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martes, 14 de febrero de 2012

¡AL FIN LLEGÓ SAN VALENTÍN!

¡¡¡Feliz San Valentín a tod@s!, ¿como llevamos este día?, ¿habéis recibido muchos regalos?. Yo poquita cosa, pues la economía en casa no pasa por su mejor momento, pero aún así, vamos a celebrar este gran día a nuestro modo >.<.

Mientras tanto, aquí en el club vamos a celebrarlo publicando un par de relatos basados en esta fecha tan especial. 

El primero de ellos es un relato escrito por nuestra compi Nadia Salamanca, y el segundo (que será publicado esta tarde), lo ha escrito otra socia del club, nuestra queridísima Iris M.

Aquí os dejo el primero de ellos, ¡Que lo disfruten! 





Un San Valentín de Muerte


 Cuida tus pasos, mira tu camino; no sea que te cruces de frente conmigo.





San Valentín, bonita fecha para los humanos. Amor, flores, chocolates y ositos de peluche, son el complemento perfecto de las citas entre las parejas que disfrutan de este día. Quizás una cena romántica a la luz de las velas, un mirador en el cerro con un poco de vino. Pero para mí todas esas cosas son un montón de estupideces.


 Cuando caminas por la tierra recolectando almas, y buscas entre los humanos a cuál de ellos debes matar para seguir viviendo, San Valentín se transforma en una fecha sin sentido. Soy lo que podrían algunos llamar demonio, otros me dicen dios, algunos me denominan santa, pero todos están de acuerdo: cuando mis pasos me llevan a un lugar es que el fin de alguna vida ha llegado. Soy un shinigami.


¿Mi nombre? Sería muy largo para que pudieras pronunciarlo sin antes morir en el intento, pero puedes llamarme Lía.


Contrario a lo que quizás estés pensando, mi aspecto no es como muchos me describen. Para empezar no tengo cuernos, eso déjenselo a Lucifer; mucho menos estoy hecha de puros huesos como algunos humanos han llegado creer. Dime ¡¿Quién podría vivir siendo sólo de huesos?! Bueno, eso nuevamente déjaselo a Lucifer y su magia negra. Yo, pues soy una chica. Sí, tengo el aspecto de una chica de diecisiete años, quizás menos; mi cuerpo es menudito, tanto que quizás podrías pensar que soy sólo huesos; mi piel es clara, al punto de alvina, al igual que mis ojos con leves tonos azules que en realidad se ven blanquecinos; mi rubio cabello es largo y tan liso que me da aspecto de muerto, irónicamente. ¿Y cómo me distingues? No tienes cómo, soy sólo una chica.


 Mis pasos son erráticos, siempre camino sin pensar adónde voy. No sólo soy yo en este mundo, hay muchos otros shinigamis por la tierra, así que si se necesita de uno en alguna parte del mundo, pues siempre habrá uno ahí.


Esta vez mi camino me ha llevado hasta una gran ciudad, una de esas donde las luces encandilas a los turistas y no hay esquina libre de algún tipo de local de comestibles o bebestibles. El bullicio es sorprendente aquí, quizás viéndose acrecentado por el ajetreo normal de una catorce de febrero; la gente camina rápidamente, ya sea porque vuelve de su trabajo a casa o porque su cita lo espera a pocas cuadras, aun así esa premura me trastorna, me cansa.


He llegado aquí con un objetivo fijo: un chico. Él debería haber muerto hace tres años, pero la shinigami que tenía como misión llevarlo al infierno fue castigada por Lucifer. Aquello salvó al chico esa vez, pero ahora conmigo debería pagar en el infierno por sus propias culpas.


Sí. ¿Acaso pensabas que al infierno se va solamente porque has sido malo? Pues no, al infierno van los asesinos, los violadores, ladrones y estafadores, además de obviamente la mayor parte de los abogados. Pero también pasan una estadía en el infierno quienes mueren con culpas en el alma, esto no es a modo de castigo por parte de Lucifer, sino más bien el propio humano se lo busca, es él quien “lo decide”. Pasan unas temporadas en la oscuridad del gélido infierno —Sí amigo, el infierno no está en llamas, más bien es algo así como el polo sur, pero peor, y no sólo porque no hay pingüinos—, y una vez se sienten libres de culpas son enviados al cielo con el corazón limpio y listo para recibir la “paz”.


Si te preguntas qué es de mí, pues he de decirte que yo nunca moriré. Fui humana, es por ello que parezco una chica, pero el castigo de aliarme con Lucifer me trajo sólo una vida de recolectora de almas. Y si no cazo almas simplemente desapareceré, y no de una manera agradable, claro está.


Doy vuelta en una esquina, viendo hacia el interior de un café, las parejas están tomadas de las  manos o conversando alegremente. Ellas tienen un ramo de flores, la mayor parte de las cueles son rosas rojas, una invitación a la cama si me lo preguntas.


Cuando finalmente llego a la plaza donde sé que está él, no me es difícil encontrarlo, cuando busco un alma puedo “olerla” a la distancia.


Él está sentado en una banca,  parece nervioso y mira su móvil cada tanto, seguramente viendo la hora.  No puedo evitar fijarme en su aspecto, es alto, muchísimo más que yo, quizás un metro ochenta; tiene la tez morena, una piel tersa y un cuerpo ancho y varonil; sus ojos son claros, color miel para ser exactos, los más bellos que he visto alguna vez, acentuando el tinte sexy que le dan los labios toscos.


Me acerco hasta él, soy invisible, como lo he sido la mayor parte de mi viaje. No quiero asustarlo, no me gusta hacerlo cuando sé que pronto morirán. No soy un shinigami violento, de aquellos que les fascina la sangre y los accidentes trágicos, no, aquello no es mi estilo. Pero… ¿Cómo matarlo en medio de la calle de otra forma?


Lo rodeó caminando por detrás del banco en el que está sentado. Miró su móvil, él no está viendo la hora, sino más bien un mensaje de texto.


“Sé que debes estar esperando, pero no llegaré, cuando leas esto ya estaré en el infierno” dice con aquel leguaje extraño que tienen los humanos para escribir los mensajes de texto.


Ahora entiendo su nerviosismo y el tiritar de su cuerpo. Él nunca estuvo viendo la hora, él está llorando. Las lágrimas se deslizan por su rostro acarreando todo el dolor que está sintiendo.


No puedo evitarlo, sé que estoy por alimentarme de su alma, pero ¿cómo dejarlo solo en ese momento?


Me materializo sin darme cuenta, apareciendo a su lado. Miro a todos lados para asegurarme que nadie me ha visto, pero no hay gente a nuestro alrededor, estamos solos.


—¿Sabes? —le digo sin pensar. Él se voltea con los ojos bien abiertos y evidentemente asustado— Hoy mi novio me ha dejado plantada ¿te gustaría acompañarme al café de aquella esquina?


Sabía que frente al dolor que estaba sintiendo aquella propuesta no era más que una broma, pero yo no sabía qué más hacer, las cosas del amor no están hechas para un ser como yo.


Sorprendentemente él me sonríe. Es una sonrisa hermosa, por no decir la más bella que he visto, es sincera. Entonces no entiendo por qué este chico tiene que ir al infierno.


—Fue su decisión —le digo—. Y te prometo que luego de unos años pagando culpas irá a un lugar hermoso.


Su expresión se vuelve extraña, como si mis palabras estuvieran fuera de lugar, y quizás lo están, llevo más de doscientos años sin hablar con un humano.


—¿Cómo sabes que irá a un lugar hermoso?


—Porque yo he estado ahí.


Aquello no era una mentira, quizás soy una castigada por Lucifer, pero aquello no significa que no conozca el cielo. Es tan hermoso que sería imposible describirlo para un humano, algo incomprensible para tu mente aun encerrada en el mundo terrenal.


—¿Entonces eres un fantasma? —pregunta él, medio alejándose. Yo niego con la cabeza rápidamente, no quiero espantarlo, sólo quiero darle una muerte placentera— Eso es bueno— agrega él entonces—, uno más en mi vida no sería bueno.


—¿Uno más?


Ahora él niega con la cabeza, levantándose de la banca y estirado su mano hacia mí. Me  quedo mirandolo, confundida por su gesto y dudosa de qué hacer.


—Me invitaste al café. Quiero pasar un buen momento antes de que la policía la encuentre.


Estoy consternada, sabía que mi invitación había sido una locura tomando en cuenta que su novia se había suicidado quizás hacía sólo un par de horas; pero su aceptación era aún más extraña, parecía como si él ya estuviese acostumbrado a que la gente muriese a su alrededor.


Le sonrió, yo también quiero que pase un buen momento antes de morir.


Tomo su mano, es mucho más cálida de lo que pensaba. El vuelve a sonreírme, y yo simplemente comienzo a caminar a su lado sin soltarle la mano.


—¿Cómo te llamas? —le pregunto.


—Cristian —responde él mirándome a los ojos— ¿Y tú?


—Llámame Lía.


Él me mira extrañado, sé que no está nada feliz de que no le dijera mi verdadero nombre, pero no quiero que muera antes de tiempo.


—No me gusta mi nombre —Miento—. Todos me llaman Lía.


Llegamos al fin al café, veo nuevamente a las parejas tomadas de las manos, a las mujeres con sus ramos de rosas que las invitan a la cama y una mesa vacía que parece perfecta para nosotros.


No sentamos, él me sonríe con melancolía, llamando a la camarera con la mano. Una chica caucásica aparece vestida con un traje marrón oscuro y un pequeño delantal crema que le cubre la falda. Ella nos sonríe con aburrimiento, sé que está pensando en su novio que la ha engañado días atrás, puedo leer la mente de los humanos sin esfuerzos.


Es entonces cuando me percato que la mente de Cristian no la puedo leer. Lo miró, él es un chico completamente normal, pero… ¿por qué no puedo leer su mente?


Cristian me mira, su expresión se ve más triste que antes. En ese momento él vuelve levantar su mano, llamando a un hombre que está en el exterior vendiendo rosas blancas por unidad.


—Deme dos—dice Cristian al hombre, quien se apresura a extenderle su ramillete para que él elija. Cristian toma las dos flores, mirándome con una sonrisa en el rostro. Él definitivamente es enigmático—. Esto es por animarme.


Extiende una de las rosas hacia mí, aun con la sonrisa en sus labios. Yo la tomo desconcertada, jamás había recibido un regalo, nunca, ni siendo una humana.


—Tome señorita —le dice entonces a la camarera, quien parece más sorprendida que yo—. No llore más por in imbécil que no se la merece.


“Él lo sabe” pienso. Él también puede leer la mente de la chica.


La camarera sonríe secándose una escueta lágrima, pidiéndonos luego nuestra orden con más alegría que su saludo inicial.


Cuando al fin tengo mi pastel de chocolate al frente no puedo evitar sonreír, hace tanto tiempo que no como algo dulce que creo haber olvidado el sabor; pero a juzgar por la forma de salivar de mi boca no, no lo he olvidado.


—¡Mmmh! —no puedo evitar hacer al sentir el sabor en mi boca.


Él sonido armonioso de la risa de Cristian me saca de mi éxtasis por el chocolate. Él me está mirando con una enorme sonrisa en los labios.


—Parece que llevaras siglos sin comer.


—Sí, hace siglos que no como un bocado.


Cristian se lo toma como una broma y vuelve a reír, pero antes de que yo pueda seguirlo en sus carcajadas una explosión desata el caos en el café.


Los gritos de las parejas vienen de todos lados. Aquello no ha sido una bomba, de eso estoy segura, esto es una explosión oscura. Alguien más viene por Cristian.


Miro frentica hacia todos lados. Cristian es mi presa y no dejaré que nadie la toque antes que yo…


Cristian toma mi mano con fuerza, hemos caído de nuestros asientos. Él me mira preocupado, aquellos ojos miel están asustados… ¿por mí?


—¡Estás bien! —grita por sobre la confusión, ayudándome a levantarme y tirando de mí hacia él para protegerme.


Mi corazón se agita ante el contacto de sus manos, volviéndose aún más violento al momento que mi rostro queda hundido en su pecho. Esta sensación la he sentido antes…


—¿Viktor?— digo confusa. No puede ser, aquello es irrisorio, pero su nombre sale de mis labios sin poder evitarlo.


Sus ojos me miran asustados, es como si hubiese descubierto su secreto…


Las explosiones siguen a nuestro alrededor, la gente está escapando fuera del café, todos corren y gritan menos nosotros, que aún seguimos abrazados como si nada de lo que está pasando a nuestro alrededor fuera real.


La fuerza de la explosión aumenta, aquel poder lo conozco, no podría ser otra que Analía.


 Y como si mis pensamientos fuesen premonitorios el rostro de Analía apareció frente a nosotros sin más.


—¡¿Qué haces aquí Lía?! —Chilló ella con su voz de pito— ¡Este hombre es mi presa, lo he seguido por muchos años como para que tú me lo quites cuando al fin estoy por terminar con él!


Mis ojos pasan de Lía a Cristian, es entonces cuando entiendo a qué se refería él con los fantasmas. Analía lo ha estado siguiendo porque se ha enterado de su muerte mucho antes que yo, y si mi intuición no me falla ella es quien se ha llevado a la chica, la novia de Cristian.


Sé que tengo que dejarla llevárselo, ella lo vio primero, es su presa como lo ha dicho, pero no puedo, simplemente no puedo, no luego de ese abrazo, no cuando parece que al llamarlo Viktor he descubierto algo que me ha estado prohibido.


Me suelto del abrazo de Cristian ansiando volver a estrecharlo, pero si no hago algo ahora, ambos terminaremos muertos.


Analía no es la única que puede hacer explosiones tipo fuegos artificiales, yo también puedo y la ataco sin más. Me apresuro a mirar hacia Cristian, él está asombrado ante mis poderes, pero aun así parece comprender mi señal de escóndete, apresurándose a escapar del lugar.


Grito ante el golpe de un escombro en mi hombro, soy demonio pero no insensible, duele como condenado si te golpean con una piedra. Entonces corro sin pensarlo hasta Analía, no dejaré que ella se me escape, no dejaré que Cristian sea de ella, él es mío y esta vez no me refiero a su alma, es mío, completamente mío.


Salto sin dudarlo al cuello de Analía, es un shinigami, inmortal e inmune a muchas enfermedades, pero jamás a que le retuerza el pescuezo, y así lo hago, haciendo tronar sus huesos en un ruido sordo y desgarrador. Un leve suspiro escapa de ella luego de que el terror se borrar de sus ojos, estaba muerta en menos de un par de segundo, estaba muerta cuando creía que lograría matarme.


La euforia aun esta en mi cuerpo, Analía tiene el poder de miles de alma de las que se ha alimentado sin dejar en el infierno o el cielo, ella estaba contradiciendo las ordenes de Lucifer, ella estaba asegurándose el poder de las almas para sí misma.


El polvo que ha causado la explosión de la shinigami comienza a disiparse, el café no es más lo que era, ya no hay parejas tomadas de las manos, ya no hay mujeres con rosas rojas que invitan a la cama, ya no están mis pasteles de chocolate sobre la mesa que compartíamos con Cristian, pero él aún está ahí, parado cerca de la polvareda, mirando hacia mí con temor en los ojos.


—¡Lía! —lo escucho gritar al tiempo que corre hasta mí aun con esa mirada temerosa.


Me siento pesada, todas estas almas que están ilegalmente aun atadas a este mundo pesan, tengo que dejarlas en el cielo y el infierno antes de que…


Siento mi cuerpo caer, el peso de las almas es demasiado para mí. Mis ojos se cierran sin que yo pueda evitarlo y lo último que logro ver es el rostro preocupado de Cristian, sus ojos color miel mirando directo a los míos y luego la oscuridad…


* * *


Cuando abro mis blanquecinos ojos nuevamente sé que él está cerca, puedo sentirlo: Viktor.


Busco su presencia en todos lados, sé que es él aunque suene imposible. Aquel ángel había sido desterrado hacía un siglo ya del cielo, por mi culpa, por mí… por amarme.


—Estás despierta pequeña —Es su voz, lo sé, jamás la olvidaría.


Él está aquí, pero no es él. Los ojos de Cristian me miran desde el costado de la cama en la que estoy recostada, pero hay un brillo en él, algo mágico, algo perfecto.


—¿Viktor? —digo finalmente.


Él asiente con la cabeza con una enrome sonrisa en sus labios. Es él, aunque todo me decía que aquello no podía ser real, lo era.


—¿Pero cómo? —pregunto con lágrimas surgiendo de mis ojos, los mismos que se habían sellado al dolor cuando lo perdí.


Nosotros, Shinigami y Ángel, estuvimos enamorados hace ya un siglo, pero yo aún tenía deudas con Lucifer y él, Viktor, no tenía permitido amar y desear a alguien, fuese humana, shinigami u otro ángel.


Tratamos de esconderlo de nosotros mismos, frenar lo que sentíamos cada vez que nos veíamos al yo ir a entregar las almas del día, pero nos fue imposible, y Lucifer nos descubrió. Él quería matarme, acabar conmigo por mi traición, pero Viktor ofreció afrontar todas las culpas y fue así como terminó desterrado del cielo. Por mi culpa.


—Fui desterrado Lía, no asesinado —respondió él usando la misma ironía que me caracteriza a mí en mi contra—. He vivido como humano desde entonces, renaciendo una y otra vez, siempre distinto, pero siempre recordándote en algún momento.


—¿Pero entonces porque estabas con la otra chica? —Sí, lo sé, soy celosa, pero cuando amas a un ángel como Viktor es imposible no serlo.


—Ella, sólo era una compañera de trabajo, una más de las personas que Lucifer se llevó de mi lado como castigo por desearte.


—¿Y por qué no me reconociste?


—Porque aún no te recordaba, lo hice cuando me llamaste por mi nombre.


Me lancé abrazarlo, llevábamos un siglo sin poder vernos, sin poder tocarnos, no perdería mi tiempo más.


—¿Por qué Lucifer no ha venido por mí? —le pregunté sin soltarlo de mi agarré.


—Porque las almas de Lía pagaron tu deuda, eran almas que llevaban siglos buscando.


—Entonces yo soy…


—Libre, sí, de las ordene de Lucifer sí, pero no de ser un shinigami.


Aquello no importaba, yo era un shinigami y él un desterrado, yo vagaría eternamente por este mundo y él renacería eternamente. Nos encontraríamos una y otra vez en este mundo, de eso estoy segura, y sé que siempre seré capaz de reconocerlo, dónde sea y quien sea.


Sentí sus labios besar mi cuello, mi piel se erizó ante el contacto. Quería sentirlo más cerca, besarlo en los labios, y así lo hice.


El roce de nuestros labios era perfecto, mejor que lo que había perdido años atrás, había añoranza, deseo y pasión. Todo hasta que él se alejó de mí…


—¿No te importa verme morir una y otra vez?


Lo pensé un momento, aquella sería nuestra realidad ahora…


—No —respondí sin dudarlo—. Será doloroso, pero podré soportarlo sabiendo que volveremos a encontrarnos en algún momento. Y quién sabe, quizás algún día logre pagar mis deudas y ser libre de la vida de shinigami. Además, siendo así, tendremos muchos San Valentín que celebrar.


Una sonrisa se dibujó en sus labios, la que siempre consideré perfecta. Sí, hab´rian muchos San Valentín por celebrar.



FIN


¿Que os ha parecido?, ¿precioso verdad?. Pues si quieren saber más sobre esta autora y sobres sus obras, os recomiendo que visiten su ficha de socia:

24. NADIA

Decirles que, de todas sus novelas, la más destacada es su historia "Patrulleros de la Noche":


Nota: Si quieres hacerte con un ejemplar de este libro en formato digital, no te pierdas el evento que pronto se organizará en el club para celebrar un día muy especial... Y hasta aquí puedo contar >.<

7 comentarios :

Maristher Messa dijo...

¡¡¡ME HA ENCANTADO!!! que decir que me lo he leído en el trabajo, corriendo el riesgo de que me descubrieran. Jajaja ¡Felicidades a la escritora!

Alison MacGregor dijo...

Feliz San Valentín a ti también Dulce :)
La historia ahora no tengo mucho tiempo de leerla, pero dentro de un rato me hago un hueco y la leo ^^
Un besoooo :P

*Withney* dijo...

wow!
visitare su ficha maldita sea, porque la chica es muy buena y me encanta! jaja todo el realto me mantuvo comiendome las uñas y encantada por todo lo que pudo escribir. Me hizo meterme tanto en los personajes que he terminado llorando de la emocion, jaja estoy feliiz!
que lindo relato, no cabe duda que todas aqui son increiiblemente talentosa!
un bso a todas en el rincon, y feliz dia del cariño!
att
withhney
soul-littlecorner.blogspot.com

Citu dijo...

Muy buena historia te mando un beso y a provecho para desearte un lindo día del amor y amistad

Mari dijo...

Hola guapísima

El relato esta fantástico, me ha encantado.

Feliz San Valentin guapa.

Besos

RaeCJ dijo...

Precioso relato, muy intenso.
Feliz día a todas. Besos.

Gelly dijo...

Eso le da otro sentido a 'san valentín' para mi es más un día comercial, este relato me gusto de principio a fin! muy buena :)