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viernes, 3 de febrero de 2012

EL DÍA DE SAN VALENTÍN SE ACERCA...

... y otro día muy especial para el club está por llegar... ¿Sabes a qué día me refiero?, espero que así sea, por que de momento no pienso decir nada más, jejeje.

Ahora, me centro de nuevo en el famoso día de "Todos Los Enamorados"... ¿Y qué mejor forma de hacerlo?, pues lógicamente, compartiendo con tod@s vosotr@s este relato escrito por nuestra compi NIKTA.

Ambas esperamos que os guste:

Receta para una tarta: Deseo de San Valentín


San Valentín... — suspiró una vez más apresurando el paso.
Miró por enésima vez el reloj y cruzó el parque todo lo rápido que sus piernas le permitieron.
Alira odiaba ese día en particular, lo odiaba desde que tenía uso de razón o eso creía ella. Mirase donde mirase todo eran caras sonrientes y muestras de afecto, parejas besándose o haciéndose arrumacos. Escenas que, para ella, eran como una esquirla en su corazón, solamente le recordaban que seguía sola. Siempre creía que estaba acostumbrada y que estaba bien como estaba hasta que llegaba ese día. Aquella maldita fecha era como una mancha en su calendario desde el momento en que empezó a tener edad suficiente como para que sus emociones la traicionaran.
Llevaba casi toda su vida sola, desde que sus padres murieron en un accidente de tráfico nadie se había preocupado por ella, ni siquiera entendía el motivo de que ella siguiera viva tras el mortal accidente. Había sido un milagro, por lo que decían, pero Alira sólo recordaba que tras ese fatídico día su vida quedó vacía para siempre. Cada vez que veía una muestra de cariño en los demás era como si se encogiera y en vez calentarle el corazón la dejase fría y perdida.
Había sido objeto de tan pocas muestras de aquellas... y era en días como aquel en los que se acordaba de su precaria situación. A sus treinta años ni siquiera tenía un amigo con derechos, las relaciones y ella parecían condenadas al fracaso, era como si siempre esperase por algo que jamás llegaba. Cruzó la calle deprisa y corriendo una vez dejaron de pasar coches y abrió la puerta de la pastelería. Saludó como de costumbre a las chicas que había tras el mostrador y se adentró por el pasillo.
Cada martes asistía a las clases de cocina a las que su amiga Tamy la había obligado a apuntarse. Llegaba tarde así que entró sin levantar la vista del suelo cruzando la sala como una exhalación, pasando por donde ya estaban el resto de asistentes. Cogió el delantal que colgaba de su gancho, se lo ató saludando atropelladamente en un quedo hilo de voz tratando de disculparse y se situó delante de su mármol. Inspiró una vez consiguió relajarse y el dulce aroma que salía del horno la llevó de vuelta a una extraña visión... oía risas, olor a tarta y veía dos siluetas entrelazadas. La de un hombre situado tras una mujer. Ambos tenían las manos manchadas de harina y él le hacía cosquillas mientras el cuerpo femenino trataba de zafarse.
Lo peor era que esa no era la primera visión que tenía aquel día, no. Ese catorce de Febrero las malditas imágenes que parecían recuerdos se habían empeñado en torturarla hasta la saciedad haciéndola sentir aún más pequeña. Siempre había tenido flashes pero nada como aquello. Era como si ella misma los hubiese vivido pero aquello era imposible y no había manera de poder comprenderlo. Tamy le había dicho en una ocasión que aquello era cosa de su vida anterior, pero ella no creía en nada de toda aquella Santería. Sólo sabía que cada vez que sufría uno de aquellos déjà vu como los llamaba Tamy. El agujero que sentía en su alma se hacía todavía más grande e insoportable, era un dolor insufrible, un vacío y una pena que no conseguía aplacar de ninguna de las maneras. Y esa tarde era el olor de la tarta que iban a preparar la que desencadenaba todo aquello, eso o ella estaba demasiado nerviosa.
—Hoy vamos a preparar una tarta de San Valentín— sonrió Ivory observándolos a todos — Como podéis ver, todos tenéis los ingredientes necesarios sobre vuestra encimera. Así que empezaremos fundiendo el chocolate con la nube de mantequilla. Cuando tengáis ésto sólo hay que añadir el azúcar y las yemas de los huevos.
Alira hizo una mueca de disgusto mirando la muestra que ya estaba sacando la profesora del horno y se maldijo una vez más por haber salido de la cama esa mañana. Mirase donde mirase todo eran corazones, Cupidos y motivos rojos de San Valentín ¿Qué había hecho ella para merecer tal tortura? Miró la espectacular tarta solitaria que Ivory dejó junto a la pizarra junto con la receta y notó como el aire abandonaba sus pulmones. ¿Había algo más patético que cocinar una tarta de San Valentín y comérsela ella sola o quedársela mirando con ojos de cachorro abandonado? Alira creía que no... Era como si de nuevo hubiera retrocedido en el tiempo y estuviese de nuevo en el colegio mientras sus compañeras preparaban entusiasmadas los dulces y tarjetas típicas de ese día. Aún podía recordar como dos de las niñas cogían cada una por una punta, una ristra de corazones y lo  pegaban de un extremo al otro de la clase. Nunca había entendido aquel entusiasmo, ella se lo miraba asqueada hinchando los mofletes mientras en el pupitre seguía tirado un corazón de cartulina roja a medio recortar.
Algún día ya lo entenderás. Eso es porqué aún eres una cría. Cuando te guste algún chico cambiarás de opinión le había dicho una de ellas.
Ella le había dicho que lo dudaba y de hecho aún seguía detestando esa fecha. Era todo tan superficial y comercial... el amor era algo que se mimaba cada día, que se cuida y se entrega a diario. No es una muestra de un único día, era algo que debía vivirse y sentirse salvo que ella creía que aquel sentimiento era sólo una palabra más en el vocabulario porque parecía esquivarla siempre. Empezó a triturar las nueces de Macadamia y las añadió a la mezcla anterior evitando responder a su compañera.
—¿Se puede saber donde te habías metido? Te estuve esperando— la increpó Tamy rallando la peladura de naranja.
—Se me hizo tarde disculpa.
—Podrías haberme cogido el teléfono...
—Si, lo siento.
Tamy negó meneando la cabeza y tras poner los ojos en blanco la dejó en paz. Sabía demasiado bien que cuando Alira estaba así, no había nada que hacer. Sujetó el bol contra su pecho y batió las claras a punto de nieve con una pizca de sal.
Alira trató de tamizar la maicena pero más que hacer lo que se suponía, estaba machacándola entre las manos casi como si amasara una espesa y pegajosa masa de pan que pretendiese atacarla.
—¿Mal día?— aquella voz oscura y profunda hizo estremecer a Alira.
Había algo demasiado conocido en ella, algo familiar... era casi como si se enroscase en su piel acariciándola. Levantó la vista y lo único que consiguió fue toparse con unas manos fuertes y masculinas manchadas con la maicena donde estaban hundidas. Su movimiento era tan fluido y sensual que se humedeció los labios casi sin darse cuenta. Estaba atrapada en el modo en como la amasaba y la dejaba caer dentro de la mezcla. Se pasó las manos por el manchado delantal sintiendo como su piel se calentaba de un modo alarmante. Acabó de alzar la vista por el torso del propietario de aquellas manos que despertaron de nuevo aquella vívida escena y sintió como se le secaba la boca. Cerró los ojos un instante y supo lo que se encontraría...
Unos ojos inquietantemente verdes y brillantes que resaltaban a causa de su tez morena y su pelo negro como las alas de un cuervo. Unas facciones marcadas y viriles acentuadas por una capa de incipiente vello junto a unos labios que se torcían en una sonrisa segura y arrolladora. ¡¿Cómo podía saberlo con esa certeza?! ¡¿Y por qué le seguía resultando conocido si no había visto jamás tan deslumbrante ejemplar?! Alira trató de decir algo pero de su garganta no salió absolutamente nada. Se sintió estúpida allí tratando de balbucear mientras él se acercaba y se situaba tras ella poniendo sus manos enharinadas sobre las suyas.
—Alira, no se trata de asesinar a tu postre. Recuerda que nuestro estado de ánimo se transmite a los alimentos y tratamos de endulzar y seducir a nuestra pareja no ahuyentarla— le guiñó el ojo.
Alira enrojeció de pies a cabeza bajando la vista hacia la aterrorizada mezcla sin dejar de ser consciente del hombre que tenía pegado a su espalda.
—¿Me permites?— le preguntó junto al oído y ella volvió a estremecerse al sentir el calor que desprendía, su olor, su tacto... todo en él la hacía sentir en casa. Su espalda se amoldó al pecho de él y dejo que éste guiase sus manos sobre la maicena.
El corazón se le disparó ¿por qué notaba como si hubiese hecho aquello miles de veces? ¿Por qué era natural que él la tocase de aquel modo tan íntimo? ¿Por qué había algo tan personal en el modo en qué sus pulgares presionaban sus muñecas en una leve caricia firme y dulce, protectora? Ella estaba temblando y no le importaba. Miró de reojo a Tamy que no dejaba de gesticular frenéticamente incitándola a entablar conversación con él. Pero ella seguía incapaz de encontrar su voz, sólo podía sentirlo en cada poro de su ser. Una vez tuvo la mezcla correcta, sonrió dándole las gracias y metió su molde en el horno.
—Ahora, mientras esperáis a que se cueza vuestra tarta podéis ir a tomar algo a la cafetería ¡Ah! Y no olvidéis pedir vuestro deseo— los miró Ivory, uno por uno sin perder la sonrisa.
                —Un deseo pensó Alira...
Era estúpido, pero realmente deseaba a su amor. Lo echaba de menos ¿tenía algún sentido aquello? Quería dejar de sentirse perdida y sola. Quería dejar de ser aquella niña que odiaba la felicidad de los demás que tenían todo lo que le habían arrebatado a ella. Deseaba volver a sentir el amor. Volvió a frotarse las manos de manera nerviosa en el delantal y acabó de limpiar los utensilios. Él seguía ahí, parado junto a la puerta apoyado en el marco mirándola de un modo que la hizo tambalear.
—Dicen, que el amor ni se busca ni se encuentra, sólo aparece cuando lo aceptas porque es cuando estás preparado. Hay quién espera toda la vida por el dueño de su alma, si lo reconoces, no lo dejes escapar— se dirigió a ella Ivory alejándose tras ponerle la mano en el hombro.
Alira suspiró sin entender a qué venía aquello y volvió a fijar sus ojos en los de él. Se ahogaba y el estomago se le encogía al tiempo que su corazón volvía a latir desesperado. Y entonces cayó en la cuenta de algo... la tristeza no estaba, aquel vacío agobiante había desaparecido de un plumazo. Volvió a oír los ecos de los recuerdos en su mente así como más imágenes difusas y sacudió la cabeza apurada. ¿Acaso se estaba volviendo loca?
—Odias este día pero te acabará gustando— murmuró aún sin apartar la vista de ella aquél morenazo.
—¿Nos habíamos visto antes?— ladeó la cabeza siguiéndolo hasta la cafetería.
Él sonrió de modo misterioso y la invitó a sentarse frente a él en una mesa aparte, pidió a una de las chicas y dejó una taza de chocolate frente a Alira que parpadeó azorada ¿cómo sabía que era eso precisamente lo que necesitaba?
—Hay cosas que no tienen una explicación lógica, Alira.
—¿Cómo sabes mi nombre?
—Porque te conozco desde siempre al igual que tú a mí. Llevo mucho tiempo esperando que llegase este día. No estás loca Alira— le puso una mano sobre la suya para impedir que se levantase— Todas esas imágenes, son recuerdos, recuerdos nuestros de vidas pasadas. Cada vez que volvemos a empezar nos reencontramos tratando de no cometer los mismos errores.
Alira negó tratando de poner espacio entre ambos ya que él se había acercado tanto que sus alientos se rozaban en una suave caricia llena de deseos, de promesas...
—La última vez nos hicimos tanto daño que tú dejaste de creer en el amor, sólo era una herida más, un nuevo dolor... trataste de olvidar. Creías que estabas acostumbrada a la soledad, que no le importas lo suficientemente a nadie para quedarse a tu lado. Pero te equivocaste...
Alira miró de nuevo aquel rostro, a ese hombre que tenía delante y que era cuanto había soñado, por muy descabellado que fuese lo que le decía lo sentía como cierto, era como si realmente ambos estuvieran unidos. Había notado la intensa electricidad que se había desprendido de ambos cuando sus manos se tocaron. Además, lo que él le estaba diciendo en ese mismo instante sólo podía saberlo alguien que hubiese compartido su vida con ella. Nada en aquel descabellado día había tenido lógica, todo había ido de mal en peor hasta que él había aparecido en esa clase...
                —¿Por qué hoy?— murmuró sin ser consciente.
                —¿Cuál fue tu deseo de la tarta?— arqueó la ceja de modo travieso.
Todo se derritió en el interior de Alira con ese gesto, lo reconocía, era él... su deseo era él, siempre había sido él y reaparecía justamente hoy, precisamente el día en el que ella había aceptado de nuevo su corazón vulnerable y sediento de calor. Justo el día de San Valentín, el día en qué ambos tiempo atrás habían sellado su amor y puesto fin a la soledad.

Nikta

Ingredientes para Tarta brownie de San Valentín:

·        4 huevos
·        175 gramos de chocolate
·        100 gramos de mantequilla
·        100 gramos de azúcar moreno
·        100 gramos de Maicena
·        1 cucharada de levadura
·        Ralladura de media naranja
·        Una pizca de sal
·        100 gramos de nueces de Macadamia
·        Mantequilla para engrasar el molde

OPCIONAL:

·        Azúcar glass
·        Fideos de chocolate o de colores
·        Cerezas confitadas verdes y rojas

Fundir el chocolate con la mantequilla. Añadir el azúcar y las yemas de huevos. Seguidamente triturar la mitad de las nueces en la batidora, pero sin que queden hechas polvo. Añadirlas a la preparación anterior junto con la ralladura de naranja y el resto de nueces partidas en trozos grandes. Bate las claras a punto de nieve con una pizca de sal y añádelas a la preparación anterior con movimientos envolventes. Tamizar la Maicena, con la levadura e incorporarla poco a poco a la mezcla de chocolate. Engrasar un molde para horno y meter en el horno precalentado a 170º durante unos 20 ó 30 minutos. Estará cocido cuando pinchando con un palillo, no salga mojado. Sacarlo del horno y dejar enfriar sobre rejilla. Decorar a gusto.


¿Os gusta cómo escribe esta fantástica escritora-bloggera?, si es así y quieres saber más cosas de ella y de sus escritos, visita estos enlaces:


5 comentarios :

Déborah F. Muñoz dijo...

Dios, olvidé mandarte el mío, y eso que lo tengo desde hace una semana. En cuanto enchufe ese ordenador te mo envío

Maria O.D. dijo...

¡WOW! ¡que relato! y ¡gracias por la receta, sólo queda hacerla y pedir el deseo! ;)

Nikta dijo...

Gracias chicas, Maria espero que tu deseo se cumpla ;) cruzaremos los deditos.

A ver si os gusta, almenos se hizo con toda la buena voluntad. Besos y gracias Dulce de nuevo por esta iniciativa y por tenernos presentes a todas.

Maristher Messa dijo...

¡¡¡Me ha encantado este relato!!! incluso, me ha puesto la piel de gallina.^^ Te felicito Nikta
Yo todavía no pude escribir el mío, voy a ver si este finde lo hago.
Un beso enorme.

Nikta dijo...

Gracias Maristher eres muy amable ;) me alegra que disfrutaras de él.