mi vida aquí?

Era demasiado, el dolor que sentía estaba demasiado fresco, mi vida aún no se detenía del todo y me sentía desorbitada.

Entonces lo comprendí todo, fue como un flash de luz frente  a mis ojos.


***

Era medianoche, atravesábamos un tramo de pastizales recién cortados, la luna fija en lo alto del cielo era nuestra única luz.

Roberto me tenía tomada de la mano tan fuertemente, como si no quisiera que me alejara un solo instante y eso me hacía sentir inmensamente segura.

—Ahí está —dijo por fin entre el barullo de la noche.

Agucé la vista, a unos metros de distancia podía percibirse una silueta que estaba de espaldas. Portaba un abrigo blanco y miraba las estrellas  serenamente. Como si no tuviera temor alguno de la noche y de sus inmensos peligros.

Roberto y yo nos acercamos, un par de ojos verdes nos recibieron amigablemente y para ser sinceros, me exalté al verlos nuevamente, eran tan parecidos a los de Roberto pero al mismo tiempo tan distintos, estos ojos parecían fríos capaces de cosas inimaginables y hasta cierto punto, sumamente crueles.

—Me alegro de que hayas podido convencerla cariño —dijo esa mujer inmensamente hermosa colocándose un cigarrillo entre los labios.

—Yo me alegro más, mamá

La abrazó con ternura y ella lo estrechó como quien estrecha algo preciado, algo valioso. Después me miró, con una media sonrisa dibujada en su rostro.

—Cuida mucho de él, cuídalo por las dos ¿de acuerdo? —asentí tímidamente, ella amplificó esa sonrisa—. Sé que lo harás  por que eres una buena chica, y veo en tus ojos el amor que sientes por él… Pero bueno ¿A que esperan? ¿Creen que conseguí todo esto por nada? Mejor que se marchen antes del amanecer.

Me abrazó con fuerzas y pude sentir ese cariño materno que sin duda alguna se desbordaba en cada poro de su ser.

Caminamos sólo unos minutos antes de encontrarnos en la carretera que salía del pueblo. Me sorprendí al verme parada frente a un convertible negro. Roberto agradeció a su madre y recibió las llaves del auto, enseguida metió las maletas que habíamos preparado para el viaje.

—Caroline —me llamó la mujer de cabellos dorados—. Quiero que tengas esto —me dijo, al tiempo que me extendía un exquisito camafeo de oro en forma de corazón, al abrirlo me encontré con la foto de un bebé de ojos verdes, sonriente.

—¿Es…?

—Así es —interrumpió ella—, ese niño es Roberto, es la única foto que pude tener de él. Notarás que aún falta una foto más por colocar, por favor, cuando la tengas, coloca la foto de su primer hijo

Roberto y yo nos sonrojamos

—No digas más madre o vas a asustarla —sonrió Roberto—, aunque... si ya te urge tener un nieto, por mi no hay problema, con mucho gusto me aplico en dártelo

—¡Roberto! —exclamé, aún más sonrojada

—Cuídense mucho chicos, y una vez más, gracias por no delatarme. No saben cuanto lamento la mentira que tuvieron que decir. Esa chica, Iris, parecía una buena muchacha, decir que fue la pareja de Lorenzo y de Vincent para crear ese triángulo amoroso es…

—Descuide, ella ya no se encuentra con nosotros, ya no había nada que hacer. Yo la quería mucho, era mi mejor amiga, por eso estoy segura de que donde quiera que esté, comprende bien por qué lo hicimos —dije, haciendo esfuerzos sobrehumanos por no romper en llanto como una desquiciada.

La madre de Roberto asintió, entristecida.

Roberto me tomó entre sus brazos.

—¿Estás segura de que no quieres venir? Ambos estaríamos felices con tu presencia —dijo, mirándome, yo asentí

—No hijo mío, yo estaré bien. Creo que iré a encontrarme con viejos fantasmas para deshacerme de ellos. No te preocupes por mí, sé defenderme sola…

Y me constaba que así era.

Roberto y yo entramos al auto después de abrazarla una vez más. Cuando partimos, no pude dejar de mirar por la ventanilla a la forma femenina que se perdía en la distancia, y que rompía con aquel escenario turbio y lúgubre de la noche.

Realmente era una mujer sin igual, fuerte y temeraria, capaz de hacer cualquier cosa por el bienestar de su criatura.

Estoy segura de que siempre la tendré muy dentro de mi corazón, como una segunda madre.

Ni siquiera me detuve a pensar en la primera, ni en Dylan. Había escrito dos cartas muy largas explicando mi huída, mi escape a la libertad y al amor. Así que no me preocuparía por el remordimiento si no hasta llegar a nuestro destino, al encontrarme con algún teléfono, entonces me mantendría en contacto con ellos, pero hasta entonces...

Ahora solo deseaba disfrutar. Degustar del golpe helado del viento al chocar contra mi cara, engullir aquella bocanada de libertad y sentirla ensanchando mis entrañas, obsequiándome todo el impulso y el arrojo que nunca tuve.

Roberto lo hacía, era capaz de lograr que todo se hiciera cada vez más pequeño, cada vez más bello.

En esos momentos, solo queríamos disfrutarnos uno al otro, su mano sobre la mía, sus ojos fuertes que se encontraban con los míos de vez en cuando. Nuestro amor tan intenso que había soportado todos los obstáculos, incluso los más tenebrosos.

Estábamos ahí, sin inquietudes. Seguros de nuestra decisión.

Tan solo preocupados por la ruta.

¿O quizás no?...


FIN





Nota: Si tú también quieres hacerle un final a esta gran e inédita historia, decirte que aún estás a tiempo, pues el plazo de entrega del mismo no finaliza hasta el Domingo 29 de Febrero. Así que... ¿A qué esperas para participar en este reto, tejiendo un cuento?. 

¡Saludos!

2 comentarios :

Natalia dijo...

Ainss a ver si le saco un hueco y me lo leo

Maria O.D. dijo...

¡genial el final! ¿quien no quisiera perderse con su amorcito para siempre? :) Lo unico que no me gusto fue el fin de la pobre Iris :(