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sábado, 4 de febrero de 2012

¿OS GUSTA ESTE FINAL PARA LA HISTORIA HILO ROJO DEL DESTINO? (editado)

Decirles que este final es una mezcla de los finales hecho entre Déborah F. Muñoz, Hada Fitipaldi y PukitChan (más mi pequeña participación >.<).

A ver si os gusta más este resultado final. Creo que ha quedado muy bien y que es el más adecuado para esta historia creada entre todas las que han querido participar. A las cuales les doy las GRACIAS (en mayúsculas, por que se lo merecen), por haber participado en este reto, tejiendo un cuento. 

Ellas son:

Hada Fitipaldi, Gisela, Nadia, PukitChan, Mari, Déborah F. Muñoz, Astrid, Angy. W, Princess Of Dark, Paty C. Marin, Lulai, Susan, Ivonne y Nina Neko. 

¡¡¡MUCHÍSIMAS GRACIAS!!!, todas juntan hicieron un gran trabajo!!!

Y ahora paso a mostraros el final que os ofrezco y no duden en opinar por favor!:


Párrafo anterior escrito por Gisela:

"—¡Mamá, no!

Corrí hacia el almacén, pero nada me preparó para ver lo que se desarrollaba ahí adentro. Roberto estaba parado, paralizado en el medio de la estancia, horrorizado, a unos metros una mujer alta y esbelta, se apuntaba a ella misma con un arma en la cabeza.

—No puedo permitir que me encierren otra vez, lo prefiero así —dijo.

—¡No! —tres gritos sonaron a la vez, pero fueron amortiguados por la detonación del arma."


La rápida reacción de Roberto al lanzarse contra su madre evitó que la bala le diera de lleno en la sien, pero no obstante no pudo impedir que la rozara y que empezara a sangrar. Una de las ventajas de tener una madre enfermera es que me ha transmitido nociones de primeros auxilios, así que corrí hacia allí y aparté a Roberto, que me miró desconcertado mientras hacía lo posible por detener la hemorragia. Por suerte, la bala no había hecho ningún daño irreparable, pero necesitaba que le dieran puntos y le dije a Roberto.

―Hay que llevarla a un hospital.

―¡No! ¡Hospitales no! –gritó su madre, histérica.

―Necesita que le den puntos, Roberto. Si no, es posible que se desangre.

Él me miró atormentado, dudoso, pero finalmente una mirada de determinación le cruzó el rostro cuando miró a su madre y cogió su móvil.

―¿Qué haces? –le pregunté ―. ¡Necesita que la vea un médico!

―Si la llevamos al hospital la detendrán. Conozco a un tipo que me debe un favor y que puede ayudarnos.

―Pero –empecé a decir, pero él me volvió la espalda y comenzó a hablar por teléfono con alguien. Finalmente, colgó y se dirigió a Iris.

―Necesito tu coche.

―Ni hablar. ¡Ella asesinó a Vincent! ¡Se merece ir a la cárcel!

―¡No te estoy dando a elegir! –exclamó Roberto, furioso.

―Iris, le mató para proteger a Roberto. ¡Vincent era un asesino, estaba loco!

Iris me miró, vacilante, y acabó por tenderle las llaves a Roberto, que cogió en brazos a su madre y la metió en el asiento de atrás. Yo me senté a su lado para atenderla e Iris se puso en el asiento del copiloto, con cara de malas pulgas. Roberto arrancó y comenzó a conducir a toda velocidad por las calles hasta una zona de la ciudad que tenía muy mala fama.

―Yo… tenía una relación con Vincent… ―confesó al rato. Me giré lentamente para verla, preguntándome si acaso había más que descubrir esta noche―. No conocía en absoluto sus planes de matar a Roberto y a su padre. Acepto que sabía su odio hacia ellos por lo de Carla, pero… ―Negó con la cabeza―. Juro que no te lo ocultaba Caroline, todo este tiempo, yo sólo creí que era mejor dejarlo en silencio… pensé que tú lo sabrías todo, pero no de esta manera. Cuando Carla me llamó… y supe que había muerto… no lo sé… lloré, me angustie pero… no puedo justificar sus acciones, nada del terrible mal que hizo... pero también lo comprendo…  ¿Me entiendes, Caroline? ―Lloró y me esforcé por no hacerlo también, suficientes lágrimas ya se estaban derramando por hoy―. No odio a esa mujer… ―dijo señalando a la madre de Roberto con un gesto de su cabeza―, pero… ella… ella… lo mató. ¡Y él también se convirtió en un asesino! 

Levanté mi mano y coloqué la palma en su hombro. Iris me miró unos instantes, antes de regresar la vista al camino. Estaba ausente, con la mirada triste. Le sonreí y ella me respondió de la misma manera, negando con su cabeza.

―Vaya nochecita… ―susurró.

―Ni que lo digas ―completé, mientras me centrada de nuevo en la madre de Roberto y en su herida sangrante.

Después de callejear un rato, finalmente Roberto detuvo el vehículo y sacó a su madre. Fui a seguirle escaleras arriba cuando vi que Iris no se movía.

―No pienso dejar sólo el coche en este lugar –me dijo, aún enfadada.

―Iris, no creo que sea seguro que...

―Vas a entrar en un edificio en el que seguramente viva un criminal para salvar la vida a otra criminal. No quiero tener nada más que ver en todo esto.

Suspirando y sabiendo que tendría que hablar con ella largo y tendido cuando acabara todo esto, asentí con la cabeza y entré. Cuando llegué arriba, un gorila me detuvo el paso.

―Viene conmigo –dijo Roberto. El tipo me dejó pasar y me sorprendí por la lujosa estancia en la que nos encontrábamos.

―¿Dónde...

―Están en esa habitación –señaló él a una puerta cerrada―. ¿Por qué me seguiste?

―¿Por qué no me avisaste? –le pregunté en respuesta. Él sonrió ligeramente y me abrazó.

―No quería implicarte más de lo que ya estabas. Mi idea era evitar que hicieras algo ilegal, aunque parece que tú y tu amiga lo habéis acabado haciendo de todas formas.

―No había otra opción. No ibas a dejarnos llevarla al hospital, y no hubiera tenido oportunidades sin ir.

―Aun así, ahora sois culpables de un delito de complicidad y encubrimiento por mi culpa.

―En fin… Por cierto, ¿dónde estamos?

―Es mejor que no sepas más.

En ese momento sonó un móvil y el gorila de antes llamó a la puerta en que estaban curando a la madre de Roberto insistentemente hasta que la abrió un tipo de aspecto de gangster.

―La policía viene hacia aquí.

Nada más decirlo se armó un revuelo y miré por la ventana. El coche de Iris ya no estaba.


Capítulo Catorce
(Hada Fitipaldi y PukitChan)



Horas después, mirábamos el lujoso barco del tipo con pinta de gangster –Paolo, creí escuchar que se llamaba –zarpar con la madre de Roberto. No nos había sido nada difícil evadir a la policía, ya que se notaba que tenían un plan de escape perfectamente planificado que cumplieron con precisión mecánica.

Cuando el barco se perdió en el horizonte, nos dimos la vuelta y el tal Paolo dijo:

―Ahora eres tú el que me debe una.

Roberto asintió con la cabeza y, tomándome de la cintura, me acompañó hasta una parada de taxis y, desde allí, a casa, donde nos esperaba el detective Bennet para someternos a un nuevo interrogatorio. Por suerte, Iris –porque no me cabe duda de que fue Iris –realizó una corta llamada anónima desde una cabina en la que decía únicamente dónde estaba la madre de Roberto, sin implicarnos a ninguno de los dos, y como no tenía ninguna prueba no le quedó más remedio que dejarnos marchar.

Según pasaba el tiempo, la policía fue desentrañando su propia versión de la historia: Vincent, en un ataque de ira al enterarse de que Lorenzo era el verdadero padre de su sobrino, lo había asesinado. Al mismo tiempo, la madre de Roberto que había logrado escaparse del hospital e iba en búsqueda de su ex-marido, acabó topandose con que éste había sido asesinado. Fue entonces cuando, por curiosidad, decidió averiguar quién lo había hecho; por eso se hizo con los videos de seguridad. Al visualizarlos, descubrió los planes que tenía el profesor de matar a su hijo también, por ello, la mujer se propuso acabar con su vida antes de que le hiciera algún daño a Roberto. Poco después, hizo la llamada anónima a la policía informando del crimen y huyó con los videos... Y finalmente, llevó acabo su venganza. Aunque hay una orden de busca y captura contra ella, está en paradero desconocido y se casi seguro que nunca la capturarían. Eso me alegraba en parte, porque ella ya había sufrido bastante, pero una pequeñísima parte de mí sigue pensando que casi sería mejor que una persona tan desequilibrada esté a la sombra.

Aunque no hubo reproches con Iris, desde aquella noche nos fuimos distanciando cada vez más y nuestra relación ya no era la misma, pero aún así, seguíamos siendo amigas.

Ella, por un tiempo estuvo algo deprimida por la muerte de Vincent, culpable por no haber podido hacer algo con su odio pese a que estaba al tanto de ello; sin embargo, me llené de alegría cuando me di cuenta de que algo la estaba empujando a salir adelante y era precisamente Víctor, el pequeño hijo de Carla, al cual había adoptado como su querido sobrino y él parecía corresponderle en ese cariño fraternal que sólo un bebé sabía dar.

Mientras más me acercaba a Roberto que estaba esperandome en la puerta de mi casa, subido a su moto, me vi riendo cuando recordé el momento en el que, con gran sorpresa y entusiasmo, descubrí que Michael y Carla empezaron a salir juntos; Iris fue quien los había presentado y al parecer, ambos congeniaron muy bien. También el pequeño Victor ahora crece con la protección de su hermano mayor, Roberto. Eran buenas noticias. No pude imaginarme final más feliz tanto para mi amiga, como para ellos, quien merecían felicidad después de los todos nos vimos obligados a pasar.

Le di un fugaz beso en los labios en cuanto estuve enfrente suya, a la vez que tomaba de sus fuertes manos el casco que me ofrecía y me lo ponía. Con gran agilidad debido a semanas de práctica, subí en ella y lo abracé desde atrás, apretandome a él.

Roberto condujo con la agilidad que le caracterizaba por distintas carreteras, sin decirme en ningún momento a donde me llevaba. Sorprendida, observé como detenía la moto ante una pequeña cabaña anclada en la orilla de una cala muy poco transitada. La oscuridad poco a poco se iba tragando la luz que quedaba, dejando apenas un resquicio anaranjado en el cielo del atardecer. Roberto me tomó de la mano, y se dirigió hacia la casita de madera. Para mi asombro, sacó una llave del bolsillo y abrió la cerradura de la puerta, haciéndome pasar.

―Pero, ¿qué es esto? ―pregunté mirando a mi alrededor.

La casa por dentro era muy acogedora y preciosa. La parte central estaba ocupada por dos cómodos sofás, con una televisión plana en el centro de los mismos. A la izquierda se extendía una cocina, tan solo separada del salón por una barra alta, rodeada de un par de taburetes de madera. Al fondo la puerta estaba abierta, y pude distinguir una especie de terraza cerrada con unas amplias puertas de cristal, tras las que se veía la agitación del oscuro mar. Roberto me dirigió hacia allí, y cuando entré en la habitación, una fragancia dulce y exótica llenó mis fosas nasales. En una mesa a la izquierda, había varias velas de colores encendidas, que daban una luz cálida a la estancia. Y a la derecha un amplio colchón se escondía tras amplios paños de seda muy fina de colores. Parecía un lugar de cuento. Roberto me atrajo hacia él, posando una mano sobre mi cintura, y otra acariciando mi mejilla, y colocándome un mechón del rizado cabello que caía suelto a mi alrededor.

―Éste, preciosa, va a ser nuestro refugio particular. Solo tuyo y mío ―acercó su cuerpo aún más al mío, separándonos solo una molesta capa de ropa―. La he comprado con un poco de dinero de la herencia de mi padre, y quiero besarte en cada rinconcito de este lugar, que cada partícula de la cabaña sea testigo de lo que te quiero.

―O sea, que me quieres ―susurré con tono pícaro; su respiración tan cerca de la mía, provocaba un cosquilleo nervioso y excitante, que se expandió por cada poro de mi piel.

―No creo que lo hayas entendido bien, nena ―me empujó hacia la cama, haciéndome caer sobre la mullida superficie, quedando atrapada entre el colchón y su cuerpo―. A lo mejor te lo tengo que explicar mejor ―su boca descendió hasta mi oído derecho, provocándome un escalofrío que me atravesó por completo―. Te quiero con cada centímetro de mi ser, y voy a besarte tantas veces y durante tanto tiempo ―siguió descendiendo con sus ardientes labios por mi mandíbula, hasta llegar al cuello, dejando un reguero de besos que continuó un camino ascendente hasta mi boca, quedando suspendidos sus labios a muy pocos milímetros de los míos―, que me pedirás a gritos que no pare jamás.

―Suena prometedor, nene… ―suspiré aspirando el aroma cálido de su aliento―. Entonces, ¿a qué esperas?

Sin darme apenas tiempo a respirar, su boca captó la mía en un beso tan apasionado y exigente, que me llevó hasta las profundidades del abismo, para después despegar hacia el cielo más dulce que pudiera desear.


SEIS MESES DESPUÉS


Sonreí cuando vi a Roberto y a su madre sentados en una mesa lejana, tomados de la mano y hablando. Me era difícil creer que ya había pasado medio año desde aquella noche, donde esta mujer estuvo a punto de matarse.

Hacía menos de un mes que se puso en contacto con nosotros para decirnos dónde estaba ahora viviendo, mientras se ocultaba de la ley. Nos dio una dirección para que fueramos a visitarla cuando pudiéramos y hoy había llegado el momento.

Después de tomar un avión que nos llevó hasta El Caribe, luego de varias horas de vuelo, nos encontrábamos allí, de vacaciones, en una heladería cerca de la playa y apunto de tomarnos un helado.

Yo regresaba de los aseos, pues había ido un momento al servicio, mientras les dejaba un poco de intimidad a los dos. Sabía que tenían mucho de que hablar y que lo mejor era que, lo hicieran a solas.

Parpadeé lentamente cuando madre e hijo se giraron para mirarme. Me sonrojé intensamente cuando comprendí que ya le había dado la noticia y con un gesto de la mano, Roberto me invitó a acercarme con ellos.

Estiré mi mano lentamente cuando Roberto alzó la suya. Me sonrió tiernamente y yo asentí cuando él beso mi mano, específicamente el dedo en el que portaba un anillo de compromiso.

―¡Me da tanto gusto por vosotros! ―exclamó la mamá de Roberto, mirándonos a ambos con esa ternura que sólo una madre podría ofrecer―. ¡Tienen que venir a visitarme antes o después de la ceremonia! ¡Se los ordeno!

Reí cuando me senté a un lado de Roberto.

―Aunque Caroline no quiere que la boda sea pronto… ―dijo él, haciendo una mueca que nos hizo reír a ambas―. Yo digo que en cuanto más pronto, mejor. El destino es el destino.

―Déjame terminar primero mis estudios ―aclaré―, después piensa en todo lo que quieras.

―Mientras tenga nietos, yo seré feliz… ―comentó su madre. Eso me hizo sonrojar fuertemente al tiempo que Roberto se reía con descaro.

―¡Y los tendrás mamá, los tendrás!

Aún sigo sorprendida de cómo cambió mi vida aquella primera vez que vi a Roberto. Creo que cuando dos personas están destinadas a encontrarse y compartir su vida, se les ponen pruebas que deben aprender a enfrentar juntos. Sé que suena cursi, pero aprendí eso estando con él. Es algo misterioso, pero a la vez maravilloso. Es algo que no sólo sucede en la ficción.

Se dice que hay una misteriosa red que entrelaza a todas las personas para que sus caminos se unan…

―Te amo, Caroline… ―dijo Roberto, acariciándome el rostro.

Yo sonreí, feliz de poder decirle sin problemas, aquello que estaba alojado en mi corazón.

―Te amo, Roberto.

…yo le llamo el Hilo Rojo del Destino.




FIN


8 comentarios :

Mari dijo...

Hola guapa

Me encanta el final de Hilo Rojo, ha quedado fantastica y me gusto mucho participar

Besos guapa

Maria O.D. dijo...

¡quedo muy bien el final! :) Esta historia es bellisima, y me encariñe con todos los personajes, que hasta sufri con ellos ;)

ivonne dijo...

me encanto el final, quedo muy bien y me alegro que todas aportamos nuestro granito de arena la historia fue buenisima y romantica...
felicidades a todas
besos ^-^

Déborah F. Muñoz dijo...

me gusta ^^

Lilian dijo...

Me ha gustado. El final ha sido muy intenso en todos los sentidos, pero también ha sido satisfactorio (por el final feliz, claro).
¡Enhorabuena!

angy.w dijo...

Me ha gustado mucho, creo que es bastante adecuado aunque hay una parte que no lo veo muy claro:

"Ella, por un tiempo estuvo algo deprimida por la muerte de Vincent, culpable por no haber podido hacer algo con su odio pese a que estaba al tanto de ello; sin embargo, me llené de alegría cuando me di cuenta de que algo la estaba empujando a salir adelante y era precisamente Víctor, el pequeño hijo de Carla, al cual había adoptado como su querido sobrino y él parecía corresponderle en ese cariño fraternal que sólo un bebé sabía dar."
Creo que ahí algunos podrían haberse perdido un poco, igual, a mi opinión, hubiera sido mejor incluir la escena del coche en el que Iris se confiesa para explicarlo (que, por otra parte, me sentí mal por su traición e igual algunos pensarán que no merecía esa "supuesta" felicidad)

Y, otra parte,

"dijo él, haciendo una mueca que nos hizo reír a ambas, ya que contrastaba demasiado con la seriedad de su traje"

creo que estaría bien explicar porqué llevaba traje.
Nada más, el resto me ha encantado :) Saludos!

Gisela dijo...

Me gustó mucho el final!!! Estuvo muy bien!!! Y el cierre me pareció perfecto, mis felicitaciones a todas, tanto las que formaron parte de esta historia, y las que hicieron este maravilloso final!!! Muy lindo!! y me siento muy feliz de haber participado, fue muy divertido!!! ;)

hada fitipaldi dijo...

Ha quedado muy bien el final, y yo que no me había dado cuenta. Una gran idea la de fusionar. Besos